Por montera
Mariló Montero
Se nos sigue helando la sangre
La vida nos sorprende con cursos exprés en Geología. Cáspita. Los geólogos desembarcan en los informativos. Y eso es positivo, que diría Rajoy. Sobre todo porque roban minutos a los insufribles politólogos, que son una plaga, peores para las tertulias que el picudo rojo para las palmeras. Y lo de rojo ha sido escrito sin segundas. Más insufribles que los politólogos solo están los vaticanistas, que son al tiempo de cónclave lo que los economistas a los períodos de recesión: predicen a la perfección... el pasado. Como estamos empeñados en ser positivos, en no recrearnos sin necesidad en las desgracias y en no abusar, por supuesto, del adjetivo histórico, saludamos con entusiasmo que se hable de Geología y que se invite a los verdaderos expertos en la materia. La fuerza de la naturaleza obliga a llamar a los que saben. Y ahora son los geólogos como en tiempos del volcán. ¿O se nos ha olvidado aquella erupción en esta lista de desgracias que parece interminable? En Andalucía hemos sufrido la listeria, la pandemia, el virus del Nilo, un coletazo de la dana de Valencia, incendios forestales de varios días, la tragedia de los trenes y ahora una sucesión de borrascas que nos retrotrae a los titulares de hace setenta años. Súmenle las catástrofes ocurridas en España y concluirán que no descartamos una suerte de maldición sin fecha de caducidad, pero con el nombre y el apellido que todos tenemos en mente. Por eso, a falta del sol, tenemos que buscar destellos positivos. Oír a los geólogos da gusto, sobre todo ahora que se nos viene encima la tortura de las elecciones aragonesas con las interpretaciones sobre el voto en Huesca, Zaragoza y Teruel. Usted no es nadie si no sabe nada sobre las razones por las que se guían los oscenses ante la urna en unos comicios autonómicos adelantados. Más vale que el lunes no tome café con ningún compañero de trabajo. O mantenga un prudente silencio. Siempre puede celebrar el desembarco de los geólogos. Y desear que sigan presentes en el debate público con ese tono divulgativo que se agradece tanto en el contexto de activistas de la derecha, de la izquierda y de lo que sabrá Dios que hay más allá, que ya se sabe que el más allá genera dudas y alimenta debates. En la bella y blanca Grazalema se oyen ruidos. La tierra ruge. El hombre primitivo interpretaría que los dioses se han enfurecido por algún motivo. Entonces llamaban al druida o al gurú. Hoy son los politólogos. Pero por algunos días suenan más los geólogos.
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