De las 700 calles de Cádiz, menos de un 7% tienen nombre de mujer. De ellas, la mayoría pertenece a advocaciones religiosas (vírgenes y santas). Sólo un 1%, es decir, prácticamente nada, se corresponde con mujeres cuya trayectoria personal y profesional han contribuido al progreso de la sociedad. El dato es demoledor e insultante. No es cuestión de hablar de una sociedad patriarcal ni del peso de las mujeres en la sociedad actual, es refrendar que hay un desequilibrio intolerable y que bien haría el Ayuntamiento en mantener la línea que ha iniciado de renombrar algunas calles con nombres propios femeninos. Cádiz ha visto parir a mujeres de tronío que no tienen huella en el callejero. Ha llegado el momento de darle un lavado de imagen y que, más allá de la Memoria Histórica, se vea que la capital gaditana aspira a convertirse también en capital de la igualdad.

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