La esquina del Gordo

La realidad no existe

Tantas posverdades se han contado del 11M que ninguna ha servido para aclarar lo que ocurrió

Un reciente experimento de Física Cuántica acaba de demostrar que la naturaleza misma de la realidad no es objetiva, sino que depende de quién esté mirando.

Pese a la aparente novedad, modestamente y a la vista de lo que ocurre, he llegado a pensar que los recuerdos siempre son subjetivos y que esa subjetividad es consecuencia de que la persona medianamente inteligente no se repite a sí misma, sino que al ir evolucionando va sufriendo una transformación inexorable, imperceptible cuando se procede de forma natural, o forzada cuando se llega a ella para alcanzar alguna meta bastarda, algún desprecio merecido, alguna revancha pendiente. La memoria, pues, es un conjunto de recuerdos, subjetivos siempre; por tanto cabe la posibilidad de que una y otro adolezcan de verdades objetivas y que dependa, como se ha dicho siempre, del cristal con que se mire y, por supuesto, de quien lo mire. La Física Cuántica parece que también va por esos derroteros.

Estamos ante unas Elecciones Generales donde, como casi siempre, se esperan coaliciones y colisiones en cadena por efecto del pluripartidismo o realidades inexistentes. Usted dirá que la política siempre se viene asentando sobre suelos resbaladizos incluso cuando las ideologías servían de coartadas. Bien, se admite, pero cuando ya se ha demostrado que los hechos son independientes del observador, lo que sucede no deja de ser una realidad subjetiva y, como poco, falsa o errónea. De ahí a que los antagonismos cortoplacistas impidan perpetuarse en el tiempo y que las relaciones se agrien hasta los límites que hoy soportamos.

De momento, y pese al CIS, el hundimiento de Sánchez puede apuntar el final del cuento de la buena pipa. Tan es así que hasta los de su propio bando -subjetivamente- lo tienen en cuarentena y duden de si este figurín represente al socialismo. ¿Pero y si ganara? ¡Ah, entonces! De momento ninguno de los partidos de la oposición debiera cantar victoria. Zapatero también estaba en la agonía antes del 14 de marzo de 2004 cuando el PP de Aznar le daba paso a Rajoy y una euforia relativa lo invadía hasta 48 horas antes de la cita en las urnas. Pero ¡amaneció el 11M! Recuérdelo, todo dio un vuelco: unos moritos con chilaba, sin más recursos que unos calzoncillos de repuesto, fueron capaces de organizar el mayor atentado terrorista de todos los tiempos, un milagro de sincronía y oportunidad, ¡pum!, y aquí paz y después paraíso con huríes, y si te vi no me acuerdo. O sea, lo que usted diga, maestro.

Desde aquel marzo de 2004 se han contado tantas versiones, tantas posverdades que ninguna ha servido para aclarar lo que realmente ocurrió y no por incompetencia de los investigadores, sino por el silencio impuesto por si alguna vez se tuviera que recurrir a hechos similares si se temiera perder la inexistente realidad. ¿Me explico?

Dentro de tres días empezará oficialmente la Campaña Electoral a pesar de que llevamos más de tres años con los pulsos acelerados por si algo cambia, que a lo peor ni eso, y terminaremos consolados, como siempre, porque la realidad no existe.

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