Es mentira…

29 de mayo 2025 - 03:04

Te piden que aportes lo que puedas para Unicef, para… y la mayoría de las veces, el que puede se va con las manos vacías. Pero no solo con las manos vacías, sino también con el estribillo del ciudadano o ciudadana, con el pretexto de que “eso se lo lleva cualquiera y nunca llega al sitio que usted me indica”. Ocurre todos los días. Y, sin embargo, hay ciudadanos/as que no cejan en seguir pidiendo para colaborar quitando hambre en cualquier parte por muy lejana que sea. Por supuesto que habrá sinvergüenzas que se queden con las limosnas que la gente entregue a fin de paliar las miserias, pero no tiene más remedio que ser una excepción. La realidad es que las aportaciones que damos a distintas organizaciones benéficas cumplen una labor admirable.

Lo último que he oído me ha puesto los nervios de punta. Resulta que un padre allá en el centro de África determinó coger a su hijo y, atravesando el desierto del Sáhara, llegó a Marruecos, y desde allí saltaría a España a través del Estrecho. Pues… a mitad del desierto, se le acabaron las dos botellas de agua que llevaba y entonces, ni corto ni perezoso, se cortó la vena de un brazo y se la dio a su hijo para que la bebiera… El hombre murió y el niño se salvó. Es dramático, ejemplar y divino. Dios se lo habrá llevado a lo mejor al Cielo al pobre hombre.

Ya otra vez escribí un artículo sobre las huchas. La hucha que en un establecimiento se pone en el mostrador para que la gente eche en ella los céntimos que sobran en la cuenta de su compra. Pues, desgraciadamente he clamado en el desierto. De cien tiendas a las que he pedido, noventa, ni puto caso. Y siempre con la cantinela de que “sí hombre para que se lo lleve el listo de turno”. Mí no comprender esa obstinación en no aceptar esta pequeña contribución.

Cuando te sientes en la butaca de tu casa, tras haber comido un pollo con patatas, tomado una cerveza tostada o sin tostar, pan y de postre una ensalada de melocotón con fresas… duérmete hijo mío y échate una buena siesta. Sueña con los angelitos y fúmate un puro así de grande. Sueña con los angelitos, cierra los ojos y disfruta de esa casa, ese sillón, esa compañía, esa tranquilidad que Dios te ha dado. Y si del fondo de tu corazón brota una minúscula compasión por y para para esos millones que viven miserablemente… en el Cielo estará escrito tu nombre.

Acostumbraba a venirme un chaval y me pedía, aceptaba y le daba, hasta que un día me informaron que se drogaba. Al día siguiente, cuando vino por la mesnada le di un kilo de arroz que previamente yo había adquirido para estos casos. Cogió el arroz en sus manos y mirándome fijamente me dijo: “Tejero te debía de haber dado dos tiros”, y me reboleó el arroz. Es un caso accidental y esporádico, pero viene a cuento. Que una cosa es lo cercano que tu solucionas con un bocadillo de jamón, una sandía o un kilo de arroz y otra los menesteres y hambrunas de miles de criaturas por allá y por acá.

P/D. Hazme caso, arma mía, piensa un poco en el tema y no me desprecies el kilo de arroz, sino que eches tus céntimos sobrantes en la hucha de la tienda donde compras las verduras o el pan.

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