Joseph el del Vapor

05 de febrero 2026 - 07:00

¿Cómo representaría la célebre Tía Norica con sus títeres este final tan dramático? ¿Qué letra escribiría hoy el gran Paco Alba, al ver cómo las cuadernas de ese barquito que fue tan pinturero no pueden sostener siquiera el paso del tiempo?

Nunca le faltaron los besos de las olas del mar, como decía aquel pasodoble de Los hombres del Mar del citado autor. Incluso el nuevo paseo fluvial, donde se situaba, le hizo un hueco.

Le hizo un hueco a modo de coliseo romano. ¡Ave Puerto, el Vapor que va a morir te saluda! Como sentencia de muerte; el propio pasodoble a su lado. Para que todo aquel pudiera imaginar que no hubo otro ni más blanquito ni más bonito en “toíto” el muelle de Cai. Aquel que roneó y presumió sobre las aguas plateadas y azules.

Vio agonizando cómo recuperaron su imagen, como el que saca en color aquella foto antigua de un abuelo. Pero se hizo todo lo contrario. Aquella luz que desprendía cuando surcaba la bahía se vio representada en el óxido de unos hierros que coronan la glorieta de entrada a nuestro Puerto desde Cádiz.

Vio de lejos cómo su patrón, Pepe el del Vapor, se hizo inmortal gracias al bronce del portuense Pantoja, en la avenida de la Bajamar, junto al muelle de San Ignacio, de donde zarpaba para surcar la bahía gaditana.

Los más románticos del lugar dicen que aún, a las nueve de la mañana, resuenan esas tres pitadas en el cielo portuense. Esas tres pitadas que anunciaban que la tradición más representativa de nuestro Puerto navegaba por el Guadalete y la bahía en busca del muelle gaditano.

Ha querido el destino que, en época de carnavales, se despidiera de nosotros para siempre, como si quisiese que incluso tuviésemos más ganas de cantarle su letra.

El Vaporcito se ha despedido para siempre de nosotros. Una despedida que llega tarde y mal. Muchos fueron los esfuerzos por recuperarlo por parte de la asociación que lleva su nombre, y muchos también los inconvenientes.

La misma naturaleza nos lo ha arrebatado. Esa misma de la que nacieron el roble y el pino gallego con los que fue realizado.

Nos acordaremos siempre de este invierno tan lluvioso que se lo llevó para siempre. Nos acordaremos siempre de esta borrasca. La borrasca que no aguantó más las condiciones en las que veía nuestro vapor. Una tormenta con el nombre de su capitán. Todo cobra sentido: se lo llevó Joseph, el del Vapor.

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