El parqué
Rotación hacia rezagados
“despuésdel partido del Natiglorioso frente al doblemente victorioso Albacete, ahí es nada eliminar a un campeón como el blanco, vuelve la decepción a la masa amarilla. La gorda, la mía, la tuya, la del descenso y las del pasado año”.
Así empezaba la croniquilla del veinte del cercano enero un servidor. Reescribo lo ya expresado porque como todo está igual, podría valerme el articulo susodicho; pero mi vergüenza torera me obliga a garrapatear en el ordenata sobre la paupérrima actuación de nuestro indigente Cádiz C. F.
Yo, que sinceramente nunca sufro ante la página en blanco, cosa que le sucede a algunos escritores, se me atasca la mano al intentar crear algo que llevarle al occipucio amarillo de la fiel afición, aunque me habría gustado que el partidazo contra el necesitado Huesca, hubiera sido digno de loa. Mas no. Imposible. Ni un premio nobel de literatura sería capaz de escribir nada sobre el mamarracho que soportamos mientras servidor se relamía con un bombón helado en el butacón del saloncete muy tranquilamente. Sólo alguien que jamás hubiese presenciado un partido de fútbol habría pensado que estos amarillos estaban hace muy poco mandando en la clasificación de la tortuosa segunda división de un país con muchos boletos ya comprados para ganar el mundial que está ahí a la vuelta de esquina.
Ahora bien, toda moneda tiene dos caras, la buena y la mala. Pues bien, gracias al partidazo de nuestro Cadi, siempre querido, a pesar de todo, me tocó la buena. Quiero expresar que estuve tranquilísimo durante todo el bodrio. Nunca he estado más sereno como espectador de un match de la bola. Ni salté en el salón, ni chillé fuera de juego, ni árbitro…, ni linié, pasa por la consulta de un buen oculista… Ni dejé de cenar. Nada. Me llamó mi primo Enrique, que es más del Cai que una camiseta de Kiko, soltando sierpes por la boca y se quedó muerto cuando me observó templado, calmoso, porque desde los primeros minutos de comenzar la pendencia ya me di cuenta exacta de que aquello se perdía sin remisión, pues el equipo anda para cambiarlo por un chalé en la Barrosa… Si acaso.
Desde que regaló Recio el caramelo, una bobería insoportable a un oscense… Y pa entro. Y como no somos capaces de colarle un gol ni al mismo Moret, partido finiquitado. Sosiego. Paz absoluta. Vamos a tomar un descafeinado, Mar, le propongo a mi santa, sin dejar de mirar la tontería de partido que tuve que tragarme poque soy fiel a Diario de Cádiz, que si no, pongo el Un, dos, tres de Quico Ibáñez Serrador.
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