Unos concejitos
Unos concejitos
No me las doy de nada. Puede ser que incluso yo sea el peor de todos. Por tanto, querido amigo, haz caso de lo que digo y no de lo que hago, porque ni soy el bueno de la película, ni lo pretendo.
Se trata de vivir con educación y quizás no es la palabra adecuada. Se trata de vivir con unas costumbres tan buenas que hagan más felices a los demás, aunque sean detalles. Pongo ejemplos: vas por la calle cuando sales de tu casa y no dices “buenos días” ni al guardia de la esquina, ni siquiera te dignas decir “muy buenas” al hombre o mujer que están barriendo la calle. Una profesión tan honorable como la que más y que, dale que dale, ellos van calle arriba, calle abajo, limpiando y recogiendo lo que nosotros indolentemente tiramos.
Actuamos como si fuéramos habitantes exclusivos de este planeta llamado Tierra. Tampoco se trata de saludar hasta las estatuas, que parezca que queremos ligar con la señora o señorita con quien te cruzas. Ni mucho ni poco, lo natural. Ahora bien, si la conoces y le dices un piropo al mismo tiempo, no cae mal.
Recuerdo a este respecto aun pueblo a cuya salida el alcalde quiso poner un gran letrero que simplemente decía “adiós”, y la gente lo interpretó malamente, diciendo: “El alcalde quiere quedarse solo (adiós si te vas), y que todo quisque se vaya del pueblo por las buenas”. Parece una tontería , pero ocurrió y hasta tuvieron que quitar el cartelito y cambiarlo por otro que decía “bienvenido”.
No sé si ustedes se han dado cuenta. Vas por la carretera, sobre todo algunas, y ves los arcenes llenos de plásticos, botellas vacías y hasta cristales rotos. Y es que muchos conductores o sus acompañantes, cuando han terminado de tomarse una coca-cola o beberse una botella de agua, tiran el envase por la ventanilla. Y no digamos papeles, que los hay de todas clases y tamaño. Es como si jamás pudiera haber dentro del vehículo algo ya usado. Y da verdadera vergüenza observar, ver, contemplar, mirar, los arcenes hechos una sucesión de objetos que ensucian, un auténtico muladar.
Recuerdo siempre a un amigo, creo recordar que se llamaba Peco, compañero de residencia universitaria cuando estudiábamos juntos. Resulta que viajó nada menos que a Japón y al volver nos contaba cómo era aquello y, entre muchas cosas, nos dijo una costumbre que tenían los japoneses, que consistía en que, cuando fumaban, puesto el cigarro en la boca, encendían la cerilla y al terminar metían en la misma caja de cerillas el trocito de madera restante. Eran de limpios, comentaba, que hasta a eso llegaban los japoneses fumadores.
P/D. Todo esto se puede decir de otra manera, a saber, que los usuarios de los coches son unos puercos, unos maleducados y todo lo que se les diga es poco. Porque, ¿qué trabajo le cuesta guardar lo que sea dentro y al llegar a una gasolinera, restaurante o la propia casa, echar al recipiente de la basura lo que sea?
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