El Alambique
J. García de Romeu
Se cae a pedazos
A veces, la memoria usa su saco roto y mezcla lo aprendido con lo perdido. Y, como en una burbuja pensativa, ahora que en mi tierra hay Carnaval, el carnaval para servidor es divertimento, sonrisa a medio hervir, sigo recordando a pelo, cosas divertidas sobre Don Quijote.
Recuerdo el Buscapié, de Adolfo de Castro y, como muy ocurrente y graciosa, la contrarréplica por parte de Cayetano Alberto de la Barrera y Leirado, inspiradas en textos eruditos de Aureliano Fernández Guerra. O las Dropianas del doctor Thebusem. Creo, estimo, pienso que se lo pasaban bomba gastando bromas a diestro y siniestro, en aquellos tiempos tan distintos de hoy, donde sólo leer era el summum sobre el tiempo.
Cuando Don Quijote se apresta a la descripción de los ejércitos acarnerados en ataque, define a Alifanfarón de la Trapobana, tal furibundo pagano, enamorado de la hija de Pentapolín del Arremangado Brazo, donde Cayetano afirma que llevaba el brazo desnudo para garbear (3ª acepción del diccionario de la Real Academia, robar) con sus manos lo que se pusiese a tiro, y que él señalaba en su criterio a Pedro Franqueza, quien acabó en la cárcel en 1607 y que se agenció cinco pueblos en remate judicial casi de balde, a saber: Berlinches, Corpas, Villamerchán, Benemelic y Villalonga. Y el ser señor de los garamantas, pueblo Libio, etimologiza como garramantas, sustantivo sinónimo de garrama, robar, hurtar y cobrar tributos.
Sin embargo no aclara mucho el señor Fernández Guerra, sobre Alifanfarón al que llama medio moro, matón y enfatuado en vanidades de pergaminos, pero sin matizar que Taprobana puede ser la versión griega de Tamraparni o «Thambapanni» (de color cobre), el nombre descriptivo de uno de los antiguos puertos de Sri Lanka, olé, como el barro rojo de mi pueblo y de Chiclana, la barrosa, de barro rosa. Alí es nombre usual en Arabia y, fanfarrón, igual que en garramantas, afirma que en los manuscritos de aquel tiempo y en autógrafos de Cervantes, una sola ere equivalía casi siempre a dos. Fanfarrón deviene del árabe hispano farfar y este del árabe farfar = inestable, volátil, charlatán. De ahí, proficuamente, también: fanfarrear y fanfarria…
En medio del choque de los ejércitos, Don Quijote efectúa a la inversión de valores del Carnaval según Batjin
¡Para mis barbas —dijo Sancho—, si no hace muy bien Pentapolín, y que le tengo de ayudar en cuanto pudiere!
—En eso harás lo que debes, Sancho —dijo don Quijote—, porque para entrar en batallas semejantes no se requiere ser armado caballero.
Sancho arriba, al nivel de los caballeros, sin estudios, elevado al cargo gobernador aunque tirteafuerado. Por asonancias aferidas, decido que Laurcalco, Señor de la Puente de Plata, al que Aliaga tradujo, como el que lleva corona de oricalco o latón, olvidando los laureles, me atrae por su título de señor de la Puente de Plata, me recuerda a mi villa, el Logar de la Puente, que tiene nombre de Coral.
Cerremos las curiosidades comentadas con la afirmación de Francisco Rico: El cervantismo que se cuece en su propia salsa y se alimenta de sí mismo. Igual que el Carnaval, que los sueños, que la vida.
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