Letras Capitulares
Pablo-Manuel Durio
Bruno García: Gobernar en Cádiz a golpe de críticas
Una de las críticas que más se repite hacia el gobierno de Bruno García es que carece de programa, que ganó las elecciones sin plantear una hoja de ruta concreta de acciones y actuaciones para la ciudad, lo que se traduciría en una gestión a base de bandazos. Críticas que rechaza el gobierno local, asegurando que sí tienen un proyecto a corto y medio plazo para Cádiz, centrado en vivienda, en políticas sociales y en la recuperación de las inversiones para seguir transformando la ciudad y buscar nuevas oportunidades de progreso. Cada lado del arco político, por tanto, ve la realidad a su manera; pero lo que sí parece claro es que el gobierno municipal cae muchas veces en la tentación de ir gobernando o tomando decisiones a base de polémicas. Lo negro deja de ser negro cuando se origina algún revuelo que traspasa los pasillos de San Juan de Dios y alcanza algún espectro de la sociedad.
El último ejemplo lo estamos viviendo con la polémica que se ha originado en torno a las personas sin hogar, donde el equipo de gobierno va tomando decisiones conforme recibe críticas y, desgraciadamente, fallecen personas en la calle en este duro invierno. Ha sido tras la quinta muerte, esta semana, cuando el alcalde ha anunciado que ahora sí se va a implementar un servicio de atención sanitaria a las personas que duermen en la calle; un requerimiento que viene haciendo la oposición desde que es oposición (es decir, prácticamente desde el día siguiente que abandonaron el gobierno, porque parece ser que no se les ocurrió hasta junio de 2023 esta y otras demandas que ahora lanzan con virulencia).
Es decir, con esta demanda de atención sanitaria se ha pasado en tan solo unas pocas semanas primero de no estar prevista a luego anunciar el alcalde que se incluirá en el próximo contrato que se licite para los denominados equipos de calle. Y de ahí, a anunciar el jueves que se va a incluir desde ya esa atención sanitaria, sin esperar al nuevo contrato que está previsto que se adjudique el próximo mes de noviembre.
No es esta la primera ni única ocasión en la que la dirección del gobierno local va cambiando de rumbo en función de las críticas o la polémica que se origina en la ciudad. Esto ha ocurrido también otras veces. Sirva de ejemplo también la política de movilidad, que parece no terminar de definirse con el gobierno actual.
El PP pasó de criticar duramente cualquier estacionamiento de la ciudad que pasara a estar regulado (esto es, pintado de azul, naranja o verde) a no modificar nada desde su llegada en junio de 2023. Es más, se subió al carro de la regulación del aparcamiento habilitando zonas naranjas y verdes prácticamente por toda la ciudad, a lo largo y a lo ancho, donde era demandado y donde no hacía falta. Ni hace, que sigue habiendo calles a diario vacías de coches mientras los aparcamientos cuelgan una vez y otra el letrero rojo de “Completo”. Y de llenar casi todo Cádiz de líneas verdes y naranjas, empezó a dar marcha atrás a esa política, repintando algunas de esas líneas de blanco y anunciando una revisión general de esta regulación que se esperaba para finales del año pasado pero de la que aún no se sabe nada.
Algo similar a esta actuación de hacer una cosa, para luego dar marcha atrás, frenarla y terminar haciendo lo contrario puede decirse que ocurrió en la Avenida de Portugal, donde la primera intención del PP fue paralizar el proyecto de peatonalización en el que venía trabajando el Ayuntamiento, para meses después rectificar y retomarlo.
Todos estos vaivenes en las decisiones de Bruno García parecen responder a una cierta política de escaparate, de buenismo desmesurado. Ese “pescado en blanco” que definía el perfil político del alcalde, en consonancia al de Juanma Moreno al frente de la Junta, llevado al extremo. Una intención no de gobernar para todos, sino de gobernar para contentar a todos, con un excesivo respeto para que los votantes de la oposición cambien su signo político y terminen aplaudiendo al líder local (y provincial) del PP.
Solo así se explican las decisiones que se adoptan, y las que se evitan, en estos más de dos años y medio de gobierno. Hay un excesivo ¿cuidado? ¿miedo? por no molestar a los partidos de la oposición ni a determinados colectivos cuya corriente ideológica o política se conoce desde lejos con las decisiones y acciones a determinar.
Y entonces aparece un alcalde y un equipo que quieren ser ahora los mayores defensores de la escuela pública, a la que dedican una glorieta, apoyan sin mirar el bolsillo para las campañas de escolarización, organizan unas olimpiadas exclusivas (los niños de la concertada no pueden participar ni se les organiza otras olimpiadas), o incrementan un 600% las inversiones para arreglar colegios públicos.
En vivienda pasa tres cuartos de lo mismo. Empezó el gobierno del PP hablando de hacer promociones de viviendas para todo tipo de demandantes; es decir, para quien quiera alquilar y no tenga recursos, para quien quiera comprar a precios más asequibles que los del mercado, para quien quiera empezar de alquiler teniendo una opción de compra… Pero ante las críticas recibidas y el rechazo de la oposición, lo cierto es que por ahora todas las promociones que se anuncian se están destinando al alquiler social.
Y si eso ocurre con las acciones, también hay que reseñar las omisiones. Es decir, decisiones que no se toman para evitar trifulcas. Sirva de ejemplo de esto el nombre del Estadio, que de asegurar el PP que tal y como llegara al gobierno de la ciudad volvería a ponerle Carranza llevan dos años y medio mareando la perdiz para evitar cambiar el nombre (por la que se puede liar) sin tampoco reconocer una rectificación. O el Campo de las Balas, que ha pasado a una especie de limbo desde que se soliviantó temporalmente una serie de colectivos y partidos políticos, sin que avance tramitación alguna respecto a un proyecto que estaba dibujado por los gobiernos anteriores y que ahora, de repente, los gobiernos anteriores rechazan.
En este contexto se dibuja también un alcalde preocupado siempre en compararse con lo anterior para justificar su labor. Así, a la hora de definir los salarios de la propia corporación, el límite que se puso Bruno García fue que el coste total de la Corporación no fuera mayor que el de los dos últimos cuatrienios. Algo similar a lo que está haciendo con la deuda, marcando como línea roja que no supere nunca la que se encontró al llegar en 2023. Y si habla de presupuestos, que ya lleva tres, no lo compara con el del año anterior, sino con el último de Kichi. Siempre el anterior gobierno y la actual oposición en el espejo retrovisor, en el rabillo del ojo.
Así ha decidido Bruno García gestionar la ciudad y tomar las decisiones que tiene que afrontar. Gobernar muchas veces a golpe de crítica o de polémica, ante el que cabe preguntarse si le funcionará esta estrategia, o si le pasará todo lo contrario y terminará pasándole factura entre sus propios votantes. No son pocas las voces de simpatizantes que lamentan que la gestión del PP al frente del Ayuntamiento busque permanentemente el acercamiento a la izquierda y el contentar a los círculos de Adelante o del PSOE en lugar de mantener un criterio acorde a ese pensamiento que, de hecho, le dio la mayoría absoluta en las últimas municipales.
Han pasado ya más de dos años y medio. De hecho, en poco tiempo encarará ya la actividad política una carrera hacia las urnas previstas en 2027; y parece que Cádiz sigue teniendo un alcalde demasiado encorsetado y autolimitado, intentando convencer a unos y otros con sus actuaciones. Y con sus omisiones. ¿Conseguirá ese aparente propósito de contentar a todos?
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