Letras Capitulares
Pablo-Manuel Durio
Bruno García: Gobernar en Cádiz a golpe de críticas
En unos meses cumplo 47. Nací un año después de la promulgación de la Constitución y cuando ya se habían celebrado las elecciones del 79. Los miedos se habían espantado, y ya solo quedaba la ilusión: un nuevo país estaba por construir.
Empezamos a caminar, España y yo, casi en paralelo. Por eso, cuando veo en qué situación está el país, empatizo. Los 50 no son los nuevos 30, por mucho que nos queramos autoengañar. Yo el cansancio me lo noto, sé que no puedo cometer ciertos excesos, necesito más energía para ponerme en marcha, y no dejan de bombardearme con mensajes para que levante pesas y cuide mi microbiota. España, me temo, está en las mismas.
El estirón que dimos como país durante unos años no lo niega nadie. En poco tiempo nos pusimos al nivel -o casi- de otros países europeos que nos llevaban tres décadas de ventaja. Quizás por lo repentino del cambio, nos ha costado creérnoslo. Hasta a los patriotas más encendidos (y quizás, incluso más a ellos) les ha encantado siempre echar pestes de lo nuestro, de lo mal que lo hacemos, de lo mal que vamos.
Eso sí, pese a nuestra tendencia al autosabotaje y nuestro sentimiento de inferioridad, siempre ha habido temas sagrados. Hemos presumido durante años de nuestro sistema sanitario universal, gratuito, moderno. No había quien nos hiciera sombra. El mantra de que teníamos uno de los mejores del mundo se ha repetido hasta que nos hemos cansado de esperar una cita. Se nos ha caído un mito. Lo mismo ha ocurrido, más recientemente, con la red de trenes. De ser punteros, a dudar no solo de su puntualidad, sino hasta de las condiciones de seguridad.
Que sí, que somos muy dados al drama, y pasamos rápido del fanatismo a la decepción. Pero reconozcamos que este país tiene achaques. Que no basta con echar el resto para modernizarnos y luego no tener un mínimo de mantenimiento. Si no queremos perder más músculo, hay que cuidarse. Y siento decir que a mi coetánea no le vale la creatina: aquí solo cuentan las inversiones públicas.
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