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La madrugada de Sant Jordi (y el drac), mientras miles de personas compran libros que jamás van a leer, ya sea por compromiso, por vicio o simplemente por el deseo bibliófilo e irrefrenable de hacerlo, una banda de rock española, andaluza, gaditana, de la Isla, presentaba su último disco, titulado "El pájaro fantasma", en un escenario sumamente especial: el Estadio Arena de México.
Se trata de Saurom, claro. Un grupo que disfruta de una extraña maldición: la de ser más conocido en el extranjero que en su propia tierra. Los músicos patrios desembarcaron el pasado martes en la capital mexicana con un objetivo en mente: disfrutar y triunfar el pasado sábado. "Este es el camino", parece decir en la Dracum Nocte este grupo de folk-rock que le ha cantado al Señor de los Anillos y a Juego de Tronos, a Gustavo Adolfo Bécquer, a Federico García Lorca, al Lazarillo de Tormes o a la Virgen María. Un sendero iniciado hace casi treinta años, que los llevó por toda España, Latinoamérica e incluso EEUU.
No les suenan los Saurom, ¿verdad? Ya les he comentado arriba lo de su maldición. Una banda que ha bebido de los clásicos del rock lo tiene complicado en esta España de la radiofórmula de pago. El mercado de la música eléctrica es pequeño y no regala dádivas. El gran público es soberano, dirán algunos. Un rebaño soberano que oye pero no escucha, que carece de originalidad, que busca en Spotify lo que todos encuentran: la fuerza de la multitud ahorra gastar la gasofa del pensamiento, que está muy cara.
Pues resulta que estos grandes músicos nuestros, peritos en acordes y sentimientos, embaucaron y enamoraron a diez mil almas en el Estadio Arena de México. Una banda española, andaluza, gaditana, de la Isla, congregó con su propia organización a 10K fans que corearon hasta la extenuación todo su setlist. No, no eran los Rolling Stones, ni falta que les hace. Sus nombres han pasado a ser leyenda: Narci Lara, Antonio Ruiz, Raúl Rueda, Miguel Ángel Franco, Santi Carrasco y Joselito Gallardo. Y con ellos su compañeros de equipo de toda la vida, Daniel López y Susana, Javier Rondán, Adriá Romero y mil juglares más que no pudieron cruzar el charco para disfrutar de un concierto maravilloso.
Es la lucha, el sueño, la tenacidad, la constancia, la excelencia, la bondad, la calidad, el perfeccionismo, el estudio, la solidaridad, el insomnio, la obsesión. Todos ellos, componentes de un cóctel maravilloso que ha generado una banda inolvidable, que no pasará la historia por sus fiestas de güisqui y coca, ni por los infinitos cambios en su formación, o por la autocracia sin límite de un líder ególatra. Estamos hablando de Saurom, los juglares de la Isla que fueron a la tierra de Moctezuma a disfrutar, a triunfar y a cantarle canciones de amor a nuestros hermanos del viejo hemisferio. Los mismos que no consiguieron la cesión del palacio de la Diputación Provincial de Cádiz para el rodaje de un videoclip de esos que ven millones de personas en Youtube. Los que jamás recibirán la medalla de la provincia porque son heavys y eso. Chusma de la buena. Mi chusma.
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