El parqué
Ligeros ascensos
En un lugar de la Mancha, donde toda aventura cuece al alma, donde hay hambre, tierras, hidalgos pobres, pecheros, envidias, armas en astillero y desazón, víme hundido tras los barrotes y los muros espesos de la casa de Medrano. Tantas veces toqué la cárcel, la desventura, la orfandad, qué apostado ya en honda prisión, intenté que las ideas bajasen a los pliegos, porque, al menos, esta vez, era lance de amor y no de deudas.
Allí en la honda reflexión de ver lo que entregas a la vida y lo que recibes, intuí por primera vez, la locura, como una fuga de la realidad, casi siempre más cruel y ladina, de lo que pueda uno soñar. Y contar, cuando la memoria espesa hasta en colores, lo que el recuerdo reproduce y cuenta, que basta en la narración del no se salga un punto de la verdad.
Fue una prisión dónde se me atendió bien. De otra forma, porque si me hubiesen detenido como recaudador real se las hubieran visto con las tropas reales. Estaba cansado, la habitación por sótana era fresca, y podía escribir, recado de escribir tuve, mientras se aclaraba la cuestión de la locura de Don Rodrigo y la supuesta infamia cometida por mí al piropear por su belleza y donaire a una dama de la localidad a la salida de la Iglesia, motivo por el cual, ofendidos los alcaldes y regidores tomaron agravio por tal motivo y ser dama de alta alcurnia y prosapia, por lo que vime hundido en la cueva regidora.
Un tío suyo sufrió frío en el cerebro y había enredado la realidad con los sueños, pesadillas y memorias, pasando así el Rubicón de la locura y el entendimiento.
Que las explicaciones tardías que me fueron ofrecidas para que no aumentase mi indignación, hizo que fuese anotando lo que veía y lo que imaginaba. A quien veía con sayo de velarte, calzas de velludo, pantuflos de lo mesmo, o con un vellorí de lo más fino, fui ornando personajes, aderezos y diferencias, entre la verdadera nobleza y quienes querían serlo. El piropo, o la manera de hablar a la alta dama fue el siguiente, "los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza". Renglones de Feliciano de Silva por la claridad de su prosa en tan intrincadas razones. A Don Rodrigo le ocurrió que un gran dolor que tenía en el celebro de una gran frialdad que se le cuajo dentro, según leyenda del cuadro y a Alonso Quijada, quesada o Quijana por algo similar, "y así del poco dormir y del mucho leer se le secó el cerebro de manera, que vino a perder el juicio".
Si la fortuna de Don Rodrigo era tan floreciente, como para ponerme grillos, la de Don Quijote rayaba la pobreza absoluta. Un noble no tomará armas si no lo llama el Rey y un hidalgo loco recorrerá los caminos desfaciendo tuertos y buscando fortuna, ínsulas y gobiernos.
Esto soñaba esta mañana, cuando me rebotó en el sueño, en blanco y negro, el siguiente texto enviado a mi Diario de Cádiz a la atención del director de entonces: Berrido Bibliográfico. Ni Cervantes es Cervantes, ni el Quijote es el Quijote, Un paseo por las páginas de la inmortal obra. Prólogo, proemio, prefacio, introducción, prospecto, ó más claro: opúsculo precursor de una edición (sin notas) del verdadero Don Quijote de la Mancha con el testo ( sic) genuino de su autor, hallado por un pretendiente á la de Argamasilla. -Precio, 3 reales. -Santander, 1868 ; imprenta de la Gaceta del Comercio, Plaza Vieja; librería de Fabián Hernández , Plaza Vieja. -(48 páginas).
La simpar locura de escribir, atacar, borrar, bajo la presión de la vanidad, el egoísmo y el autoenvanecimiento más consagrado no faltó nunca.
Me quedo reflexionando como Cervantes en la cueva de Medrano, con recado de escribir y mi memoria, y homenajeo a Doña Pilar Serrano de Menchén, ilustre cervantista, presidente de la de Argamasilla, y poeta con mi amor a unos hechos por los que nunca sobran las palabras. Piel y versos.
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