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Palabra de Pedro Sánchez

La bancada socialista nos vende ahora una milonga XXL del nuevo tipo penal recién sacado de los calzones: el enriquecimiento ilícito

Mientras el bobo de Messi imita al dilophosaurus burlándose de la condena a la otrora peronista Cristina Fernández de Kirchner y las lágrimas de silicio recorren el rostro perfeccionado de Cristiano Ronaldo tras ser eliminado, el Mundial que no veo encumbra a la selección de Marruecos y tapa las vergüenzas de una actualidad triste y preocupante.

La invasión de Ucrania sigue igual, ávida de matanzas, deserciones y denuncias públicas que no sirven de nada. Es curioso, Vladimir Putin ha desaparecido del foco mediático: quizás sea futbolero. Mientras tanto, Joe Biden intercambia a un peligroso magnate del tráfico internacional de armas por una famosa jugadora de baloncesto (despreciada en la televisión de Putin por "negra, lesbiana y drogadicta"), pero abandona a un marine americano que cumple prisión en la madre Rusia por espionaje.

Por otro lado, en Perú y Alemania se han sofocado cutres golpes de Estado que no tienen tal consideración para Juan Carlos Monedero, inquilino perpetuo de esa realidad paralela que es la tergiversación interesada. Dice el abogado del golpista peruano Castillo que su cliente leyó un discurso sedicioso bajo los efectos de una sustancia extraña. Una excusa pobre. ¿Cuál será la de la socialista griega Eva Kaili, vicepresidenta del Parlamento Europeo? Tras un registro policial en su casa en Bruselas, han aparecido bolsas de billetes, dinero presuntamente cobrado por ella y algunos asesores de eurodiputados para influir en sus decisiones respecto del mundial de Qatar, que los pedantes llaman Catar.

El que tiene que catar es este Gobierno nuestro. Uno desconoce ya si Pedro Sánchez es tan débil que incita a la lástima, o tan sinvergüenza que ha decidido traspasar todos los límites. Nunca se le conoció a Sánchez tal amor por mantener la palabra dada; en este caso a ERC. Tiene que respetar los pactos de gobierno para evitar que se le rompa el amor antes de tiempo, de tanto usarlo.

En medio de todos estos tejemanejes, Pedro Sánchez está de gira por el mundo, lo que le evita tener que ofrecer respuesta a los desmanes y sinsentidos que estamos viendo estos últimos días en el Congreso de los Diputados. No contentos con la erradicación de esa sedición que imposibilitaría un nuevo referendo secesionista, los Rufianes piden ahora acabar con el delito de malversación de caudales públicos, violando al sentido del Derecho Penal como si fueran una manada de delincuentes tatuados. Es decir, lo que hacemos ya no es malversación, sino otra cosa. Mucho menor, más liviana, que nos sirva para sacar a nuestros Junqueras y Jordis del talego. Y para seguir viviendo del cuento independentista un poco más, añado yo.

Por aquello de aplacar a Page, Vara, Lambán y demás barandas autonómicos más "españoles" que su presidente, la bancada socialista nos vende ahora una milonga XXL del nuevo tipo penal recién sacado de los calzones: el enriquecimiento ilícito. Justo ese delito que no puede tener el carácter retroactivo necesario para castigar a cuantos sinvergüenzas se han lucrado desmedida e ilícitamente con la política desde el año 78 para acá.

Todo ello al margen de que el gobierno se orina en todo lo alto de Montesquieu, con su peligrosa maniobra para la renovación de los magistrados del Tribunal Constitucional, cambiando las mayorías y amenazando con penas de prisión a los vocales (conservadores) que le ofrezcan resistencia, como un Nicolás Maduro cualquiera.

Lo único que tengo claro es que Sánchez acabará clavando su daga en la espalda de podemistas, esquerristas y de quien sea, porque es su naturaleza intrínseca. Sólo está esperando la "res opportuna", que decían los latinos. El momento idóneo, que no es otro que el que le convenga a él (no va a ser el que necesite España, claro está). Probablemente, en la final del Mundial, ¿cuando Argentina le gane a Francia? O cuando le convenga electoralmente. Palabra de Pedro Sánchez. Te alabamos, Señor.

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