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Confirman las noticias que España es uno de los países más preocupados por todo lo que atañe al cambio climático.
Una parte de la comunidad científica asume que estos cambios se han dado siempre, incluso antes de la aparición del hombre. Confirman que son inevitables e imparables. Basta ver un buen libro de geografía y compararlo con otros textos del mundo antiguo para comprobar los desplazamientos de continentes, las tierras que emergen o las que quedan sumergidas. Otra parte de la comunidad científica asume que la intervención del hombre sobre el planeta es determinante y que, por desgracia, acelera su destrucción.
Sea cual sea la creencia, está lo evidente. Las noticias que nos demuestran deshielos polares, documentales de fondos marinos llenos de basura, o de ciudades tan contaminadas que algunos ciudadanos optan por llevar mascarillas.
¿Qué hacer? ¿Qué podemos hacer desde los lugares donde vivimos? ¿A quién recurrir en esta sociedad que, a veces, parece no querer entender?
Pondríamos en primer lugar la toma de conciencia. Valorar a los grupos protectores del planeta. Aquellos que cuidan porque no desaparezcan las ballenas, no se sobreexplote la captura de atunes, ni carretera ninguna carretera atraviese el Parque de Doñana.
Después, concretar sobre qué hacer en el entorno cercano. En mi último artículo un portuense concienciaba sobre la suciedad del Guadalete. Una amiga consultó a alguien con competencias. Le aclaró que ese lugar era responsabilidad de Costas. Preocupada me informó. No sé si al competente consultado, se le ocurrió en algún momento levantar el auricular y reclamar, solicitar o incluso suplicar a tal entidad la limpieza inmediata del lugar. Porque como es de imaginar, el río transportará esos plásticos, latas y envases a nuestras playas y a la Bahía.
A los grupos que, ante el cambio climático, organizan manifestaciones con estudiantes, a los grupos ecologistas locales, les pregunto ¿sirve para algo preocuparnos o protestar sin hacer nada más? Existen verbos maravillosos: sembrar, proteger, prevenir, planificar, actuar.
Ojalá complementemos esos derechos legítimos a la queja, por acciones más eficaces, como organizar la limpieza del río. Recordemos: “La naturaleza es imprescindible para nosotros, pero nosotros no somos imprescindibles para la naturaleza”.
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