La esquina del Gordo

La Historia: madre y madrastra

Políticos al cuarto de hora o, ya puestos, para un cuarto de hora, por eso hay tantos sin historia que la criba del tiempo va dejando en la cuneta aunque pataleen a la primera oportunidad que se les ofrezca

Desde siempre se ha definido como una disciplina que estudia y expone, de acuerdo con determinados principios y métodos, los hechos que pertenecen al tiempo pasado y que constituyen el desarrollo de la humanidad desde sus orígenes hasta el momento presente. Abundando en ello también se interpreta como el conjunto de unos acontecimientos, particularmente vividos por una persona o por los miembros de un pueblo, de una nación, de unas civilizaciones. No obstante, para que estas definiciones puedan alcanzar dimensión de Historia -con mayúsculas-, han de cumplir un requisito: que lo acontecido tenga peso suficiente deje una huella para condicionar el presente y, sobre todo, el futuro; si no es así no pasa de ser miscelánea. 

Hoy se nota más, pero la Historia con mayúscula, siempre ha sido subjetiva, en el mejor de los casos interpretada libremente aunque presidida por la honestidad y el rigor. Ahí están como ejemplo Américo Castro-Sánchez Albornoz-Menéndez Pidal y otros estudiosos que abordaron el origen de lo hispano. Pero todo dentro del campo de lo intelectual, sin mezcla de partidismo alguno. En la actualidad hasta lo más transcendental lo han convertido en misceláneas, acertijos, chismorreos y los hechos, ocurridos o no, adquieren ese carácter porque pueden ser interpretados libremente a medida de intereses particulares, que es lo que viene ocurriendo; quiero decir desde el momento en que el historiador puede ser un mindundi con memoria relativa en función del sueldo que perciba y al servicio de la ideología que le pague.

No hace mucho leí las declaraciones de un exconcejal, nefasto mientras estuvo en activo, testigo casual -e inoperante- de acontecimientos controvertidos. Su único objetivo en la entrevista solo pasaba por ponerse personalmente a salvo, sin la humildad necesaria de pedir perdón por sus clamorosas meteduras de pata -pasa con todos-, basándose en interpretaciones falsas amañadas por él mismo; es decir: pretendiendo hacer historia a su imagen e intereses. Lo que decía más arriba. 

Es duro admitir que la verdad de muchos ex y sus únicos méritos se resuman en tres palabras: 'pasaba por allí', y ahora se crean con derecho a ser condecorados o reconocidos por los 'servicios prestados' y seguir viviendo del cuento, que para eso están las puertas giratorias.

Vaya subiendo escalones y verá cómo la tesis que expongo al principio, la del rigor histórico, se ha convertido en una pamema para defenderse de los ataques de los contrarios, inmunizarse contra las falsas creencias sobre las ideologías  regeneradoras, sobre las verdades 'al cuarto de hora', que como usted sabe, era el nombre que se le daba en los restaurantes económicos a las sopas hecha con los sobrantes. En Madrid, las de arroz, los lunes, consistían en lo que quedaba de las paellas de los domingos, incluidas la sobras de los platos.

Políticos al cuarto de hora o, ya puestos, para un cuarto de hora, por eso hay tantos sin historia que la criba del tiempo va dejando en la cuneta aunque pataleen a la primera oportunidad que se les ofrezca.En fin, que no todas las historias son Historia.

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