España, 2024

No como el Presidente Sánchez, que surgió desde el escalafón más bajo de la sociedad y ha llegado hasta donde quería, a la jefatura de Estado de la Tercera República Española. O lo que queda de ella

Muchos lo dijeron pero no convencieron a la mayoría de los votantes porque, claro está, los que lo advirtieron eran jueces y los jueces son casta, élite y fascismo redivivo. Privilegiados de alta alcurnia. No como el Presidente Sánchez, que surgió desde el escalafón más bajo de la sociedad y ha llegado hasta donde quería, a la jefatura de Estado de la Tercera República Española. O lo que queda de ella.

Tras limpiar las instituciones, adecuar el Consejo General del Poder Judicial a la legalidad urbanística y articular el Tribunal Constitucional conforme a sus intereses partidistas, los pactos con los independentistas empezaron a dar resultado, sobre todo desde que se produjo la ruptura radical entre Núñez Feijóo e Isabel Díaz Ayuso, que cismó al Partido Popular e hizo que el PSOE obtuviera una mayoría absoluta. El camino estaba ya libre y expedito, asfaltado además por el miedo de la gente, decidida ya a centrarse en el pan televisivo y el circo futbolístico para no pensar demasiado en nada. Con tener luz, agua, Netflix y llegar a fin de mes, nos sobra, decían. Mejor malo conocido, que bueno por conocer, sopesaban.

Y así sucedió todo, cascadas de periodistas no afines perdieron sus empleos o fueron relevados a la sección de actualización del Teletexto, el Lawfare contra los juristas tomó suma importancia y los molestos jueces y fiscales fueron trasladados forzosamente a pequeños partidos judiciales donde policías y cacos toman café en la misma tasca. La Familia Real no fue difícil de remover, tan sólo hubo que agitar el avispero mediático un poco y partieron con rapidez a Lisboa, movimiento que fue entendido por el profesor Pérez Royo como una abdicación implícita y la renuncia de Felipe VI y su heredera a todos los derechos monárquicos.

Tras eso, sólo quedaba el referéndum, y tardó poco en prepararse con una simple pregunta que admitía el tuteo: "¿Deseas que España se convierta en una república democrática de la que puedan autodeterminarse sus regiones por la mera voluntad de sus gobernantes autonómicos?". La consulta planteaba tres respuestas: a) Sí. b) Sí, especialmente si se trata de Cataluña. c) Todas las demás son verdaderas. Dada la relevancia del asunto, que afectaba a la Constitución, se exigió el voto obligatorio de todos los españoles mayores de catorce años, que además debía ser público y no secreto, porque ¿qué tenían que ocultar? España se convirtió en una República socialdemócrata, feminista, inclusiva y de libre adscripción regionalista.

Tras eso, en un gesto de cordura sin precedentes, Sánchez decidió abandonar la presidencia del Gobierno: había que homologarse a los países más relevantes de la UE y Sudamérica, en los que la bicefalia política estaba mal vista. O Jefe del Estado o nada. Tampoco era cuestión de abusar. Su primera medida fue subir los impuestos a las grandes fortunas, aunque luego se determinara por Real Decreto Ley que las grandes fortunas eran sólo las PYMES y los autónomos, muchos de los cuales se fugaron a toda pastilla desde el puerto de Valencia con dirección a Francia, perseguidos por los cobradores del frac público.

Tras la ilegalización de todos los partidos que pertenecieron, pertenecen o pertenecerán a las siglas Podemos, y el encarcelamiento de Pablo Iglesias, Irene Montero, Juan Carlos Monedero y Yolanda Díaz por el nuevo tipo penal del Enriquecimiento ilícito en concurso con el de Fraude al electorado, el país pareció respirar tranquilo, llevado con mano firme a buen puerto por su caudillo progre. Pero, sólo quedaba un pequeño atisbo de duda o preocupación en el antiguo electorado de centro derecha, hoy ya desaparecido: hacía un año que Ayuso había desaparecido de la vida pública. ¿En qué cuneta se encontraría su cuerpo?

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