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La riqueza histórica y cultural de El Puerto siempre ha sido un activo que ha tenido la ciudad a su favor y que en pocas ocasiones se ha sabido, no ya aprovechar como recurso turístico, sino incluso fomentar y darla a conocer para crecimiento personal de los propios portuenses. Ocurre con el patrimonio arquitectónico del casco histórico: muchas casas palacio y edificios monumentales se están viniendo abajo sin que haya iniciativas para rescatarlos del abandono. Sucede también con la mayoría de las grandes personalidades y artistas que ha dado El Puerto a lo largo de su historia, desconocidos por la población, algo que no se entendería en otros países ni en otras ciudades que han sabido dar su lugar y organizar certámenes y eventos de todo tipo aprovechando la memoria de paisanos o allegados ilustres.
Durante años ha ocurrido igualmente con el yacimiento arqueológico de Doña Blanca y su entorno: necrópolis, cuevas cantera y Sierra de San Cristóbal. No se le ha sabido dar el sitio que le corresponde y ha formado parte de esa extensa lista de “olvidos”, a nivel turístico y cultural pero también educativos, excluido de los programas para que niños y jóvenes conozcan mejor su historia. Las razones de esta dejadez son muchas, algunas involuntarias y otras, seguramente, no tanto. Por el contrario, surgen ahora iniciativas para sacar del ostracismo a la vieja ciudad fenicia del Castillo de Doña Blanca y su entorno. En esta labor está teniendo un papel esencial el catedrático y arqueólogo Diego Ruiz Mata, gran valedor del yacimiento. Ya en una visita en los años 80 a la principal cueva cantera de la Sierra de San Cristóbal con el artista César Manrique, que quedó deslumbrado por el conjunto, el catedrático de la Universidad de Cádiz comenzó a llamar la atención sobre las potencialidades de la zona. Durante años, sus mensajes no se atendieron y Doña Blanca quedó en un cierto olvido.
Ahora, soplan nuevos vientos para el yacimiento arqueológico: ha surgido una asociación para impulsar el proyecto cultural planteado por el catedrático y en breve se creará una fundación con académicos de varios países, universidades y administraciones. Con algunas inversiones, Doña Blanca podría situarse en el mapa de los destinos de obligada visita, por su historia, patrimonio y valores paisajísticos, generando empleo y sinergias incluso en sectores distintos al turismo.
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