El Alambique
J. García de Romeu
Mi amigo Miguel
El día en que ha fallecido otro de los maestros de la radio, Pepe Domingo Castaño, nos dejó también Adriano Corrales por culpa del puto cáncer. Conocí a Adri, rondeño ubicado en Ubrique, hace seis años cuando fui con Narci Lara a Pasión por el Ruido, el programa de heavy metal y rock de Radio Ubrique dirigido por J.D. Avelino, para hablar de Leyenda de Juglares, mi biografía de la banda Saurom. Adri era uno de los cuatro contertulios que intervenían en aquella época. Una persona cercana y cariñosa, inteligente, plena de sentido común y sabio conocedor de todo tipo de música, como demostraba en los textos que plasmaba en su blog de rock.
Compartí con él algún concierto, varios programas y muchas conversaciones telefónicas y de WhatsApp. Cada lunes comentaba mis artículos de opinión, que solía compartir con su hermana y su amiga Rosa porque decía que le gustaban mucho. Aficionado a la guitarra, Adri también se atrevía a cantar. Me enviaba grabaciones y vídeos de temas propios y ajenos, versiones de rock aflamencado, entonadas con sentimiento y, en cierto modo, vergüenza.
Confieso que hace unos meses Avelino me chivó que Adri estaba malito, que le habían encontrado "algo", que es lo que se suele decir cuando no se quiere hablar de que ese algo es malo. Es un proceso subconsciente para erradicar el miedo al sufrimiento y el dolor que supone ese camino sin retorno que suele ser el cáncer, sea del tipo que sea. Me hice el encontradizo y le pregunté cómo estaba, qué tal le iba la vida, y contestó que tenía "algo" pero estaba controlado, era "una cosita", pero se encontraba bien, ingresado pero bien.
En mayo acompañé nuevamente a Lara al programa. Escribí a Adri para vernos, aunque parecía que no iba a poder ser. Sin embargo, cuando llegamos a Ubrique, me pareció verlo por la calle. No podía ser. Pero cuando aparecimos en el estudio de grabación, allí se encontraba Adriano, acompañado por un amigo, y nos fundimos en un gran abrazo. Lo sabía, mi amigo iba a acercarse a vernos. Cuando acabó la emisión, bajamos al bar de siempre a cenar la hamburguesa de siempre, aunque él se tomó un perrito caliente. Hablamos de sus covers acústicos, de cómo se encontraba, de la prometida visita a su querida Ronda, que iba a enseñarnos junto con su esposa. El día que vaya, lo recordaré y lloraré.
En junio le escribí para animarle a que se viniera al concierto de Saurom en el Bahía Sound, pero me contestó que se encontraba sondado. Había sufrido una infección que le había paralizado la quimioterapia. A primeros de agosto, días antes de la actuación, tenía revisión de urología y no era plan de ir en esas condiciones al concierto, me dijo. Sé lo mucho que le gustaría haber podido venir a la Isla a disfrutar de una de sus bandas predilectas, lo mucho que la música le había otorgado la felicidad.
Quiero pensar que la semana pasada leyó mi artículo. Aunque no opinó, lo Ahizo porque se me olvidó enviárselo. Mea culpa. Así que aquí llevas este recuerdo, querido amigo. Te lo mereces.
También te puede interesar
El Alambique
J. García de Romeu
Mi amigo Miguel
Puente de Ureña
Rafael Duarte
Asesino en serie
El parqué
Pocos movimientos
Un niño
Lo último