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El último arte más pop-ular

El Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, que dirige Fernando Francés, reúne en el tiempo tres exposiciones que reflejan el espléndido momento creativo del arte urbano actual.

Sala del Centro de Arte Contemporáneo de Málaga con la obra del creador D*Face.
Bernardo Palomo

17 de septiembre 2015 - 05:00

CENTRO DE ARTE CONTEMPORÁNEO. Málaga.

Con la exposición de Ai Weiwei, ese chino mediático, transgresor, valiente y transmisor de un arte que no tiene fronteras, a las puertas del inicio de una nueva temporada, tres exposiciones se presentan en el Centro de Arte que dirige Fernando Francés con el moderno arte urbano como desarrollo de una realidad artística que quiere, sobre todo, enfatizar la cultura popular y desmitificar un arte demasiado elitista y poco cercano a los intereses de la inmensa mayoría.

El arte urbano es el heredero de aquel pop que en los años cincuenta renovó el universo artístico internacional, con una iconografía diferente, extraída de los elementos que la sociedad patrocinaba, que la prensa y la publicidad hacían inmediatos y que el propio desarrollo de la existencia humana consideraba como suyos por su uso cotidiano. Como ocurrió con el pop art, el arte urbano actual tiene dos centros operativos importantes, el inglés cuya cabeza visible es D*Face y el americano con Shepard Fairey como principal protagonista; los dos comparten escenario en el antiguo Mercado de Mayoristas malagueño, constatando la importancia y trascendencia de una programación que la convierte en absoluto referente en el discurrir expositivo español. Junto a estos gigantes de este tipo de expresión, Fernando Francés comisaría otra exposición paralela a la de los artistas anteriores, Respect, que une los posicionamientos geográfico, generacional, artístico y estético de los dos, con cuatro piezas, dos pinturas de Peter Saul, uno de los padres del pop americano, así como una obra de Kaws y otra de Erik Park, nombres significativos del arte urbano actual; una exposición pequeña en obras pero con gran importancia porque completan, a la par que unifican, posiciones y diluyen espacios diferenciadores, los horizontes de estos dos grandes de la variada plástica urbana como son D*Face y Obey

D*Face es un personaje enigmático; responde, también, al nombre de Dean Stockton, nació en Londres y en la capital londinense ha desarrollado un trabajo que fue creado para levantar polémica y generar la máxima expectación. Heredero absoluto del pop, sus trabajos nos retrotraen a aquella realidad artística que ponía en evidencia la cultura popular y nos acerca a una estética que oscila entre Warhol y Roy Lichtenstein, con los característicos programa iconográficos y formales de éstos. Su obra se nutre de imágenes utilizadas en los cómics, la publicidad y hasta la que se recrea en los billetes de curso legal.

La exposición nos ofrece un recorrido a través de todas las series que viene realizando, desde su pintura mural -su carrera está jalonada de grandes murales por las calles de Londres, Nueva York, Tokio, Los Ángeles, Hawai y hasta de Málaga, ciudad en la que ha pintado, en un edificio de los alrededores de CAC, una gran obra de más de treinta metros, la más grande que ha realizado-, hasta sus conocidas series protagonizadas por iconos culturales modernos, como Marylin Monroe, el Che y, por supuesto, la Reina Isabel II de Inglaterra, cuya imagen se ha convertido en una constante, recreándola con esa particular iconografía suya en la que coloca unas alitas a ambos lados de la cara y, a veces, como macabros retratos cadavéricos.

D*Face realiza un profundo análisis de la sociedad actual, cuestionando su realidad y desfigurando (deface) su desarrollo habitual en un profundo cuestionamiento de su esencia social. Obras que son, ya, clásicas en el transcurso de su carrera, la serie Dog save the queen, en la que nos ofrece la última etapa del recorrido que ha llevado la misma, desde las calles hasta los espacios de un museo como éste de Málaga, las calaveras aladas con las imágenes de Marylin y El Che, retratos de figuras emblemáticas - Jimmy Hendrix o James Dean-, sus series de supuestos cómics, esa gigantesca escultura que reposa su cadavérica osamenta en un rincón del Centro -We've all got then-, el recurrente revólver -Peace is a dirty word-, son algunas de las treinta y tantas piezas que componen una exposición emblemática en el poderoso, juicioso, esclarecedor y atractivo panorama artístico de la ciudad de Málaga.

Junto a la obra de D*Face, Fernando Francés ha conseguido exponer, por primera vez de forma individual en un museo español, la obra de Shepard Fairey, el gran diseñador americano, uno de los artistas más influyentes del mundo.

Si en un vaso de cóctel pusiéramos una pizca de aquel cartelismo social y propagandístico de la Rusia soviética, un pellizquito -no mucho, sin pasarse- de Andy Warhol, algo de la estética de Bob Marley y la reminiscencia del reggae jamaicano, las imágenes del rock psicodélico de los años sesenta, el arte callejero, también, algo de la iconografía hindú y bastante sentido social, todo muy bien acondicionado en un fino dibujo, una clara línea conformadora y un diseño sabio, justo y directo, nos saldrá una gran parte de la producción de Shepard Fairey, este Obey, amigo de D*Face, que revolucionó los espacios políticos con la impactante y determinante campaña electoral del que, con ella, llegó a ser el presidente Barak Obama.

Estamos ante un artista total, modelo indiscutible de lo que es un moderno creador, en cuyo trabajo no interviene una única propuesta. Shepard Fairey nació en Charleston, Carolina del Sur, en 1970. Su producción yuxtapone varias experiencias creativas. Por un lado el diseño, el cartelismo, la producción de camisetas, las imágenes para las carátulas de discos, antiguas portadas, la intervención en las calles con obras de un impacto visual fuera de toda duda -para la ocasión ha intervenido, como hizo D*Face, un gran mural en las inmediaciones del CAC, con una imagen 'Paz y Libertad', que forma parte, ya, del entorno urbano malagueño- y, por supuesto, la participación en la política - el cartel Hope fue el centro integrador de la campaña del actual presidente de los Estados Unidos e imagen conocida mundialmente -. Ellos son algunos de los supuestos creativos que el artista americano lleva a cabo para situarse en los vastos territorios de un arte total donde tiene cabida.

La exposición nos conduce por toda la extensa producción de un Shepard Fairey que es, además, todo un instigador social y un creador de elementos que alcanzan las fibras de los espectadores. Una muestra, como las de Shepard Fairey y Respect, que completa la oferta que Fernando Francés ha conseguido para el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, convirtiéndolo, una vez más, en un espacio donde el arte popular más inmediato se nos muestra en todo su esplendor.

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