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La Zaranda hace desfilar a los que serán malogrados por el Falla

La compañía jerezana presenta 'Futuros difuntos' en el Festival que les vio renacer · La obra pone el gobierno de un manicomio en manos de los recluidos para que creen sus propios ritos y nuevas tiranías

Una escena del montaje que hoy podrá verse en el Falla: Futuros difuntos. Firma La Zaranda.
Pedro Ingelmo / Cádiz

23 de octubre 2009 - 05:00

Hay una compañía teatral que propone lo siguiente, entre otras cosas: unos recluidos -recluidos de cualquier cosa, por cualquier cosa, no locos necesariamente... recluidos- se quedan sin el funcionario que los controla, el gran hermano o gran lo que sea. Gran Funcionario desaparecido, muerto, despedazado. Ya no es. Alguien tendría que venir a cubrir el puesto. Alguna administración o lo que fuera debería enviar algo o a alguien al centro de reclusión para que gobierne a aquellos recluidos que, si bien no importan a nadie, se encuentran en ese lugar. Así funcionan las cosas, ¿no? A uno se le recluye para que alguien le diga lo que tiene que hacer, las pastillas que tiene que tomar y a la hora a la que se tiene que ir a dormir. Básicamente... Pero no es así. Nadie viene. Y ellos transforman su reclusión en el hecho recluido y el hecho recluidor. Al parecer, fuera hay una guerra. Ellos lo saben o no lo saben, según, pero lo que saben es que va a tener que ser que se gobiernen ellos, que creen sus ritos, sus muertos, sus tiranías, sus adoraciones y sus reglas. Futuros difuntos lleva por nombre la transgresión y sería muy complicado que esta propuesta contada de aquella manera no fuera de La Zaranda. ES de La Zaranda. La escenografía de restos de su propia biografía escénica, de búsqueda de lo extravagante no por lo extravagante, sino por lo estético, por la totalidad de un discurso que encaja con una atmósfera... (y aquí sería cuando Paco de la Zaranda diría pero tú qué estás diciendo, chaval). Cuando La Zaranda habla hay palos que dejan de estar en en el sombrajo y otros que se afianzan. El sombrajo da menos sombra, pero es más sólida.

Paco de la Zaranda tiene una falsa aversión a los periodistas. A lo que tiene aversión realmente es a contar su vida una y otra vez, a explicar lo que él y el grupo de sus amigos -Gaspar Campuzano, Eusebio Calonge y Quique Bustos- quieren decir con lo que dicen. "¿Explicar? ¿Explicar? ¿Desde cuándo hay que explicar? Contar, contar y contar", me decía en una comida alocada cuando ensayaban la obra que hoy traen al Falla (22 horas), al Festival que los resucitó hace treinta años, en el momento en que ya pensaban en la rendición con una bandera blanca y pidiéndole al Teatro que no cortara sus cabelleras. Desde entonces el conocido como teatro inestable de la baja Andalucía ha gozado de una estabilidad (el chiste es extremendamente viejo y acaba por aburrir) desconocida en el sector. Diez obras en un cuarto de siglo con un recorrido mundial. No preguntamos a Paco porque mirará con cara de aburrido. No preguntamos a Gaspar porque soltará un chiste sobre la actualidad médica. Eusebio es un torrente de ideas, un proyecto de trasvase que puede anegar los cerebros receptores si no se mira bien el caudal que se puede asumir en destino. Bah, los de La Zaranda son algo muy especial, son cuatro colgados del teatro, cuatro entusiastas que se creen que el arte puede modificar una millonésima parte de mundo. Es verdad que han cambiado una millonésima parte del mundo, pero le comento a Gaspar que no han cambiado el mundo, en todo caso un rato de mundo en una porción de un mundo en concreto. Y Gaspar me contesta con una carcajada a la que sigue una frase sublime que no se puede reproducir porque estar con los de La Zaranda es un festival en otro sentido y no es cuestión de apuntarla en una libreta.

Empezaron hace un año a hacer desfilar a sus malgorados personajes, los que serán malogrados, en Toulouse. Desde esa casilla de salida la obra ha recorrido medio mundo. Quienes la han visto hablan de sus pinceladas goyescas, del Goya sordo, se entiende. Del Goya loco. El Goya loco, suponiendo que ellos tengan que ver con Goya -que ellos no lo han dicho- regresa a la tecnología básica, a los colores base (el color base es el negro). El Goya loco no cree en nada. La Zaranda puede que crea, pero no en un mundo idílico, no en ninguna utopía porque -y ésta es la frase irá en el sumario- "la tecnología no construye ningún mundo, pero sí que pone el final a las utopías". La Zaranda. ¿De verdad se lo van a perder?

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