El genio de Krahe cautiva en una Supersonic llena hasta los topes

El cantautor madrileño presentó su nuevo trabajo, 'Toser y cantar', acompañado de su banda y ante un público que se entregó al artista desde el principio

Javier Krahe, en un momento del concierto que ofreció la noche del jueves en la Sala Supersonic de Cádiz.
Pablo Bernardo Caveda / Cádiz

26 de marzo 2011 - 05:00

Uno no asiste a los conciertos de Javier Krahe, sino que se alista o se embarca en ellos. Nada más lejano al recital del bardo madrileño que el mero espectador que se contenta con contemplar cómo desfilan las canciones sobre el escenario. Krahe te agarra por las solapas del cerebro y te lleva hasta el Himalaya, vuelve a la Plaza 2 de Mayo de Malasaña, viaja en el tiempo hasta la Ítaca de Ulises y continúa con democracias imaginarias y sueños fiscales como un ajado Jonathan Swift de garganta curtida y pulmones castigados.

Escuché entre el público una verdad a medias: "Javier es una leyenda viva". Y efectivamente lo es porque siempre será una referencia obligada para la cultura de este país; pero las leyendas suelen vivir más de su pasado que de su presente, y Krahe sigue destilando el mismo ingenio y la misma grandeza que hace treinta años.

Como muestra, la informe masa de espectadores que se agolpaban frente al escenario de la Sala Supersonic una hora antes de que comenzase el concierto. Si en la Punta de San Felipe el levante musculoso llevaba sillas de un sitio a otro y le sacaba gallinas a la piel, en el interior del local olía a humanidad y entusiasmo, a paredes quejándose por un lleno absoluto compuesto de jóvenes, no tan jóvenes y espectadores de edad provecta.

Javier Krahe se subió al escenario a las once y cuarto de la noche acompañado por un guitarrista, un contrabajo y un saxo para arrancar con un son cubano y continuar con la presentación del tema Conócete a ti mismo, perteneciente a su nuevo trabajo Toser y cantar (18 Chulos, 2010), mofa y escarnio del legendario principio socrático.

A cada canción acompañaba una breve introducción en clave humorística con la que ampliaba el alcance significativo de la composición, recreando inteligentemente las circunstancias que condujeron a su composición o ampliando su sentido humorístico.

La preciosa En la costa suiza (que se llevó la primera ovación de la noche) trató la imposibilidad de una utopía económica basada en la autonomía, y con Antípodas arrancó coros y bufidos de un público que ya se había entregado al cantautor madrileño nada más cruzar la puerta de la sala.

Pero a pesar de su talento para realizar sátiras de las situaciones políticas o económicas, Krahe es sobre todo un genio a la hora de relatar las aventuras amorosas, de tal modo que hacia la media hora de actuación anunció "la zona íntima del concierto", en la que trató su relación con su mujer y las diferentes desventuras amorosas que han llenado su vida (desternillantes El Dos de Mayo y la preciosa Vals del perdón).

Sin embargo, el tema más cautivador de la noche (al menos para mí) fue Como Ulises, una genial recreación de la Odisea de Homero en clave de "humor blanco" y en la que hizo especial hincapié en las relaciones amorosas del de Ítaca ("¡Que te zurzan, Circe!").

Fue, en definitiva, un recital brillante que se acercó a las dos horas y en el que Krahe demostró por qué no necesita ningún instrumento para deleitar a su público. El de Madrid es un tallo pensante que hace arpegios con sus neuronas, que canta con el cerebro y cautiva con su ingenio.

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