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"He visto crecer a los propietarios de esta empresa bodeguera"

francisco Parra. administrativo y embotellador

El portuense Francisco Parra tiene a sus espaldas más de 70 años cotizados a la Seguridad Social Casi toda una vida dedicada a las bodegas del Grupo Caballero

El español con más años cotizados no tiene pensamientos de dejar aún su empleo, ya que en su empresa se siente parte de una gran familia.
Nazaret Doello El Puerto

18 de abril 2016 - 05:01

Francisco Parra, natural de El Puerto de Santa María, es una representación viva de la historia de las bodegas portuenses, ya que entró a formar parte de las bodegas del Grupo Caballero con tan solo 17 años, exactamente el 31 de junio de 1947.

Desde que entonces y hasta la actualidad, en su vida laboral suma alrededor de 70 años cotizado a la edad de 86 años, y sin pensamiento de retirarse por el momento, lo que le convierte en el trabajador con más años de cotización de todo el país.

Para Francisco, el cese de su labor en su puesto de trabajo no existe, así que cuando le llegó el día de su jubilación decidió solo acceder a ésta parcialmente para así continuar trabajando a media jornada.

Obviamente Francisco ya no desempeña las labores para las que entró en 1947, época en la cual en estas bodegas hacía falta mucha mano de obra para el embotellado y la postproducción de los vinos. "Ahora todo está mucho más mecanizado, pero cuando yo entré había mucha gente como yo encargándose del embotellado, del relleno y del embalaje del producto. Hasta se les encargaba producción a las Hermanitas de los Pobres y al Penal para que ayudaran en esta tarea".

Durante todos estos años de trabajo, ha pasado de formar parte de la cadena de embotellado a las oficinas de ordenanzas y finalmente a la administración, donde actualmente se encarga de la facturación de la empresa. Aunque también realiza algún que otro recado para sus compañeros , Francisco es sobre todo el encargado de aportar su experiencia en diferentes ámbitos de la empresa y de regalar alegría y buen humor todos los días.

Por ello y por la picaresca gaditana que corresponde a todos los nacidos en esta tierra, sus propios compañeros le han apodado como El Becario, haciendo alusión a su edad y porque aunque su experiencia le viene gracias a su trabajo, él no deja de aprender en su día a día. Curiosamente su hijo es informático, pero ni Internet ni nada de lo relacionado con el mundo de la informática le atrae, prefiriendo dejarle todo el trabajo con ordenadores a los demás compañeros y dedicarse él a otro tipo de tareas que no requieran de medios tan avanzados.

Debido a su larga trayectoria en el Grupo Caballero, Francisco manifiesta que "he visto crecer a los propietarios de esta empresa bodeguera", aunque a todos todos no, ya que estas bodegas cuentan con seis generaciones de la que Francisco ha conocido al menos dos y muchos de los parientes de esta gran empresa familiar bodeguera.

Asimismo también ha tenido la oportunidad de conocer en persona a muchos de los famosos que han actuado en los spots publicitarios de la casa, como Las Trillizas, Azúcar Moreno, Peret y Paulina Rubio.

Pero a Francisco no solo le une su trabajo a Caballero, ya que en su día a día también está presente su admiración por su empresa y afirma que a la hora del almuerzo siempre acompaña sus comidas con una copa de Fino Pavón. Incluso antes de acostarse se toma su copita de Ponche Caballero, como si fuera su rezo diario.

Todo el que conoce Francisco sabe que su trabajo es su vida, ya que sin tener algo que hacer todos los días su existencia sería muy poco llevadera. Ahora mismo se encuentra viudo y con sus dos hijos mayores, cada uno con sus estudios, que curiosamente no tienen nada que ver con el trabajo de su padre en la bodega, un hecho que era muy corriente en aquella época ya que siempre estos trabajos se mantenían de generación en generación, prolongando así un entorno familiar también dentro del trabajo.

Y así se siente Francisco, formando parte de esta gran familia de trabajadores y lamentando la pérdida del legado bodeguero que tenía la ciudad. "Cuando yo empecé existían en El Puerto trece bodegas en total, quedando ahora solo dos. Además todo el mundo tenía a algún pariente trabajando para las bodegas, ya que esto daba muchos puestos de trabajo", recuerda Francisco, despidiéndose para volver a su trabajo.

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