Temporal en Cádiz: La vida tras el diluvio
La Sierra de Cádiz trata de recomponerse tras unas lluvias históricas que han dejado al aire las costuras de una red viaria deficiente
La mejor noticia estos días ha sido la ausencia de víctimas mortales
Cuando los vecinos del pueblo donde más llueve de España se preocupan por una borrasca es que el asunto es serio. Grazalema ha sido el epicentro de un diluvio de dimensiones casi bíblicas que obligó a desalojar a sus vecinos de sus casas y buscar refugio en la vecina Ronda, de donde aún no se sabe cuándo podrán regresar.
Para comprender la virulencia de la borrasca no hay nada mejor que comparar las cifras. Ahí van algunas: en Grazalema han caído más de 2.000 litros por metro cuadrado en apenas un mes; en Vigo, la media de lluvia es de 1.000 durante todo un año, y ni a eso se llega en Londres, ciudad cuyas calles imaginamos repletas de caballeros con paraguas. A nivel nacional, Grazalema vivió el miércoles 4 de febrero el segundo día más lluvioso jamás registrado. Fuentes de la Aemet indicaron que recibió ese día 577 litros por metro cuadrado, lo que supone un récord histórico para el municipio.
Estamos ante el segundo valor más alto de precipitación nunca registrada en España en 24 horas, solo por detrás de los 772 litros por metro cuadrado que se recogieron en Turís (Valencia) el 29 de octubre de 2024 coincidiendo con la Dana que mató a 237 personas.
Pero la vida tras el diluvio sigue y deja algunas conclusiones. La primera es que en Cádiz la tormenta no se cobró víctimas mortales y esta es la mejor noticia posible. Bien es cierto que la orografía valenciana, con barrancos trístemente célebres ya como el del Poyo, convirtieron sus calles en ríos asesinos, pero no conviene despreciar el valor de las alertas meteorológicas, que en este caso cumplieron su misión y prepararon a una población que las siguió obedientemente.
Un día después de que Leonardo mostrara su cara más fiera, el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, se personó en Grazalema, acompañado por el consejero de Presidencia, Antonio Sanz, y comprobó sobre el terreno la gravedad de la situación. Tras ser informado por los geólogos de los episodios de hidrosismos que se estaban produciendo en el terreno calizo de la Sierra de Cádiz ordenó la evacuación total del pueblo. No hubo dudas. A nadie le tembló el pulso. Los políticos hicieron su trabajo, que es tomar decisiones pensando en el bien común, y los vecinos que aún quedaban –muchos ya habían salido huyendo del pueblo tras una madrugada llena de ruidos provenientes del interior de la montaña– tuvieron un comportamiento ejemplar.
Las infraestructuras
Pero una vez aplacado el temporal, es importante poner el foco en cuestiones que la Sierra lleva muchos años demandando. Hablamos de una comarca donde viven en torno a 135.000 personas y cuyas infraestructuras dejan mucho que desear. El tren de borrascas ha sacado las costuras de unas carreteras que en muchos casos son infames y que han sufrido graves cortes estos días. El paradigma de la situación ha sido Benamahoma, que se cerró al tráfico el martes 3 de febrero y que ha llegado a estar una semana incomunicada. Ahora han vuelto a abrirse las ventanas de paso de dos horas al día, aunque sus vecinos han tenido que soportar situaciones tan complicadas como esperar a una de ellas para llevar a cabo la cremación de uno de sus vecinos en el tanatorio de Villamartín.
Una vieja aspiración
La Diputación anunció el viernes que había movilizado 3,5 millones en solo 10 días tras el temporal para garantizar la seguridad provincial. Pero hará falta mucho más. Y no sólo de Diputación. La Mancomunidad de la Sierra de Cádiz y municipios como Alcalá del Valle llevan tiempo reclamando unánimemente a la Junta de Andalucía el desdoble de la carretera A-384 entre Arcos y Antequera (Málaga), convirtiéndola en autovía. Esta demanda busca mejorar la seguridad vial y reducir los accidentes mortales, pero también potenciar la conexión económica entre ambas provincias, tras años de paralización del proyecto.
El trasunto de la historia es que Grazalema lo ha pasado tan mal, ha recibido tal cantidad de agua —acumula 4.473 litros por metro cuadrado en lo que va de año hidrológico— que ha eclipsado los problemas que han sufrido pueblos más pequeños, como Torre Alháquime, cuyas conexiones han quedado seriamente dañadas. Yeso por no hablar de los cortes en el suministro eléctrico que dejaron a oscuras a miles de vecinos.
El tren de borrascas ha puesto a prueba a vecinos y administraciones. Lo peor ha pasado, pero ahora queda la reconstrucción, no sólo de carreteras, sino de servicios para que la Sierra de Cádiz no se sienta alejada del territorio.
Los pantanos y su desembalse en el Guadalete, la gran amenaza
Todo ese agua que cayó en la Sierra buscaba salida hacia tierras más bajas. La Junta de los Ríos, donde se unen el Guadalete y el Majaceite, se convirtió en la zona cero. El Guadalete recibió el agua sobrante de los pantanos de Bornos y Arcos y subió de nivel tanto que obligó incluso a desalojar barrios de Arcos –incluso una residencia de ancianos–. La pregunta que algunos se hacen es si no habría alguna manera de conectar el pantano de Bornos al de Guadalcacín, que con sus 800 hectómetros cúbicos es el gran gigante de los embalses gaditanos. Ya puestos no sólo para evitar las inundaciones sino para que todo ese agua, un bien preciado en tiempos de sequía, no acabe en el mar.
La construcción del trasvase Guadiaro-Majaceite, una infraestructura hidráulica clave consistente en un túnel de 12 kilómetros que deriva agua desde el río Guadiaro hasta la Garganta de Barrida (afluente del Majaceite), abasteciendo al embalse de Los Hurones, que cuando supera su capacidad desembalsa en Guadalcacín, evita que se pierdan muchos hectómetros de agua. No estaría de más que tras la experiencia de estas semanas se piense en algo parecido para el pantano de Bornos y el de Arcos.
Temas relacionados
No hay comentarios