Las salinas gaditanas también sienten el impacto del tren de borrascas
Los humedales sufren las consecuencias de un alto importe de agua dulce y de los daños estructurales que ha llegado a causar el temporal
Ante, todo esto era campo: miles de hectáreas de cultivos han quedado bajo el agua
Las salinas son la nieve de quienes tocamos mar. Son, también, nuestras minas. Por extraño que parezca, su función entra dentro de la actividad minera. Nuestra actividad minera, pues no hay otra en la provincia. Una circunstancia que hace “que nos pidan papeleos ridículos, como mediciones de ruido o polvo -explican desde Salina San Vicente, en San Fernando–. Por supuesto, cero en ambos casos”.
La categorización supone una desventaja importante a la hora de pedir ayudas, como puede suceder en el actual escenario: las salinas no se pueden acoger a sector primario y hacen frente, sin embargo, a “muchas restricciones, porque se supone que tenemos mucha maquinaria paseando por la salina”, lo que no es el caso de las explotaciones de carácter familiar, pequeñas y artesanales. Estos días, por ejemplo, el ambiente continuo de lluvia y humedad complica el manejo de la sal, que absorbe todo lo que puede, “y cuesta el doble de empaquetar y demás”, comentan.
El agua dulce también puede llegar a afectar al nivel de salinidad del sistema, aunque las salinas aún cuentan con cierto plazo para recuperarse hasta la próxima cosecha: “Depende de cómo se comporte el tiempo después de las lluvias –continúan desde la compañía–. Si hace sol y no llueve, podremos prepararla a tiempo”.
TEMPORAL Y MAREA VIVA
No sólo las salinas, sino toda la costa gaditana ha tenido que hacer frente tanto al desgaste continuo de las lluvias, como al impacto que supuso la borrasca Lorenzo: “Un temporal que coincidió con mareas vivas, produciendo lo que se conoce como marea meteorológica –explica Javier Benavente, director del Parque Natural Bahía de Cádiz–. Aún tenemos que recopilar datos de los mareógrafos para ver la medida exacta, pero se calcula que el nivel habrá subido medio metro por encima de lo esperado en una marea viva que, en coeficiente por encima del 90, es de 3.8 o 3.9 metros”.
Un golpe que, como hemos visto, ha ocurrido por toda la línea de costa y por todas las playas: “En 2010 pudimos ver unas imágenes muy similares, al igual que en 2018 con Emma. Pero todo esto –prosigue Benavente–, entra dentro de lo esperable desde el punto de vista del temporal marino: lo que ha ido muy por encima son las precipitaciones asociadas”.
Una subida tal que las salinas del Parque Natural han tenido que abrir compuertas para desalojar agua: “En otros años, no hay que hacerlo a menudo y ahora, hemos empezado antes –dice Marian, desde San Vicente–. Si no se hubiera hecho, quizás sí se hubieran inundado más zonas. El agua llegó al borde del estero, pero otras veces ha sido peor”. El mayor problema –indican, sin embargo, desde estas salinas isleñas– ha sido estar dos días sin luz, al caer un cable de la red principal. En cualquier caso, aunque siempre hay que "bombear los tajos para ponerlos a punto antes del verano, "este año -admiten- nos va a costar algo más con tanta agua".
En el caso de otros humedales, como la Salina Bartivás, en Chiclana, la situación ha sido más complicada:“Ha entrado tanta agua dulce que las aguas madres pueden verse comprometidas”, señalan. Durante estos días, no sólo han tenido que abrir compuertas para que el agua no llegue a la casa de los que viven en el estero, sino que parte de los muros (que son de fango) se han visto afectados “con lo cual, hay que retirarlos y limpiarlos”. Además, se han dado roturas de compuertas: “Al ser un productor ecológico y artesanal –puntualizan–, tenemos más cantidad de muros y divisiones que una salina industrial, de forma que el hombre pueda trabajar a mano”.
En Bartivás están esperando valoraciones de daños, aunque sobre el sector pesa la peculiaridad de cosechar minerales: “Que la producción de sal encaje como actividad del sector primario –desarrolla Javier Benavente– es una cuestión que se lleva solicitando desde hace tiempo, y se ha impulsado a través de varios proyectos, incluso también desde la UCA. Por ahora, no se ha conseguido, a pesar de que en otros países de nuestro entorno, como Francia y Portugal, es una actividad primaria”.
El también decano de la Facultad de Ciencias del Mar recuerda que el colchón de la marisma natural lo es, en gran medida, gracias a la mano humana: “En el caso de nuestra Bahía, el 80% del entorno está transformado: es una topografía modificada desde hace siglos –continúa Benavente–. Una de las cosas que estamos planteando desde el Parque es que se facilite la labor de los productores acuícolas y salineros. Son sistemas de protección frente a la inundación costera: podemos ver qué sucede sin este tipo de barrera en la barriada del Arrecife, en San Fernando; al estar las salinas cercanas abandonadas, el agua llega con mucha más facilidad”.
Temas relacionados
No hay comentarios