El parqué
Ligeros ascensos
La que una vez fue una masiva fiesta juvenil para despedir la temporada estival parece haber entrado en declive. Poco queda ya de ese evento en el que miles de personas se concentraban en la playa junto al Faro de Trafalgar con la música de tambores y las hogueras. Las consecuencias de la misma, en cuanto a ruidos y suciedad, han provocado las protestas de los vecinos para impedir su celebración y la respuesta de las autoridades para limitarla en lo posible. La 'tamborada' de este año tuvo lugar además tras los incidentes sucedidos el sábado pasado en la zona. Ello, sumado al fuerte dispositivo policial, limitó en gran modo la afluencia de público.
A primera hora de la tarde fue instalado, a ambos lados de la carretera de acceso al faro, un fuerte dispositivo policial con miembros de la Guardia Civil, del Seprona y un vehículo de la Policía local de Barbate. El exhaustivo control de acceso impidió la entrada a la playa de bebidas alcohólicas, así como de vehículos que no fueran de los residentes del lugar. Tampoco se permitió el acceso con instrumentos sonoros, aunque un grupo de jóvenes consiguió burlar el control y acceder con tambores.
Una vez en la playa, fueron encendidas tan solo un par de hogueras que los agentes de la benemérita se encargaron de neutralizar sobre las 3 de la mañana, momento en el que empezaron a instar a los asistentes al abandono del lugar. Muchos de ellos encontrarían multas por haber estacionado sus vehículos pisando el arcén de la carretara. El consumo alcohólico fue reducido gracias al control policial, pero no suprimido, puesto que, una vez superado el control, los asistentes pudieron comprar bebidas tanto en los bares como en un ultramarinos que estuvo abierto hasta las 10 de la noche.
Pasadas las seis de la mañana, los agentes procedieron al desalojo de la playa, y, posteriormente, se dio inicio a la limpieza de la misma. El nivel de basuras acumuladas este año fue, no obstante, muy reducido. De hecho, para su limpieza tan solo acudieron dos trabajadores y el encargado. A las ocho de la mañana fue levantado el dispositivo tras haber sido abortados también algunos intentos de acampar en la playa.
Las asociaciones de vecinos mostraron su agradecimiento a las fuerzas de seguridad por el dispositivo, aunque denuncian la celebración de la tamborada y el ruido provocado por la música y los cohetes que fueron lanzados. Estiman que la prohibición debería haber sido completa.
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