Borrasca Leonardo
Mapa de zonas inundables en Cádiz

Los narcos que no amaban a los ríos (atmosféricos)

La Guardia Civil constata un parón en los alijos en las costas de Cádiz por culpa de la influencia de la borrasca Leonardo

Cocaína: Conexión Cádiz

Narcolancha que ha amanecido este miércoles en la playa del Carmen de Barbate.

A los narcos no les gustan los ríos atmosféricos. Prefieren el Guadalquivir para subir su farlopa colombiana, el Guadalete para surtir de gasofa sus narcolanchas, el Guadarranque para mover su hachís por el Campo de Gibraltar. Las autopistas de humedad les fastidian el negocio. De hecho, en estos últimos días los alijos de droga por el litoral gaditano han bajado a cifras poco veces vistas. “Están más quietecitos, pero estos se activan pronto. En cuanto deje de llover y pare el viento un poco ya están otra vez dale que te pego”, reflexiona en voz alta un agente de la Benemérita destinado a la lucha antidroga en la provincia a quién preguntamos

Hacen falta tipos duros para sobrevivir en una narcolancha. Pero una cosa es pasar semanas al pairo esperando el material que llega en buques nodrizas y otra muy distinta hacerlo en medio de una especie de huracán chico que no entiende las leyes humanas. La sensación en las calles en este miércoles impetuoso era de haber vuelto a la pandemia. Así que los narcos también han parado su actividad.

Normalmente los mercantes que traen la cocaína desde el otro lado del charco se quedan cerca de Marruecos, hasta donde van las narcolanchas. Pero con este río atmosférico emberrechinado hasta los monstruos marinos necesitan buscar refugio. En ocasiones no tienen más remedio que acercarse a la costa y quedar varadas en la playa, que es lo que ha pasado por ejemplo con una de ellas en la playa del Carmen, en Barbate, cuyo puerto fue escenario el 9 de febrero de hace dos años de los dramáticos sucesos que conmocionaron a todo el país cuando dos guardias civiles murieron tras ser arrollada su embarcación junto a la bocana del puerto.

El caso de Barbate no es una excepción. En el Bajo Guadalquivir las gomas también suben el río. Han llegado a verse incluso detrás de la isla de La Cartuja. Lo hecho es que navegan incluso hasta La Algaba, en un ejercicio de valentía digno de salmones noruegos.

El temporal también ha llenado algunas playas de decenas de petacas de gasolina, en un fenómeno que no es nuevo pero que cada vez provoca más daños. Ya no sólo hablamos del asunto del narcotráfico sino de que el petaqueo afecta al medio ambiente. Hablamos de plásticos que no se degradan y contaminan el mar y las especies que en él viven.

Las narcolanchas tienen 14 metros de eslora, cinco toneladas de peso y hasta cuatro motores fueraborda que les convierte en fórmulas uno sobre el mar. Los motores nunca se apagan, siempre están al ralentí. No únicamente por si aparece una patrullera que pueda interceptarlos, sino porque no hay batería capaz de arrancar la máquina una vez que se lleva horas apagada.

Hay narcos que se adaptan espectacularmente al medio marino. Un vecino de La Línea fue detenido el pasado año en las costas de Senegal cuando preparaba un alijo después de estar cuatro meses con la única compañía de las olas, protegido por una pequeña tienda de campaña y unos sacos de dormir. Por lo que se cuenta entre la Guardia Civil, este linense tiene el récord de permanencia en una goma.

De momento, y mientras Leonardo siga descargando su furia sobre toda la provincia, el negocio del narcotráfico está en cuarentena. Y es que ni los clanes más poderosos pueden luchar contra los elementos.

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