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Mapas del tiempo y cambio climático: ¿qué pasa en Cádiz?

El tremendo tren de borrascas que ha golpeado el sur del país y, muy especialmente, a la Sierra de Cádiz ha puesto el foco en la efectividad de los modelos

Grazalema acumula 4.473 litros por metro cuadrado en lo que va de año hidrológico

Mariano Medina, el abuelo de todos los "hombres del tiempo". / D.C.

El tiempo. Esa conversación de ascensor que, de repente, se ha convertido en un tema de catana y palo corto. Algo tan conocido como las isobaras parecen haber mutado del mundo de la física al mundo de las creencias. El último gran episodio meteorológico –ese récord de agua imposible en la Sierra de Grazalema, con todo lo que ha implicado– ha vuelto a poner el tema sobre la mesa camilla social. Muchos señalan a Aemet y su pronostico de invierno seco. La Agencia Estatal de Meteorología también ha dicho –se insiste– que en este invierno frío no ha habido olas de frío. Por no olvidar la alegación más famosa, la de un calentamiento climático sin calor (siguiendo la estela de Trump)

“Hay gente analfabeta científicamente, lo tengo que decir así –señala el ambientólogo y divulgador Andreu Escrivà–. En el instituto, se deja pronto de hablar de ciencia y vivimos el auge de opiniones infundadas: hasta se amenaza de muerte a los climatólogos. Hay que hacer campañas serias para prestigiar la ciencia, no lo que hace el MITECO”, critica.

Hacer una previsión meteorológica –explica– no es “un pronóstico, es una predicción probabilística con incertidumbre y márgenes de confianza. Como no estamos acostumbrados a manejar datos científicos, simplificamos los mensajes. Y lo malo es que esto permea tanto que después podemos tener cosas como lo de Valencia”.

Exactamente, la predicción de la Aemet para este invierno fue que había un 40 % de probabilidad de que fuera más seco de lo normal (y un 25% más húmedo). Realmente, una moneda al aire: al igual que la temperatura, que apostaba por una posibilidad del 60% de que fuera más cálido. En lo que respecta al termómetro, no se han dado olas de frío porque no se han registrado valores anormalmente bajos durante más de tres días seguidos. Este invierno, en el sur, probablemente termine con un carácter normal o sólo algo más frío respecto al histórico: la “amnesia climática” no es una excusa, nos hemos habituado paulatinamente al cambio, y ahora nos parece un señor invierno lo que era una estación convencional.

A la hora de realizar previsiones meteorológicas, hay dos tipos de modelos principales: el determinista (tiene en cuenta un único cálculo basado en el estado actual de la atmósfera) y el probabilista (que incluye multitud de factores). El primero es bueno especialmente a corto plazo y en puntos concretos pero, dada la naturaleza multifactorial de los fenómenos meteorológicos, se suele confiar más en el segundo. Las grandes agencias de meteorología suelen jugar con los dos.

“El modelo determinista es muy preciso a corto plazo, pero muy sensible a pequeños errores –indica Carlos Román, del Departamento de Física Aplicada de la UCA–. El modelo probabilista lo corre muchas veces (30, 50 o más), cambiando ligeramente las condiciones iniciales en cada ocasión. Te da un rango de porcentajes y controla mejor la incertidumbre: si de 50 modelos, 45 te dicen que sí, es algo muy seguro”.

EFECTO MARIPOSA ATMOSFÉRICO

“Aun así –continúa–, las predicciones estacionales no siempre aciertan: ni las de Aemet ni las que hacen en la NOAA. La predicción estacional es un tema muy complejo en el que no solo influye la dinámica atmosférica. En ella influyen las condiciones de los océanos, de la superficie terrestre y muchos otros factores que forman parte del caótico sistema Tierra, que son difíciles de controlar y entre los que existen “teleconexiones” que, aunque se estudian y algunas se conocen, son muchas y a veces caóticas. Es por lo que las predicciones pueden fallar, sobre todo, conforme se dilatan en el tiempo”.

Escrivà destaca la diferencia a nivel territorial: “Es como si un bodeguero quiere llegar a un mismo de vino en Cádiz y en Suiza: pues tendrá que medir y calibrar cosas distintas”.

Los modelos actuales de predicción del tiempo dan una predicción muy fiable a unos días (4-5 días dependiendo de la zona) y, a veces, funcionan más o menos bien hasta 10 días o más. "Aunque siempre hay situaciones difíciles en las que fallan o no aciertan en el punto exacto, por ejemplo, en situaciones convectivas de tormentas", apunta Román.

UN RÍO DE MÉXICO A GRAZALEMA

¿A qué se debe lo de estas semanas? ¿Puede achacarse al cambio climático? A falta de estudios concretos, Román piensa que uno de los factores de este escenario (el calentamiento del océano) podría estar detrás. Otra cuestión –apunta– es la famosa corriente de chorro o jet stream, que está más ondulada de lo normal y que “permite que hayamos tenido vaguadas (asociadas a bajas presiones y mal tiempo) hasta zonas muy al sur”.

En cualquier caso, uno de los responsables de la cortina de lluvia continuada de las últimas semanas ha sido el también famoso “río atmosférico” del Golfo de México: “Una zona que ha tenido durante los meses de diciembre y enero la temperatura superficial del mar más alta que se conoce –señala el físico–, que probablemente haya potenciado la evaporación al otro lado del Atlántico. Debido a la circulación atmosférica concreta, se ha producido este “río atmosférico” que ha estado mandando mucha humedad hasta el sur de la península a través del Atlántico, lo que ha provocado que hayamos tenido un potencial muy alto para formar nubes y mucha lluvia gracias a esta humedad extra”.

“Ya habrá estudios que analicen esta situación concreta –abunda–, pero lo cierto es que el calentamiento marino tiene una fuerza enorme, es como una bomba de relojería, y sabemos que el océano Atlántico está más caliente de lo normal desde hace tiempo, lo que favorece la evaporación de aire cargado de humedad desde el Caribe”.

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