Balance de dos meses de coronavirus en la provincia de Cádiz El huerto de Conil nunca falla

  • Los productos del campo conileño han seguido dando de comer a la provincia durante todo el confinamiento gracias al esfuerzo y la valentía de los 350 agricultores y casi 150 empleados que conforman la Cooperativa de Las Virtudes.

Siempre han estado ahí. Incluso en los peores momentos del estado de alarma causado por el coronavirus, cuando el pánico a pisar la calle atenazaba a la mayoría de los gaditanos, las características cajas azul y verde de la Cooperativa Las Virtudes han continuado llevando sus productos a los supermercados, mayoristas, fruterías y otras tiendas de alimentación. Porque el huerto de Conil jamás falla a su cita, ni en los peores momentos, como tampoco ha fallado nunca la calidad de sus legumbres, hortalizas y frutas.

Esta continuidad en el servicio ha sido posible gracias al esfuerzo, la dedicación y también la valentía de los 350 agricultores en activo y los casi 150 empleados con que cuenta en la actualidad esta cooperativa agrícola. "Pues sí que hemos pasado miedo, mire usted, y aún sigo teniéndolo, sobre todo cuando vengo aquí y tengo que cruzarme con la gente y tengo que tocar algunas cosas. Me entra una cosita por el cuerpo...". Sólo le veo los ojos porque está bien pertrechada tras una mascarilla indudablemente casera, pero María Antonia Amado Benítez da la impresión de tener una larga vida curtida en el campo. Montada en un coche que arrastra un pequeño remolque del que ha descargado ya puerros, patatas, zanahorias y algunas tagarninas, esta agricultora conileña opina que esta primavera ha trabajado más que hace un año.

A unos metros de distancia, en la puerta de la frutería, donde espera su lugar en la cola para poder hacer la compra, otro agricultor, Joaquín Sánchez, no sabe distinguir si está trabajando más que en ejercicios anteriores "porque nuestra vida siempre es la misma, arrancar y sembrar, arrancar y sembrar...", resume. Él lo que ha descargado hoy son acelgas, coles y coliflores que ha venido cultivando en sus terrenos y que formarán parte de la subasta que se celebrará, como todos los días, a primera hora de la tarde. Bueno, como todos los días, no, porque nada más decretarse el estado de alarma e imponerse el confinamiento, la Cooperativa Las Virtudes decidió suspender la subasta en la lonja y fijar un único precip para cada producto acorde con lo que venía marcando el mercado hasta antes del estallido del coronavirus. Y esta medida se ha mantenido casi dos meses, hasta que a principios de este mes de mayo se empezó a recuperar la normalidad.

El indiscutible alma mater de Las Virtudes es Bartolomé Ramírez, que desde hace ya 22 años asume la presidencia de esta cooperativa agrícola que cuenta hoy con unos 500 socios y que desde su creación en febrero de 1963 tanto nombre le ha dado a Conil y a sus productos del campo.

Para entender lo que es Las Virtudes y lo que han tenido que pasar sus rectores en estos dos meses hay que partir de un dato: por estas instalaciones pasan cada día unas 1.500 personas de media, unos para descargar, otros para comprar, otros para trabajar, otros para echar combustible a sus vehículos, etc. Por lo tanto, era de obligado cumplimiento mantener la actividad, porque la tierra no sabe de estados de alarma, pero evitando en la medida de lo posible las aglomeraciones. Y Las Virtudes se puso manos a la obra antes incluso de que se ordenara el confinamiento.

"Aquí hemos tenido miedo, e incluso ha habido algún ataque de ansiedad entre la plantilla. Pero afortunadamente hemos logrado que la gente mantenga la confianza en nuestro producto", resume Bartolomé Ramírez perfectamente pertrechado tras una pantalla de seguridad y con sus guantes correspondientes. A su lado, e igualmente protegido, José Manuel Calderón, vocal de la cooperativa, sentencia: “Se ha actuado con determinación y se ha sabido combatir el miedo con sentido común, trabajo y serenidad; esa ha sido la clave”.

Sabiendo que la suya era una actividad esencial en pleno estado de alarma, Las Virtudes rápidamente mandó a casa a la mitad de su plantilla para fijar así un retén que entraría en servicio si se destapaba algún positivo entre los trabajadores y había que fijar una cuarentena entre el personal en activo. Y se compraron pantallas de seguridad para todos, y se encargaron mascarillas a las costureras de Conil, y no se ahorró nada en desinfección... Y se limitó el acceso a la frutería, y se tiró del whatsapp para que los clientes encargaran sus pedidos en la tienda de fisosanitarios, fijando así los horarios para recoger luego la compra.

Las Virtudes no ha dejado de vender durante estos dos meses de confinamiento pero también es verdad que, por un lado, el cierre de hoteles y restaurantes ha influido negativamente, y, por otro, que los precios han seguido cayendo. La culpa de esto último es de la competencia tan grande que ha habido en el mercado nacional. Al caer las exportaciones internacionales, grandes productores agrícolas como las provincias de Murcia y Almería empezaron más a mirar hacia adentro, hacia España, "y eso nos ha repercutido porque nosotros somos pequeñitos ante esas potencias", explica Bartolomé Ramírez. Y es que esta cooperativa conileña se nutre de los productos que se cultivan en los minifundios repartidos en una extensión aproximada de 400 hectáreas. A cambio, eso sí, Las Virtudes abandera con orgullo su diversificación creciente, con 70 cultivos diferentes cuidados de manera manual.

Si no fuera por tantas mascarillas, desinfectantes y fregonas, se podría decir que la normalidad ha vuelto a la central de manipulación de Las Virtudes, quizás el corazón de la cooperativa. El ruido aquí es intenso y el trabajo no cesa. El tomate es el rey absoluto pero en una esquina de la central Ana Fuentes Sánchez está rodeada de coliflores y acelgas. Ella es encargada de línea y, mientras se limpia los guantes con líquido desinfectante, dice que si todo ha salido bien en Las Virtudes ha sido "porque la plantilla ha hecho todo lo humanamente posible cada día para que esto siguiera adelante". Una plantilla, por cierto, en la que actualmente hay más mujeres que hombres.

Por un lateral de esta nave entra la mercancía recolectada la noche anterior o esta misma mañana en los huertos de los socios, porque aquí no duerme ninguno de estos productos del campo al no haber cámaras frigoríficas. Después viene el proceso de seleccionar el producto, tratarlo y envasarlo antes de introducirlo en los camiones que llevarán el nombre de Conil por media España.

A la espera de que se llene su camión está Paco Muñoz Pérez, un veterano transportista de Conil que cuenta los días para poder jubilarse. Dice que en su larga trayectoria profesional ha vivido muchas cosas pero nada parecido a esta crisis del coronavirus. Eso sí, él prefiere buscar el lado positivo a las cosas "y si conducir por las noches siempre es relajante, estos meses el tráfico ha sido cero", sentencia.

Superado lo peor de la crisis, Las Virtudes quiere potenciar ahora su parte solidaria. El pasado jueves, por ejemplo, la cooperativa donó 5.000 kilos de tomates al Banco de Alimentos y a la Cruz Roja para atender a las familias más vulnerables. "Es nuestra forma de devolverle a la sociedad la confianza que siempre han depositado en nosotros"”, resume con satisfacción Bartolomé Ramírez. ¿Lo ven? El huerto de Conil nunca falla.

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