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Coronavirus Cádiz Cosas que no entiendo de este virus de mierda

  • Si hay algo que se multiplique a mayor velocidad que el covid son los expertos que de todo saben

  • Mientras, hay otros muchos ciudadanos que se debaten en un mar de dudas

Versión de El Principito del artista gaditano Antonio Quintana. Versión de El Principito del artista gaditano Antonio Quintana.

Versión de El Principito del artista gaditano Antonio Quintana.

Aunque no lo crean, hay algo que se multiplica a mayor velocidad que el coronavirus: los expertos. Algún infográfico debería crear un mapita en el que se viera cómo han aumentado los listillos en el planeta. Primero una manchita anaranjada en cualquier lugar, no tiene por qué ser Wuham claro, luego se expande sin control y una vez que llega a España se pone roja como un tomate. Nada gusta más a un español que demostrar una infalibilidad semi apostólica y romana. Así que mientras que el país se llena de sesudos epidemiólogos, virólogos, sociólogos, economistas, sexólogos… yo cada vez encuentro más cosas que no entiendo de este virus de mierda.

Mi primer problema aparece nada más ver a Fernando Simón. No niego yo que el hombre pueda ser una eminencia pero parece hermano del Troi. Es más. En febrero amigos militares ya pedían a sus padres que se fueran a sus campos chiclaneros porque se avecinaba un confinamiento de aúpa mientras que en Cádiz seguíamos de Carnaval.

Hablando de carnavales. No entiendo por qué en Cádiz capital hemos tenido tan pocos casos si nos visitaron decenas de miles de personas de todos los puntos de España. Hace un tiempo leí unas declaraciones del alcalde de Bérgamo, un tal Giorgio Gori, con más nombre de cantante melódico del Festival de San Remo que de político, decir que el Atalanta-Valencia que se jugó en Milán fue una bomba biológica. Y digo yo… ¿Y los Carnavales de Cádiz no? En Venecia se suspendieron los festejos con varios días de antelación, pero aquí los que llevaban mascarillas lo hacían a modo de guasa. Uuuuuhhh… ¡qué susto el coronavirus! Pues ya ves.

Otra cosa que me ha hecho darle muchas vueltas a la cabeza es intentar comprender por qué podía besar a mi mujer pero no ir en un coche con ella. No creo que tras 18 años de casados el hecho de ver ocupado el asiento trasero fuera a despertarnos más la líbido que una cena romántica y una botella de vino, sin mascarillas por supuesto.

La que viene también me tiene en un permanente sin vivir. A ver. Aún estaban cantando los grupos en el Falla cuando una mañana me levanté y me agencié cuatro mascarillas FFP2. Al anunciárselo a mi mujer reaccionó con su pragmatismo habitual. “Eres carajote”. Apenas cuatro horas después, tras un tremebundo telediario, me miró y me dijo: “Guarda bien las mascarillas no vaya a ser…”. Ese no vaya a ser, ese más vale un por si acaso que un quién iba a pensar, ¿no se le ocurrió a ningún gobernante? ¿Nadie dijo: joder la que se está liando en Wuham no? ¿O en Italia? Porque China aún suena al fin del mundo, a caerte al abismo cuando se acaba el mar si eres un terraplanista de categoría, pero ¿nadie pensó en ir comprando unos cuantos millones de mascarillas por si acaso cuando veíamos el virus doblegando al país vecino? ¿En serio George? Aunque claro, el Gobierno decía al principio que mascarillas no, que podían ser contraproducentes, luego las hicieron obligatorias en los transportes públicos y al final aseguran que mejor que las llevemos todos.

El Principito, versión de Antonio Quintana para la serie Virus Art. El Principito, versión de Antonio Quintana para la serie Virus Art.

El Principito, versión de Antonio Quintana para la serie Virus Art.

Sigamos. La playa y la desescalada no es cosa de risa oiga. He visto con pavor cómo había arenales en Italia con más mamparas que una oficina de Hacienda. En Cádiz eso no vale. Salvo que quieran ir a recogerlas a La Caleta cada vez que salte el levante. En Sanxenxo, allá por Galicia, están parcelando las playas. Tres metros cuadrados. Algo así baraja la Junta de Andalucía para nuestro litoral. Juanma Moreno no quiere hacer honor a su nombre y nos quiere racionalizar el sol. Playas a la mitad de aforo, turnos, control de acceso… sólo falta que haya que guardar dos horas de digestión para bañarse. A ver, mis dudas. Si voy a la playa con mi familia, ¿puedo buscar a los colegas o me tengo que tomar las birras con el que me toque en la parcelita de al lado? ¿Antes de entrar nos hacen test rápidos a todos? ¿Si un contagiado asintomático prefiere el océano al baño público para aliviar su agüita amarilla puede contagiar al que pase a su vera nadando a Crol? Venga más preguntas, como si esto fuera la web de cualquier periódico a la caza de cliks. ¿En el mar también habrá boyas para delimitar el baño? ¿Podrá la gente del Betis mezclarse con la del Sevilla en Chipiona? ¿Los lateros tendrán que llevar EPIS? ¿Venderán latas de gel hidroalcohólico? Digo más, si Trump viene a la playa de Cortadura con la Melania y se bebe dos botes de ese gel porque entiende que es la mejor forma de mantener el virus a raya ¿daría positivo en el test de alcoholemia que le harán los guardias civiles cuando pase por la curva de Torregorda con esa cara de breca?

Sigo con mis dudas existenciales. En Cádiz capital hay poco espacio. No hay que ser un lumbreras para saberlo. Pero en tiempos tan excepcionales como este ¿no cabría esperar un poco de ayuda a los hosteleros? ¿Tan necesarios son los ciclistas en nuestro paseo Marítimo, algunos de ellos que se creen que llevan el maillot amarillo del Tour de Francia por cierto, como para evitar que los hosteleros que se juegan sus sustento no puedan poner unas cuantas mesas más? Porque ese espacio tan demandado, ese distanciamiento, va a necesitar la comprensión de todos. Y tiempos excepcionales exigen medidas excepcionales. Y también un poco de solidaridad y de visión de ciudad. O eso, o más nos valdría ir montando ya una fábrica de bicicletas en la Zona Franca.

Otra de las cosas que menos entiendo de este virus de mierda. ¿Hasta cuándo tendré que estar sin darle un abrazo a mi madre por miedo a contagiarla? Viéndonos en la casapuerta, de lejos, casi con cargo de conciencia, sabiendo que es la mejor forma de protegerla de un virus cobarde que además de muerte provoca tristeza hasta en los que están sanos. O asintomáticos, que ya cualquiera sabe.

Tampoco logro entender cómo somos el país con más sanitarios contagiados. Incluso me pregunto quién habrá sido el señor encargado de comprar las mascarillas. No comprendo cómo se pueden entregar millones de mascarillas a sanitarios y a las semanas comprobar que no cumplen con su función. Ni siquiera en una situación de emergencia como la que vivimos.

Y no podemos olvidarnos de los bares. Y de la forma de comer en los bares. Cuando hablan de distanciamiento total ¿quieren decir que las papas aliñás del bar Terraza tienen que alejarse de la cebolla y de la melva? ¿En qué fase de la desescalada podremos ir a un ronqueo de atún en el Timón de Roche, compartir un paté de cabracho de El Faro, beber una cerveza en el Bebo los Vientos sin medir a cuántos centímetros estamos de la mesa de al lado?

Por seguir con el argot. La penúltima. ¿Qué va a pasar con los colegios en septiembre? Los niños no sólo necesitan la escuela para aprender sino para socializar, para crecer en todos los aspectos de la vida. ¿Cómo mantenerlos alejados de sus amigos? Otras cosas que no entiendo: la física, la química, las ciencias naturales en inglés... No las entiendo. Me generan las mismas dudas que el virus asqueroso este. ¿La Consejería de Educación me va a dar una paguita por hacer de maestro a tiempo parcial? Ahí lo dejo.Y por último la peor de mis dudas. ¿Cuándo dejarán de morir personas por este virus de mierda?

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