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Estaban en calle Nueva y Moscatel

La rama jerezana de la banda buscaba pisos francos y objetivos a secuestrar

Imagen del inmueble de la calle Nueva, captada ayer, donde residía parte de la banda de 'El Terror de Vallecas'.
Manuel Moure Jerez

06 de noviembre 2014 - 05:01

Madrugada del pasado 16 de octubre. Área Sur. La campa de aparcamientos es un desierto apenas iluminado por el sistema inteligente de luces que tan sólo brillan cuando perciben movimiento en sus detectores volumétricos. Todo está a oscuras hasta que llegan unos coches camuflados. Los vigilantes de seguridad de la gran superficie se escaman. No es normal. A esas horas. Nadie sale de los coches.

Dan unas vueltas alrededor. De repente comienzan a llegar más coches. Ahora son policiales. Tanto de la Guardia Civil como de la Policía Nacional. Hay algo 'gordo' en marcha. Los vigilantes olvidan sus preocupaciones, se van a vigilar por otra zona porque esa, qué duda cabe, está bien a cubierto.

Los agentes tienen entre ceja y ceja a los colaboradores directos de la red criminal de 'El Terror de Vallecas', un tipo despiadado, capaz de cualquier cosa, con tal de obtener dinero a cambio. "El desprecio por la vida humana es absoluto", certifican a este medio fuentes de la Guardia Civil. Los agentes de la Ley están a punto de asestar un golpe casi letal (el tiempo lo dirá) al grupo que semanas antes había atrapado, secuestrado, torturado y asesinado a un joven en Chiclana. La red, dedicada a robar droga a otros clanes del narcotráfico o secuestrar a quien pudiera pagar un elevado rescate, está asentada en Madrid y en Chiclana, pero gran parte de su operativo se distribuye por Jerez, concretamente en dos zonas populares como la calle Nueva y la barriada de Icovesa, concretamente en la avenida del Amontillado. Desde Jerez se realizan prácticas que son esenciales para que los delitos antes mencionados puedan ser perpetrados.

Los agentes esperaron el momento exacto para ponerse en marcha. Todo estaba perfectamente planificado. En la operación se reúnen agentes de los Grupos Rurales de Seguridad de la Guardia Civil (un servicio que dio sus primeros pasos en la lucha antiterrorista en el País Vasco) y las Unidades de Prevención y Reacción de la Policía Nacional. Caen cinco miembros.

Los registros son simultáneos en Madrid y en otras ciudades de la provincia. Las fuerzas del orden, coordinadas como nunca, tienen la certeza de que en el número 38 de la calle Nueva y en la planta 12 del bloque 2 de la avenida del Amontillado se encuentran cinco personas que se dedican a tareas delictivas tales como facilitar información sobre los narcotraficantes a quienes se les puede arrebatar el importe de sus últimos trabajos, a los que se puede torturar incluso para lograr dicho propósito, encontrar también empresarios a los que secuestrar o poner en funcionamiento pisos francos donde los secuestrados esperarían el pago del rescate o el fin de sus días. A todo ello hay que unir que los miembros de la rama de la trama criminal asentada en Jerez eran los encargados de buscar y acto seguido robar los vehículos necesarios para acometer tan ilícitos fines. Los coches, ni que decir tiene, acababan incendiados. Tal fue el fin de los que fueron sustraídos y utilizados para el trasladado, tortura y asesinato del joven chiclanero.

Aunque parezca norma de obligado cumplimiento, la trama no se portó bien ni en la calle Nueva ni en la avenida del Amontillado, como suele esperarse de alguien que en buena lógica debería pasar lo más desapercibido posible. "Los vecinos de uno y otro lado estaban de ellos hasta los cojones", confirman a este medio fuentes de la operación que no dudan en señalar que "por ejemplo, por la calle Nueva (barrio de Santiago) se pavoneaban haciendo frente a todo el mundo y dejando claro que eran ellos los que mandaban allí". Si se tiene en cuenta que se trata de una de las calles más castizas del barrio de Santiago es fácil imaginar que las quejas subieron de tono ante la llegada de estos extraños.

Los detenidos eran todos de nacionalidad española, gente "bragada" según la Guardia Civil y "extremadamente peligrosa", lo que provocó que se extremaran precauciones. El material simulado de guerra que encontraron dentro de los pisos (donde había hasta chalecos antibalas) demostró a los agentes que tomar precauciones fue lo mejor que hicieron. Con decir que en algunos registros, además de llevarse la puerta por delante con el ariete también echaron abajo buena parte del tabique, se deja clara la fuerza con la que se emplearon los cuerpos de seguridad.

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