Tomando las riendas de sus vidas
asociación hípica de la isla Equinoterapia
Un grupo de jóvenes isleños con diferentes discapacidades recurre a una terapia alternativa con caballos para mejorar tanto su capacidad física como su nivel de autonomía
José Antonio cabalga al paso, sin estribos, apretando con firmeza las riendas. No sólo las de su caballo, sino las de su vida. Por unos instantes de siente independiente, fuerte, capaz de lograr todo aquello que se proponga. A lomos de su poni este niño es, sencillamente, libre. Lo mismo le ocurre a Mario, y a Roberto... un grupo de niños con diferentes discapacidades que acuden todos los sábados a las instalaciones que la Asociación Hípica de La Isla tiene en Camposoto para mejorar sus habilidades, tanto físicas como psíquicas, a través de un programa de equinoterapia puesto en marcha por este colectivo en colaboración con los padres de estos jóvenes.
Relatamos en estas líneas las experiencias de tres niños, si bien representan a todos aquellos que han encontrado el apoyo desinteresado de entidades y asociaciones que, sin ánimo de lucro, prestan sus conocimientos y sus servicios a los que más lo necesitan.
Ramón Montero es el padre de José Luis, un chico con síndrome de Asperger, una variante dentro de los trastornos autísticos que le impide interactuar a nivel social con otras personas. Comenzó esta terapia hace dos años. Al principio montaba a caballo solo para ir familiarizándose con el animal, pero poco a poco fue adaptándose de tal manera que ya no sólo maneja la técnica ecuestre, sino que imparte sus clases con otro grupo de niños sin discapacidad. "Su integración ha sido espectacular", comenta satisfecho su padre. "A críos como el mío les cuesta mucho llegar a las personas, no saben relacionarse, y desde que acude a estas sesiones de equinoterapia es más sociable, charla con sus compañeros, incluso nos cuenta chistes". Sin duda, pequeños gestos que alegran la vida, una vida que va ganando en autonomía. "Por poner un ejemplo, ahora José Luis se viste solo, algo que antes era impensable, por eso estamos orgullosos de él".
Con tan sólo 6 años Mario, el miembro más joven de la Asociación Hípica de La Isla, sabe perfectamente lo que tiene que hacer para no caerse mientras monta a caballo. "Y eso que en casa no tenemos tradición hípica", explica entre risas Agustín Aragón, su padre. Mario pone todo de su parte: empeño, tesón y ganas. Quiere convertirse en un auténtico jinete y para ello no encuentra más obstáculos que los que van apareciendo sobre la tierra baldía que sirve como pista. Ser síndrome de down no supone una barrera para alcanzar la meta que se propone.
"Mario practica natación e hípica, lo que le reporta numerosos beneficios: tonifica sus músculos, adquiere firmeza en las piernas, mejora su equilibrio, camina más erguido... Es más, el fisioterapeuta se sorprendió ante la buena forma física de nuestro hijo y nos aconsejó que continuásemos con sendas prácticas deportivas", argumenta su padre.
No obstante, Mario no sólo ha mejorado en lo que a bienestar físico se refiere. El estar en contacto con los equinos ha despertado en él "una gran pasión por los animales así como un gran sentido del respeto por la naturaleza, por no hablar de cómo ha aumentado su capacidad para exteriorizar sus sentimientos gracias a la interacción constante con sus amigos de hípica".
Por último, el caso de Roberto es realmente excepcional. Un claro ejemplo de que, en ocasiones, la mejor medicina no tiene forma de cápsula. "Mi hijo tiene un nivel de hiperactividad bastante alto, sin embargo, cuando cabalga... ¡se queda dormido!", exclama Roberto Fraga, el padre.
Está comprobado. El trote del caballo funciona como una especie de masaje que estimula los músculos al mismo tiempo que relaja al jinete. Si a esto añadimos un entorno natural de gran riqueza paisajística, "los resultados son inmejorables".
Así pues, cada sábado desde hace ya varios años, Mario, Roberto y José Antonio se reúnen con el resto de sus compañeros, un grupo de jóvenes con edades comprendidas entre los 6 y los 18 años, para hacer lo que más les gusta: trotar libres sin importarles si el amigo que está delante es ciego o si el de detrás es autista. Simplemente disfrutan el momento. Ese espacio de tiempo en el que se sienten cien por cien independientes y, al mismo tiempo, cien por cien integrados.
Los familiares de estos niños así lo perciben. Por eso agradecen a la Asociación Hípica de La Isla "que nos haya abierto sus puertas de par en par", coinciden los tres progenitores. "Hemos sido un grupo de padres pioneros que se ha embarcado en esta iniciativa sin saber qué resultados obtendríamos y, hoy por hoy, estamos más que satisfechos. Es más, estamos convencidos de que la equinoterapia tendría una gran acogida entre todas las asociaciones de ayuda mutua que existen en San Fernando".
Ahora bien, para ello es fundamental que la Asociación Hípica mejore tanto sus instalaciones como sus servicios, incremente el número de caballos y amplíe el grupo de especialistas de la plantilla. En definitiva, que se consolide.
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