El parqué
Jornada de cautela
Durante los primeros días de Feria, y antes de que ayer el buen tiempo ofreciese una tregua, puede que escaseara gente en Las Banderas, pero no faltó la música. Y es que, entre las numerosas casetas instaladas, las atracciones dirigidas a los más pequeños y los puestos de comida rápida y dulces, la banda sonora del recinto ferial tiene cuerda desde el almuerzo hasta las cinco de la madrugada, hora en la que la Policía pone el punto final desalojando las últimas casetas.
Canciones para todos los gustos y edades. Porque las sevillanas, que es lo que el visitante espera encontrarse en una Feria, se escuchan, pero en contadas ocasiones. Además, se concentran en el horario vespertino, puesto que en durante la noche suponen una excepción en la ambientación de las casetas. Así, para acompañar las primeras jarras de rebujito del día, pueden escucharse sevillanas de corte clásico, además de la de los pijos, en las que 'Los centellas' retratan esas casetas en las que la gente "parecía que tenía muchas pelas pero encima de los platos nada más que había mortadela".
Otro de los estilos incombustibles es la rumba, que todo lo puede. Así, en cada edición de la Feria se escuchan toda clase de canciones versionadas para que se ajusten a unos acordes más alegres. Por tanto, son habituales las adaptaciones de piezas de Joaquín Sabina, las versiones del grupo 'Siempre así' o, incluso, hay quien se atreve con composiciones como Soy rebelde, que popularizara la británica Jeanette y que, a priori, parece alejada de cualquier temática festiva. No obstante, eso no constituye un problema, ya que abundan las rumbas románticas de desenlace poco amistoso para sus protagonistas. Además, en el hilo musical sobrevive la vieja guardia rumbera como José Manuel Soto o Rafa Serna, y temas como La pared o Se te nota en la mirada se siguen escuchando por mucho que pasen los años en el recinto ferial.
Pero no todo son listas de reproducciones o discos de varios. Numerosas casetas optan por contratar orquestas que amenicen en directo el vaciado de platos de plástico y catavinos por parte de los feriantes. Es el turno para que niños y mayores disfruten de adaptaciones de Shakira, La camisa negra de Juanes o el Sarandonga de Lolita.
Cuando llega la noche, los encargados de pinchar la música abogan por la variedad. Algunas de las canciones clásicas se mantienen, pero quedan para más tarde en las casetas juveniles. Tras abandonar la zona de botellón, que en Las Banderas está indicada con el eufemismo de 'Zona de ocio juvenil', los más jóvenes bailan al ritmo de éxitos escuchados hasta la saciedad como Danza kuduro o Ai se eu te pego. Una vez que se traspasa el umbral de la medianoche, cobra protagonismo música más banal como el reggaeton.
Pero es en las postrimerías de la noche cuando la libertad musical es absoluta. Así, llega el turno de la recuperación de la rumba, de canciones de estilo pop del pasado como las de Hombres G o hasta de sonidos de otras fiestas, como el Carnaval. Así, conforme se acerca la hora del cierre, algún pasodoble de Los yesterday o La familia pepperoni se escucha en el recinto ferial. Noche tras noche, una de las canciones más coreadas es la que dice 'Todos los días sale el sol', que, en estas jornadas de cielos encapotados y lluvias, se ha convertido, más que en un estribillo, en una plegaria. Ayer, por fin, fue escuchada.
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