COAC 2026
¿Quién canta hoy en el Falla? Orden de actuación de la quinta sesión

Bellos anuncios de la Pasión de Cristo

Estas imágenes que se guardan en algunos conventos de la ciudad combinan lo sensible e íntimo de la infancia de Jesús con lo dramático y doloroso de su muerte

Bellos anuncios de la Pasión de Cristo
Francisco González Luque

20 de abril 2011 - 08:31

En la clausura de los antiguos conventos femeninos existentes todavía en El Puerto (Capuchinas, Concepcionistas y Espíritu Santo) se conservan, entre otras esculturas de interés, una serie de imágenes de Niños Jesús de diversa iconografía. Queremos llamar la atención de los denominados Niños de Pasión mediante una síntesis basada en el análisis de cinco imágenes seleccionadas que ilustran diversos momentos pasionistas conocidos como Cristo de Humildad y Paciencia, Nazareno y Flagelado dependiendo de su actitud: sedente con la cabeza ladeada y apoyada en una mano, erguido con cruz, corona de espinas y cesta con instrumentos pasionistas en la mano y apoyado en una columna presagiando la Flagelación, respectivamente. Agradezco sinceramente a las religiosas de dichos conventos la oportunidad de permitirme estudiarlos y fotografiarlos.

La infancia de Jesús asociada a su Pasión combina lo sensible, íntimo, cercano y tierno con lo dramático y doloroso. El asunto supone un contraste entre el presentido destino trágico y la candidez muy acorde con la religiosidad de la Contrarreforma y la sensibilidad del Barroco. En realidad, se trata de prefiguraciones de la Pasión de Cristo, representaciones alusivas a las torturas que padecerá en diversos momentos muy reconocibles por la presencia de ciertos símbolos de tamaño reducido asociados a la imagen infantil. Así, el Niño puede aparecer durmiendo sobre la cruz, portándola sobre un hombro o terciada delante del pecho (además del objeto de martirio, alude a la muerte y resurrección y es símbolo del cristianismo) y con una calavera bajo los pies o recostado en ella (además de asociarse con el Gólgota o Monte de la Calavera, donde según una leyenda fue sepultado Adán y posterior escenario de la crucifixión, alude también a la muerte de la naturaleza humana de Cristo y la victoria de su divinidad sobre la misma con la consiguiente redención del género humano). Otras veces estos Niños muestran en sus manos los instrumentos de la Pasión (clavos, lanza, hisopo con esponja, látigos, corona de espinas, martillo y tenazas, escaleras, etc,) o se apoyan en una columna (de pie con mirada al cielo o recostando su cabeza en ella) interpretada como una premonición reflexiva acerca de la Flagelación. Algunas interpretaciones no están exentas de cierto morbo, pues ver representado a un ser inocente presintiendo su futura Pasión (algunos conservan en su policromía original huellas del martirio, como gotas de sangre por el rostro o signos de latigazos en la espalda) no deja se ser, cuando menos, perturbador.

Respecto a la tipología de los Niños de Pasión conservados en El Puerto, son esculturas exentas de talla completa, anatomizadas, aunque algunas se conservan vestidas y calzadas por las monjas (indumentaria que oculta el cuerpo a base de enaguas, pololos, túnicas de organza, terciopelo o raso, con bordados, encajes, ribetes, etc. o con sudarios de pasta añadidos). En todos los casos el material utilizado es la madera tallada y policromada. Son de pequeño formato, con una altura que oscila entre los 34 y los 45 centímetros. Algunas se conservan en el interior de una urna de madera y cristal a modo de tabernáculo o templete.

En cuanto a sus posturas, suelen repetir uno de los siguientes modelos: sedente (sobre todo si obedecen a la iconografía de Humildad y Paciencia o descansando sobre una columna, con los pies apoyados en un cojín), erguido (portando atributos de la Pasión), recostados o tendidos soñando o pensando en ésta. Los cinco se muestran con complementos o atributos de madera, plata o metal como potencias, corona de espinas o diadema rematando la cabeza, manos portando cesto con instrumentos o símbolos de Pasión, cruz o corona de espinas, bola del mundo o calavera a sus pies y columna.

Deteniéndonos en algunos rasgos comunes destacamos la cabellera, ensortijada o con escasa volumetría a base de finos mechones, que enmarca el rostro en algunos ejemplos, mientras que en otros apenas se insinúa por la escasa longitud del cabello. Dos de los Niños son rubios; todos tienen caras redondeadas con bellos rostros de facciones dulces, amplia frente, ojos grandes de cristal o pasta vítrea, pestañas postizas, cejas finas, nariz recta y mejillas abultadas por las que surcan lágrimas en varios de ellos, boca pequeña y entreabierta, a veces con comisuras de labios hacia abajo para expresar tristeza, cuello ancho y corto, manos gordezuelas y pies poco elaborados.

En las expresiones encontramos tanto resignación y conformidad con la voluntad del Padre (esas miradas al cielo en actitud de diálogo aceptando los sufrimientos que tendrá que padecer son muy elocuentes) como profunda melancolía y tristeza ante los acontecimientos venideros, sentimientos reflejados en esas cabezas reclinadas meditando.

En cuanto a su policromía, en la mayoría de los Niños Jesús analizados resulta ser blanquecina o rosácea, más destacada en el rostro (pómulos y entorno de ojos o párpados más enrojecidos), restos de sangre en espalda o rodillas y varios repintes en el resto del cuerpo. También han sido pintados en tonos naturales el cabello (de color castaño e incluso rubio tanto en cabeza como en cejas) y los sonrosados labios.

Desde un punto de vista estilístico, presentan interesantes composiciones, aunque en el tratamiento de las proporciones observamos cierta irregularidad y no siempre cuidada anatomía (dependerá del artista que lo interprete, claro, aunque la mayoría son discípulos de talleres afamados o simples devotos no profesionales que imitan a los artistas y modelos ya reconocidos) pues a veces resulta algo tosca y descuidada, de modelado sumario, insistiendo en mofletes, pliegues en piernas, rodillas y espalda muy trabajada... Cuando están desnudos se aprecia en los Niños erguidos un ligero contraposto o dinamismo al avanzar una pierna respecto a otra que deja retrasada. Cuando están sedentes también la postura reclinada rompe con la estática frontalidad.

Respecto a su posible cronología y autoría, poco podemos concluir, aunque creemos que estos Niños Jesús de Pasión conservados en El Puerto son anónimos y casi todos pertenecen al siglo XVIII. Resulta difícil saber su procedencia porque la mayoría son traídos por las novicias como parte de su dote o son fruto de diversas donaciones en distintos momentos de la historia del convento. Sabemos que el asunto se inició en modelos pictóricos, de ahí pasó a la escultura a partir del siglo XVII y proliferó en el siguiente. En Andalucía el tema fue tratado tanto en la escuela sevillana (el más conocido es el Niño Jesús Nazareno conservado en San Fermín de los Navarros de Madrid, atribuido durante mucho tiempo a Alonso Cano y recientemente a Luisa Roldán) como en la granadina (desde Pablo de Rojas hasta los Niños de Pasión de los Mora y Risueño, ya adentrados en el siglo XVIII). En general, podemos afirmar que los modelos se van perfeccionando en cuanto a composición, tratamiento anatómico, modelado y policromía, aunque en muchos casos es superior el interés iconográfico y devocional al valor meramente estético o artístico.

La tarea no debía ser fácil, pues aunque al pequeño tamaño le corresponda una técnica preciosista, el escultor deberá evitar caer en la simple muñequería para mantener el carácter sagrado dentro de los cánones realistas impuestos por la Iglesia y la clientela. Estas preciosas imágenes de Niños de Pasión de El Puerto consiguen la triple función de transmitir el mensaje premonitorio de la Pasión de Cristo, despertar emociones y conseguir unas representaciones dignas desde un punto de vista estético gracias a la elegancia de actitudes, los gestos emotivos y los rostros entristecidos.

1 Comentario

Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último