Sinatra de Cádiz
Doña Cuaresma
L AS personas de orden somos criaturas de Dios, no como los rojos que -ellos mismos lo dicen- descienden del mono. Que ya hay que ser necio para decir que eres descendiente de la mona Chita, en lugar del Cid o, un poner, de Gonzalo Fernández de Córdoba. No el del Faro, incultos.
En fin, el tercer género humano, el de los carnavaleros, debe descender del borrico moruno o rucho, a la vista de las cosas que hacen. Ellos solitos se cargan el Carnaval.
Por ejemplo, con las entradas del Falla. Por acabar con la reventa es muy raro ver hoy un colado. Y me refiero a colados que le den relumbrón a esto como los famosos.
El único famoseo es el que invita el pregonero a su palco. Antes venía alguna gente con algo de brillo que le pudiera aportar categoría a esta fiesta, ahora lo único que reluce son las calvas de algún concejal o la del comisario político Barcia, que se cuela en el palco de autoridades. Y nada de sin trincar, como decía El Beni, porque trincan la oveja y su pareja. Con sus castas.
Ahora es al revés. Antes iba Teo a Madrid e invitaba a las autoridades, les dejaba buen sabor de boca, y cuando hiciera falta les pegaba un mangazo para la ciudad. Ahora el único que hace relaciones públicas así es el pregonero, pero este tira para Zahara.
Peor todavía, ahora va el Kichi a Madrid, a Fitur, grazna una copla y espanta a todo el mundo con semejante rebuzno. Dirán "¿Si este es el alcalde, cómo será la tropa?"
¿Así quien va a venir a Cádiz muchacho? ¡Adiós Sinatra!
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