Cádiz CF

El firme trayecto del Cádiz CF

  • Las buenas sensaciones ante el Deportivo confirman que la derrota en Alcorcón fue un accidente

Marcos Mauro, Cala y Garrido, atentos a una jugada ante varios jugadores del Deportivo. Marcos Mauro, Cala y Garrido, atentos a una jugada ante varios jugadores del Deportivo.

Marcos Mauro, Cala y Garrido, atentos a una jugada ante varios jugadores del Deportivo. / Julio González

Le quedaba un empate al Cádiz CF para completar la secuencia normal de resultados en un campeonato de Liga tan extenso como el de Segunda División A. Ya sabe de sobra lo que es ganar, ha sufrido el dolor que conlleva la derrota y después un punto, aunque sea como local, no deja de ser un pequeño avance. Un pasito más mientras sigue instalado en la zona alta de la clasificación.

De los cinco triunfos consecutivos, un hito casi imposible de conseguir (el Cádiz CF es el único conjunto de Primera y Segunda A que ha sido capaz de firmar un répoquer en el frenético arranque de la temporada 2019/20), pasa a dos partidos enlazados sin poder vencer. No es para que salten las alarmas ni mucho menos.

Dispone de un colchón suficiente de puntos como para darse un respiro. Como para quejarse si, tras cuatro semanas de disfrute del liderato, ya son dos continuadas de estancia en la privilegiada segunda posición que ya ocupó en el episodio inaugural del torneo. Las siete jornadas como inquilino fijo de plaza de ascenso directo. Quién no firma esta situación en la 42, allá por el mes de junio de 2020.

La trayectoria provisional del equipo amarillo sitúa el batacazo en Alcorcón (3-0) como un mero accidente rodeado de la conjugación de diversas circunstancias adversas: demasiadas rotaciones, errores infantiles en momentos importantes del encuentro y un arbitraje calamitoso. El revés, aunque inesperado, no hizo más daño más allá de algunas dudas, lógicas, resueltas cuatro días más tarde.

La equis frente al Deportivo de La Coruña queda encuadrada dentro del típico partido de acoso sin derribo ante un rival que dio absoluta prioridad a la defensa y abandonó pocas veces su parcela. Qué complicado es ante once jugadores fieles guardianes de su terreno.

Los hombres de Álvaro Cervera lo intentaron hasta el pitido final final pero si algo tenía claro la escuadra gallega, que llegaba al sur en una situación apurada, es que no estaba dispuesta a salir derrotada del estadio Carranza. Jugó a no perder más que a ganar y logró lo que perseguía.

Cuando uno hace lo que debe dentro de sus posibilidades, poco se puede reprochar. Lo dieron todo los amarillos con las limitaciones que les supone afrontar el ataque posicional. Si no hay espacios, la cosa se enreda. Se estrellaron contra el autobús que el Dépor instaló delante de su portería. No siempre se logra el objetivo.

Cuando no es posible la victoria, un empate no viene mal a estas alturas del curso. Otra cosa será cuando llegue la hora de sumar de tres en tres, el lastre de las últimas jornadas en las campañas anteriores.

Es importante, además, esquivar el amargor de la derrota, que no suele traer nada bueno: se resiente la autoestima, surgen las comeduras de coco, aumenta la presión...La confianza se mantiene intacta. Un empate aderezado con buenas impresiones sitúa al equipo en un contexto adecuado para encarar las siguientes citas.

La conclusión que deja el duelo del séptimo capítulo liguero es que el Cádiz CF recupera las sensaciones de solidez que perdió por un día. Salvo algún desajuste defensivo, se desenvolvió como el bloque compacto que es. Mantuvo a raya a su contrincante y buscó la portería contraria. Eso sí, con más voluntad que temple, sin acierto en el remate. Las ocasiones llegaron su mayoría por acciones a balón parado.

La tarea pendiente de Cervera y sus jugadores es explorar las vías de perforación porque no será la primera ni la última vez que el adversario llegue al Carranza a verlas venir. Todos saben cómo se emplea sobre el césped el Cádi CFz, que no se siente nada cómodo cuando se ve obligado a llevar la iniciativa ante defensas superpobladas y organizadas.

Cuando el contrario se coloque atrás con orden y le dé el balón, como el pasado sábado hizo Dépor, el problema estará servido una vez más.

La consecuencia directa del bloqueo en las labores ofensivas es una repentina sequía goleadora. El equipo amarillo hizo 11 tantos en las cinco jornadas iniciales. Llegó a ser el máximo anotador en los compases iniciales, pero tras dos partidos seguidos sin ver puerta ya es superado por otros rivales que tienen el punto de mira afinado.

El Almería, el más fuerte a día de hoy, suma 13 dianas y 12 el Alcorcón y la Ponferradina. El Rayo Vallecano también alcanza los 11.

No genera preocupación no ganar ni tampoco dejar de marcar. Hay que esperar a que la Liga recorra más jornadas.

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