Cádiz CF

La fiabilidad del Cádiz CF se tambalea

  • Más allá del frenazo, lo más preocupante es lo poco que necesitan los rivales para tumbar al líder

Espino intenta frenar el avance de Bogdan en el partido contra el Sporting. Espino intenta frenar el avance de Bogdan en el partido contra el Sporting.

Espino intenta frenar el avance de Bogdan en el partido contra el Sporting.

El Cádiz CF empieza a parecer un globo pinchado que acelera su deshinchadura después de encadenar por primera vez dos derrotas consecutivas. La fortaleza hasta la fecha se asentaba sobre el principio básico de no pasar más de una semana sin puntuar. Ya ni eso.

La regularidad se resquebraja justo cuando hay que dar un paso al frente, pero el conjunto amarillo toma la dirección contraria y se complica la vida cuando lo tenía, y lo tiene, todo a su favor en la puja por el objetivo más ambicioso.

Mientras otros equipos encaran sin complejos el tramo más relevante de la Liga, el Cádiz CF insiste en emitir señales titubeantes que dejan aquel triunfo en Las Palmas en un hecho aislado. El revés en casa frente el Málaga y el varapalo ante el Sporting a domicilio, los dos seguidos, dibujan una dura realidad no eclipsada por el liderato. El Cádiz CF se desinfla y se aferra a la última de las siete vidas. La esperanza es que sigue dependiendo de sí mismo.

La pérdida de fiabilidad es evidente. El líder se agarra al trono con la fuerza del que está a un paso de ser despojado del reinado que ha prolongado durante seis meses. Sólo un giro radical sin demora o un frenazo de los rivales directos pueden sostener a los de Álvaro Cervera ya no sólo en el primer puesto, sino en las plazas de ascenso directo en las que reside sin descanso desde la primera jornada.

La duda cobra dimensiones gigantescas. ¿Ha vivido el Cádiz CF por encima de sus posibilidades? ¿Está capacitado para pelear por el ascenso a la hora de la verdad o las dos derrotas seguidas son el anuncio del hundimiento de cada temporada?

Pocas veces un liderato destila tanta debilidad como el que ostenta un equipo que se olvida de inclinar los partidos a su lado. La solvencia se tambalea sin aparente explicación. Cosas de la segunda vuelta. El Cádiz CF dispuso de una considerable ventaja que dilapida antes de las batallas finales, a las que acude sin margen de error.

Si perder dos semanas sin respiro es motivo de preocupación, aún más inquietante es lo poco que necesitan los adversarios para tumbar a los gaditanos. La reacción brilla por su ausencia, como quedó de manifiesto en Asturias tras el tanto de los rojiblancos.

Las derrotas del Cádiz CF tienen el denominador común de un gol del rival con una inmediata consecuencia del ko. De los siete partidos perdidos por el líder, sólo empezó por delante en el marcador ante el Numancia en un duelo condicionado por la expulsión de Salvi.

En cinco ocasiones cayó por 1-0, como las últimas tres veces (Deportivo, Málaga y Sporting) y no porque fuese peor que el oponente (ni tampoco mejor), sino por acciones puntuales que echaron todo por tierra.

El equipo se muestra consistente en líneas generales pero una sola jugada, un pequeño descuido, es suficiente para que todo se va al garete. Compite ante cualquier rival, aunque se desmorona con una facilidad impropia de un aspirante a la gloria.

No es asunto menor la dificultad cuando toca responder ante la adversidad. Y no porque no lo intente. En El Molinón realizó 16 disparos (tres más que los gijoneses) y lanzó seis saques de esquina más (diez frente a cuatro de los locales). De nada sirvió porque la eficacia hizo mutis por el foro. Y además, media hora con un futbolista menos. Demasiada ventaja para el contrario.

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