COAC 2026
Orden de actuación de la tercera sesión de preliminares

La experiencia tampoco vale

La alineación del Cádiz, con una media de edad cinco años mayor que la del Villanovense Las opciones de liderato se esfuman y la puja se centra en las otras tres plazas de arriba

La formación inicial del Cádiz en el Romero Cuerda presentaba un promedio de edad de 30,5 años.
Jesús Jaques Nuche Cádiz

16 de febrero 2016 - 05:02

Los sucesivos varapalos que se empeña en acumular el Cádiz a lo largo de una irregular temporada baja los humos de un club que pone en riesgo su estabilidad económica con el presupuesto más elevado de Segunda División B y una plantilla que, ni ampliamente retocada en el mercado de invierno -fue renovada con siete salidas y otras tantas entradas-, está a la altura al menos del primer objetivo. La apuesta a mitad de curso por la contratación de jugadores curtidos en mil batallas, que sobrepasan la treintena, no da los resultados que se esperaban en sus primeras apariciones. Mientras, se reducen las posibilidades de éxito. El inquilino del estadio Ramón de Carranza no levanta cabeza y dice adiós a la batalla por el liderato salvo milagro en la recta final de la Liga. Para recuperar sus opciones de alcanzar la cima debe derrotar a sus rivales directos, adentrarse en una racha imarable y que además el Real Murcia cometa errores en su recorrido.

El conjunto amarillo naufragó en la visita al campo del Villanovense. Y no por el fuerte viento, una excusa barata. Necesitaba los tres puntos y sólo se llevó uno. Un empate con sabor a derrota frente al peor equipo local del grupo IV -el conjunto serón lleva seis partidos perdidos en su feudo- no es suficiente con todo lo que hay en juego a estas alturas del campeonato, sobre todo si los rivales directos sí son capaces de sacar nota en sus complicados exámenes, como lo hicieron el UCAM Murcia y el Sevilla Atlético en Jaén y Algeciras, respectivamente (ambos ganaron por 0-1). El Real Murcia avasalló (4-1) en su feudo al San Roque de Lepe.

La tan cacareada experiencia del Cádiz no se apreció por ningún lado en el Romero Cuerda. Todo lo contrario. No es habitual que un equipo que llega a tener dos ventajas las tire por la borda por no saber controlar el partido. Se supone que la veteranía es un grado, pero en este caso no lo fue pese a la enorme diferencia de edad media entre la alineación del Villanovense y la del Cádiz. El once de la escuadra entrenada por Claudio Barragán, con un promedio de 30,6 años, superaba en cinco a la del cuadro extremeño, fijada en 25,2. Siete jugadores del equipo amarillo pasaban de los 30 -Alberto Cifuentes (36), Servando (31), Migue (35), Mantecón (35), David Sánchez (33), Fran Machado (31) y Despotovic (33)- y sólo uno del conjunto serón había traspasado esa barrera -el delantero ex cadista Juanjo, con 34-. El oficio lo demostró el equipo más joven, que supo emplear sus recursos para igualar la contienda en dos ocasiones.

Los hombres de Claudio no sólo no supieron manejar el partido. Se mostraron como un equipo poco profundo con el balón -un mal prolongado en los últimos tiempos- y escaso de solidez sin el esférico. Un equipo poco compacto que se parte con facilidad y da señales de fragilidad defensiva.

Con el Real Murcia asentado en la cumbre del grupo a nueve puntos de distancia, el Cádiz se ve abocado a pelear por asegurarse una de las otras tres plazas que dan derecho a disputar la fase de ascenso. Encadena 17 jornadas consecutivas en posiciones de play-off pero nunca ha llegado ocupar el trono, una clara señal de que no está para quedar campeón salvo que todo dé un giro de 180 grados en las 13 jornadas que restan para el final de la Liga. La pasada temporada, el conjunto amarillo ya estaba al frente de la tabla y no se bajó de ese puesto.

Un año después, con una plantilla claramente inferior -así lo reflejan los números- el reto pasa por intentar quedar segundo, una plaza que nunca ha logrado durante sus 15 anteriores campañas en la categoría de bronce.

El discurso del club dará un giro una vez que se ha esfumado el objetivo de la primera plaza. El clavo ardiendo al que ahora se agarra el Cádiz es que ese primer puesto no es garantía de ascenso. De hecho, el conjunto gaditano sólo ascendió una vez de Segunda B a Segunda A de las cuatro ocasiones que salió campeón. Fue en la temporada 2008/09 tras superar al Real Unión de Irún en la eliminatoria entre los mejores de grupo. En el ejercicio 2001/01, el primer puesto no sirvió para subir porque luego quedó segundo en la liguilla, la modalidad que se usaba entonces. En el curso 2011/12, el liderato tampoco valió de nada porque el equipo amarillo desperdició las dos oportunidades que tuvo. En el 2014/15, el más reciente, pasó lo mismo: campeón y dos ocasiones que se fueron al limbo.

El otro ascenso a la categoría de plata partió desde la cuarta posición en la temporada 2002/03, cuando el Cádiz salió vencedor de la liguilla. Accedió a la fase de ascenso como cuarto otras dos campañas, ya con el modelo de eliminatorias. Fue en la 2010/11 y en la 2013/14 y las dos veces quedó apeado a las primeras de cambio.

Sólo hay un antecedente con el Cádiz como participante en la batalla por el ascenso como tercer clasificado. Hay que remontarse a la temporada 1997/98 (la primera vez que participaba en la puja por escalar a la división de plata), cuando también quedó tercero en la liguilla y renovó su estancia en Segunda B.

Los antecedentes demuestran que al final lo que cuenta es llegar a la fase definitiva en un estado de forma óptimo. El Cádiz no atraviesa su mejor momento. De hecho, después de 25 jornadas, todavía no ha trazado una línea de regularidad como para presentar sus credenciales para el ascenso con la única excepción de tres victorias consecutivas a comienzos de 2016. Escaso bagaje para el equipo al que todos colocaban el cartel de favorito a finales de agosto de 2015 y que ahora, cinco meses y medio después, no le queda otra que centrarse en agarrar el segundo, el tercer o el cuarto puesto -el que ocupa en la actualidad- y llegar con las pilas bien cargadas al play-off. Ahí sí que deberá recurrir a la experiencia que no demuestra tener cada fin de semana pese a tener la plantilla con el promedio de edad más elevado del grupo IV.

Si el Cádiz consigue el deseado ascenso, tendrá que ser por el camino más largo, con media docena de partidos más y nada menos que tres eliminatorias seguidas que superar, algo que nunca ha logrado en Segunda División B desde que se implantó el formato de play-off, que no se le nada bien al conjunto gaditano.

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