El Alambique
Rafael Morro
Triquiñuela de croquetas
A nadie le da por meterse en esas oficinas donde se trabaja de cara al público, en plena calle y con unas inmensas cristaleras como única barrera ante el paso de los viandantes, para analizar cómo se hacen las cosas o se dejan de hacer. O en un colegio de arquitectos. O en un hospital. Pero todo el mundo juega a ser entrenador. Y director deportivo. Incluso presidente de un club. Y es que, al fin y al cabo, aunque a veces se olvide, el fútbol es tan sólo un juego. Y a todo el mundo, niños y adultos, le gusta jugar. Y ganar.
La cita del pasado domingo entre Cádiz y Cartagena fue seguido en el Carranza por aproximadamente 12.000 espectadores, posiblemente la mejor entrada en lo que se lleva de temporada. Y eso que Canal Plus retransmitió en directo el partido. El resumen amarillo de la séptima jornada ya es de sobra conocido: el Cádiz estaba dando su mejor imagen de lo que se lleva de curso liguero cuando el Cartagena, sin previo aviso, dio dos veces antes del descanso y una tercera nada más empezar la segunda parte. El Cádiz reaccionó, pero sólo para no perder el honor. Para los pupilos de Juan Ignacio Martínez no hubo dos sin tres, pero para los de Javi Gracia, que buscaban enlazar su tercera victoria consecutiva, sí que los hubo.
En las casas, hubo aficionados sin carnet que empezaron a hablar en arameo nada más acabar la primera parte. Tras el pitido final, muchos jugaron a entrenador, criticando alguna decisión de Javi Gracia. Y otros tantos jugaron a director deportivo, criticando la plantilla confeccionada por Julio Peguero. Otros, hicieron como si hubieran tomado el relevo de Antonio Muñoz. Y se pusieron a contar sus ahorros.
Pero el que la lleva, la entiende. Y si el entorno cadista acabó dándole un sobresaliente a Julio Peguero tras el ascenso a Segunda, ayer era el propio director deportivo quien repartía calificaciones sin temor a aparentar ser un profesor chiflado. "Para mí, todo el equipo estuvo de sobresaliente ante el Cartagena. La actitud fue muy buena antes y después del 0-3", decía ayer el onubense al requerirle este periódico su valoración de la segunda derrota de la temporada en el Carranza.
"Hay que tener tranquilidad, aquí no se valora nada. Se hizo un buen partido en líneas generales y no hay que dejar pasar cómo llega el primer gol: por culpa del árbitro, que llama a Raúl López para que vaya a la otra punta del campo provocando que la defensa quedara desguarnecida. Luego, te meten uno antes del descanso y otros justo después, eso es muy duro. Al Cartagena le salió el partido soñado. Hay que valorar todo y ser sincero. Pese al varapalo de verte haciendo un gran partido e ir de repente cero a tres en el marcador, el equipo se sobrepuso y dio la cara", recordó el onubense, que pedía paciencia: "Ya llegarán los goles, el trabajo está siendo bueno. Sigo teniendo plena confianza en esta plantilla y nadie del club está pensando en el marcado de invierno. Me duele mucho que no se nos valore en la justa medida". "Hay que valorar con sinceridad", repitió dolido.
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