"Si volviera atrás, no entraría en política ahora"
Tal día como hoy hace 30 años, José Blas Fernández tomó posesión como concejal A sus 65 años, quiere irse cuando finalice esta legislatura
Tal día como hoy de hace tres décadas era un joven de 35 años, con gafas de pasta ancha, con abundante pelo moreno peinado con raya al lado, con su propio despacho de graduado social... Era un 23 de mayo de 1983 cuando tomó posesión como concejal del Ayuntamiento de Cádiz. Un cargo que ya no soltaría hasta el día de hoy, convirtiéndose con diferencia en el decano de los concejales de Cádiz, del entorno y muy posiblemente con pocos casos parecidos en toda España desde que se implantó la democracia. José Blas Fernández Sánchez está hoy de celebración; nada menos que tres décadas ha cumplido sirviendo como concejal a la ciudad, los doce primeros años en la oposición y desde que Teófila Martínez llegara al poder en 1995 formando parte del equipo de gobierno.
Su ingreso en la política se debió a una llamada de Servando Álvarez-Beigbeder, que junto a José Ramón del Río y otros profesionales liberales como José Antonio Gutiérrez Trueba, Florencio Molinero o Antonio Gamero querían formar una lista. "Me acuerdo que dí un disgusto grande en casa, porque mi madre quería que me dedicara a la profesión, no quería que gastara tanta energía en eso. Y entonces le prometí que nunca dejaría mi profesión", recuerda Fernández, que a día de hoy ha cumplido con esa promesa, aunque reconoce que sí que ha gastado bastante energía en el Ayuntamiento. "A mí me gusta trabajar, y en esos años todo lo hacía yo personalmente, los presupuestos, las mociones, las preguntas a pleno...". Todo ese trabajo tan personalizado, tan solitario, le sirvió quizá para ser conocido como el látigo del PSOE. "Era el malo de la película y ahí me quemé muchísimo; estuve doce años en la oposición y allí no me ayudaba nadie", manifiesta José Blas Fernández.
Después de esta primera etapa llegó el año 95, llegó desde El Puerto Teófila Martínez y llegó la victoria electoral que a José Blas Fernández se le había resistido en las tres convocatorias anteriores. Pero no se engañen, que la entrada al poder no mejoró mucho la labor de este concejal, que desde hace 18 años está al frente de la concejalía de Hacienda. "A mí Teófila me ofreció Urbanismo o Hacienda y no quise Urbanismo porque sabía que ella conocía mucho esa materia". Fernández se quedó al frente de Hacienda para siempre, como si fuera su sambenito. "Llevo lo peor del Ayuntamiento, pero lo hago por la lealtad que le tengo a Teófila primero de partido y luego personalmente, porque he visto cómo se ha dejado el pellejo en esta ciudad", afirma reconociendo que disfruta muy poco de su misión como político municipal. "Si hablo con trabajadores o sus representantes es desagradable, si subes determinado impuesto es desagradable, si estableces una tasa es desagradable... Yo no me luzco nada".
A pesar de lo que pueda parecer por su trabajo en la oposición durante doce años o por estos dieciocho al frente de Hacienda, José Blas Fernández dice guardar "muy buenos recuerdos de estos treinta años". Y amigos también, tanto de los suyos como de la bancada de enfrente. Como por ejemplo Carlos Díaz, "con quien tengo lazos de amistad; nos vemos, charlamos, tengo una buena relación con él; le aprecio. Fue una gran persona, no era resolutivo, pero un hombre de carisma; y tremendamente honesto", destaca.
En estas tres décadas que hoy cumple formando parte de la Corporación Municipal, Fernández ha pasado de conocer el boom de la política (una vez asentada ya la democracia y cuando empezaron a nacer los diferentes partidos políticos) a vivir actualmente en medio de posiblemente el peor momento de la misma. "Me duele la imagen actual de los políticos. Hay muchos fraudes y muy pocos políticos que los cometen; el trabajador que se da de baja por la cara es un fraude, y no pasa nada; el que hace un trabajo en casa y no está dado de alta o no emite factura está defraudando... Hoy no te valoran. Todos piensan que eres un chorizo", confiesa. Aunque al mismo tiempo piensa con contundencia que "no debemos profesionalizar la política, no hay que entrar aquí para hacer carrera". "Yo a mis compañeros les pido que estudien, que trabajen. He visto a muchos ir de concejal al paro", añade. Además, cuando se le pregunta por la diferencia de los que le han rodeado, reconoce que hace treinta años había mejores políticos que ahora. "Antes todos éramos profesionales de algo que simultaneaban su trabajo con la política. El que estaba aquí estaba porque le gustaba esto. Pero de ahí se pasó al que quería vivir de la política, y eso no puede ser". Por eso él dice tenerlo claro: "En cualquier momento tengo la maleta preparada para irme por la misma puerta por la que llegué. Yo vivo de mi profesión, y posiblemente si estuviera dedicado a ella al cien por cien viviría mejor que estando en la política", afirma.
Además, en relación a esto tiene dos planteamientos -"en el terreno puramente personal", precisa- con respecto a la política. En primer lugar está convencido de que las listas electorales deberían ser abiertas. "Ahí veríamos a quien se vota, porque a lo mejor el que va detrás del líder no vale un duro". Y en segundo lugar, cree también que hay determinadas áreas que no deberían estar en manos del político, sino del técnico que conoce esa materia.
Treinta años acudiendo al Ayuntamiento dan para mucho. "Tengo en mente los veinticuatro escalones que subo diariamente. Yo no uso la escalera noble, que llaman, sino la que utiliza todo el mundo. Y digo veinticuatro escalones porque antes eran veinticinco por el que había abajo, pero lo cambiamos por una rampa para el acceso de minusválidos", cuenta Fernández, que en estos treinta años ha vivido momentos buenos y momentos malos. "Hay muchos sinsabores: no ves crecer a tus hijos, tu mujer tiene que llevar sola la familia para adelante, te ponen como los trapos, en la calle te tildan de todo... Por eso, precisamente, el buen profesional hoy en día huye de la política".
Lo mejor que cree que ha logrado como concejal ha sido "los aparcamientos que he hecho o las nuevas financiaciones y estructuras de las empresas públicas que he presidido". Y de lo que ha vivido en el Ayuntamiento cree que lo mejor ha sido el soterramiento. "Para mí es la mejor obra de Cádiz, por encima del Puente Carranza o del nuevo que se está haciendo ahora. La ciudad antes estaba partida en dos, y esa obra cambió muchísimo", explica.
¿Y lo peor? "El Campo de las Balas", responde sin pensarlo. "Ahí ví la mala fe que tienen algunos, que con tal de quitarte del medio les vale todo", expone el edil.
Llegados a este punto, vivida la política municipal de manera tan intensa durante estos treinta años que hoy se cumplen, Fernández ya ve cercana la última parada de su trayecto en la vida pública. "Considero que ya he cumplido mi vida política y ahora quiero seguir en mi vida profesional". Por eso, espera terminar lo que queda de legislatura y abandonar la política municipal, donde reconoce que está "muy quemado". "Yo he querido tirar la toalla en muchas ocasiones, pero creo que no sería leal en estos momentos ni le haría bien a Teófila Martínez. Yo le doy cierta garantía a ella, aunque igual mañana nombra a otro y lo hace mucho mejor que yo, qué duda cabe".
Así es, así ha sido, así ve las cosas de fuera y sus cosas personales este todoterreno político y profesional, que ha sabido conjugar su posición de concejal en la oposición, de miembro del equipo de gobierno, de diputado provincial, de senador... con la de profesional liberal, presidente del colegio de Graduados Sociales, presidente de la Asociación Provincial de Empleadores de Profesiones Liberales de Cádiz (Aprolem), presidente de la Asociación Española de Graduados Sociales Autónomos (Aega), etcétera. A sus 65 años, con canas donde antes había abundante pelo moreno, ocupando ya las responsabilidades familiares de padre y abuelo, con toda una trayectoria política (posiblemente la más consistente en la política municipal española) a sus espaldas, José Blas Fernández no solo es que busca ya la retirada, es que además tiene dos cosas claras: la primera es que "si volviera la vista atrás quitaría muchas cosas de mi vida política". Pero la segunda es aún más contundente: "Si tuviera ahora 35 años y me llamaran no entraría en política en estos momentos".
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