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La unión del Pópulo con Cartagena de Indias

Manoli Aleu conoció hace más de 25 años a un marinero del buque escuela colombiano en Cádiz y se casó con él

Manoli Aleu y Max Parra, en la imagen junto a su hija menor, viven en Cartagena de Indias desde hace 25 años.
Melchor Mateo / Cartagena De Indias / Enviado Especial

25 de abril 2009 - 01:00

En Cartagena hay numerosos descendientes de gaditanos, pero pocos que nacieran directamente en Cádiz. Manoli Aleu se crió jugando en la plaza de la Catedral, vivía junto al Arco de la Rosa, iba al colegio de San Martín e hizo la Primera Comunión en la iglesia de Santa Cruz. Si existiera el sello de la denominación de origen gaditana, Aleu lo conseguiría sin problemas.

Manoli Aleu es una clara muestra del hermanamiento entre dos ciudades a través del amor. Ella conoció a su marido, el colombiano y cartagenero Max Parra, en Cádiz, pero desde hace 25 años viven en Cartagena de Indias. Parra estuvo varios meses en Cádiz con motivo de una reparación a fondo del buque-escuela de la armada colombiana Gloria. Allí se conocieron en pleno puerto y todo fue un visto y no visto. Pocos meses después el capitán del buque-escuela fue el que ofició la ceremonia del matrimonio que continúa aún hoy en día, al que se han unido tres hijos, Lucía, Max Elías y María del Mar. La pareja y la menor de sus hijas acudieron a la ceremonia del hermanamiento y se convirtieron en protagonistas.

Manoli Aleu no dudó ni un sólo instante en decirle a la alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez, que había podido seguir este año los carnavales a través de Onda Cádiz en internet. Le encanta El Selu en chirigotas y añade que todavía añora en la modalidad de comparsas a Antonio Martínez Ares. Lo curioso del caso es que esta pasión por la fiesta gaditana la ha contagiado al resto de la familia. Su marido reconoce que al principio no se enteraba de nada "pero ya sé diferenciar perfectamente una chirigota de una comparsa". Su hija, cartagenera pura, baila tanguillos.

Antes de que las nuevas tecnologías e internet permitieran seguir en directo una retransmisión televisiva, eran los familiares los que mandaban los vídeos o discos compactos con todo lo que salía en televisión, así desde que abandonó Cádiz hace 25 años. También ha podido seguir la Semana Santa por el canal público municipal.

Manoli Aleu habla con pasión de su ciudad, a la que le gustaría ir más de lo que va, sobre todo en los últimos tiempos. Sus referencias actuales son a través de la televisión "pero le he dicho a la alcaldesa que se ve muy bonita". En principio tienen organizada su vida en Cartagena, pero los hijos mayores están en edad de estudiar y planean realizar unos masters en España, lo que podría cambiar la situación.

Ella es administradora de una empresa de importación, mientras que Max tiene el mismo trabajo en una de instrumentos musicales. Pero no queda ahí la cosa, ya que la pareja también forma un dúo, llamado Dúo Iberolatino, y en su tarjeta de presentación anuncian que "es un estilo diferente de música para sus reuniones sociales": interpretan un show español en el que Manoli Aleu baila flamenco.

Como no, para seguir con los estereotipos, echa mucho de menos el pescaito frito, pero intenta suplirlo haciendo tortillitas de camarones, a las que ha aficionado a toda la familia. Sin embargo, el gran experto en tortillas españolas es su marido Max.

Desconoce si hay más gaditanos viviendo en Cartagena pero tiene claro que las dos ciudades se parecen mucho. Para esta familia el hermanamiento de las dos ciudades es muy especial, porque ven en ello un poco su historia personal.

Manoli asegura que en Cartagena se ha sentido "como en casa" porque hay muchas similitudes "entre la gente de allá y la de acá", además del parecido de las ciudades. Eso sí, reconoce que en la ciudad colombiana se conoce poco a Cádiz porque lo que se asocia siempre con Andalucía es Sevilla.

Detrás de todos los hermanamientos hay historias con nombres y apellidos, personas que se han unido como Manoli y Max, o dos siglos atrás el gaditano Esteban Amador con Josefa Villegas para dar lugar finalmente a un emporio económico.

Un ciudadano ilustre en Cartagena es el escultor jerezano Eladio Gil Zambrana, autor de la estatua de la India Catalina, símbolo de esta ciudad y que se encuentra en la avenida Pedro de Heredia.

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