La muralla y la vida de Cádiz
El nuevo libro de Rafael Garófano hace un recorrido fotográfico e histórico de las fortificaciones entre los años 1857 y 1917 como parte esencial de la ciudad
Rafael Garófano, doctor en Historia, se ha especializado en la historia de la imagen de Cádiz. Gracias a su labor de investigador la ciudad ha recuperado buena parte de un patrimonio fotográfico que, de otra forma, se hubiera perdido de forma irremediable. En el último cuarto de siglo la bibliografía gaditana se ha enriquecido con trabajos como 'Cádiz en la fotografía del siglo XIX', 'La mirada de Reymundo', 'Fotografías y burgueses. El retrato en el Cádiz del siglo XIX'... además de la organización de innumerables exposiciones.
Una fallida exposición es la que ha dado vida al, por ahora, su último libro: 'Cádiz amurallada. Su registro fotográfico', que acaba de ser editado por Quorum y cuya limitada tirada, 700 ejemplares, puede que lo hagan ser pronto un trabajo codiciado y agotado. El libro nació de una muestra que Rafael Garófano planteó como una parte más de la celebración del Bicentenario de la Constitución de 1812 y que como otras grandes exposiciones quedaron finalmente relegadas en los archivos de 'temas pendientes'. El amplio texto que conforma la primera parte del trabajo ahora publicado y la recopilación de un centenar largo de fotografías, muchas de ellas novedosas incluso para quienes son coleccionistas o seguidores de la imagen gráfica de Cádiz, conformaban la esencia de esta fallida exposición. En todo caso, la idea y el proyecto ahí permanecen, dispuestos a ser algún día realidad, a fin de extender a un mayor número de ciudadanos el trabajo realizado.
¿Por qué las murallas de Cádiz como protagonistas de su nueva investigación?: "Llevaba muchos años coleccionando fotografías y comprobando el protagonismo tan importante de las murallas en muchas de ellas a lo largo del siglo XIX. Así, me planteo la organización de una exposición sobre este siglo y las fortificaciones de la ciudad. Mientras que trabajo en la documentación de las imágenes me surge el interés por conocer la historia de las murallas, por qué están ahí, cómo se levantaron y quiénes la diseñaron y pagaron. Con todo ello, me meto de lleno en la elaboración de un ensayo histórico".
Durante el proceso de elaboración de esta documentación, en la que ha invertido cuatro años ("y otros 25 en la colección fotográfica", especifica), comprueba que lo publicado sobre las murallas de Cádiz es muy escaso y en su mayor parte con una temática muy limitada. "De esta forma, me planteo dar al trabajo un componente didáctico, que me sale de mi condición de profesor, eliminando los excesos de erudición para que, así, los ciudadanos puedan contar con un compendio del tema y tengan claras todas las circunstancias que rodearon a la relación de las murallas y Cádiz, especialmente en lo relacionado con el componente bélico y geográfico (como, por ejemplo, la fuerza de lo construido en el frente de la Bahía, la zona más rica de la ciudad; frente a la precariedad del frente del vendaval, siempre azotado por los vientos y donde se situaban los barrios más pobres).
Con estos mimbres indica Rafael Garófano que "me planteé un libro muy dual, con una primera parte a modo de ensayo (extenso pues ocupa un centenar largo de páginas) con imágenes prefotográficas (grabados, litografías y cuadros) y la imagen tridimensional de la maqueta de la ciudad; la segunda parte se centra en un álbum fotográfico que hubiera sido el catálogo de la exposición nunca organizada".
Lo cierto es que el ensayo se convierte en un pequeño tratado histórico sobre la ciudad y sus fortificaciones, desde la muralla de la villa medieval, pasando por la muralla primitiva de la puerta de tierra y los numerosos castillos y baluartes que se van levantando en los salientes de la costa y que, en parte, se unirán con los lienzos de la muralla.
La espectacular colección fotográfica tiene, en un principio, una aportación esencial de autores franceses que a partir de mediados de la década de 1850 (de la que data la primera fotografía de la ciudad) incluyeron a Cádiz en sus colecciones comerciales de vistas estereoscópicas para lo que se utilizaban unos visores que facilitaban una 'visión en relieve' de las imágenes captadas.
La primera fotografía donde aparece la muralla data de 1857 y está editada por Gaudin Frères. Se denomina La Señal y muestra la instalación que servía para la comunicación mediante banderas de señales desde el, entonces, precario muelle gaditano. Al fondo, se pueden ver el desaparecido baluarte de San Antonio y un extremo del edificio de la Aduana, hoy la Diputación Provincial.
La colección se complementa con trabajos de Charles Clifford, Jean Laurent (uno de los clásicos de la época), el equipo de M. Léon y J. Lévy o Rafael Rocafull, que abrió un estudio de retratos en Cádiz en 1859. Junto a los fotógrafos profesionales y los extranjeros, el libro aporta referencias de las obras de aficionados como Rafael de la Viesca, Ramón Muñoz o Francisco Ordóñez, sin olvidar al profesional José Reymundo.
El lector podrá observar cómo a partir de las imágenes captadas en 1885 se produce un cambio de escenario, pues el fotógrafo no se limita a captar los elementos inmóviles sino que aparecen también figuras en movimiento (personas, carros y carruajes tirados por animales). Ello se debe a las nuevas técnicas fotográficas cuya velocidad ya no transforma en espectros a lo que en verdad eran personas que, en ese momento, paseaban por delante del objetivo del fotógrafo, como se hace evidente en las imágenes del recinto portuario fechadas antes de ese año.
El recorrido realizado por Rafael Garófano ofrece imágenes sorprendentes de la ciudad: el paseo de las Delicias con el viejo faro y los polvorines de Santa Catalina, el paseo peatonal por las murallas junto al muelle, los baluartes ya inexistentes en el Campo del Sur y en la Bahía, la construcción de la Avanzada en el castillo de San Sebastián o el inicio del derribo de las murallas que en una primera fase, antes del inicio de la eliminación de los glacis, se alargó entre 1906 y 1917, fecha en la que Garófano pone punto final a esta investigación. Elección de una fecha que justifica por la existencia de un archivo más extenso de imágenes recientes, incluso algunas más frescas en la memoria ciudadana, y por el interés por rescatar los documentos más antiguos y, por ello, desconocidos hasta el punto que el 80% de las fotografías recopiladas proceden del extranjero.
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