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"No todo el mundo es un manitas"

Comercio La llegada del gigante sueco a Jerez

Comerciantes del mueble de la capital asumen que la multinacional IKEA influirá en sus negocios al principio, pero defienden la especialización y el trato directo a un tipo de cliente que no tiene que realizar los montajes

Interior de la tienda muebles Mobarí, en la avenida Ana de Viya.
J.m. Sánchez Reyes / Cádiz

21 de abril 2010 - 01:00

La sombra de IKEA es alargada. Su llegada a Jerez ha puesto en guardia al sector del mueble y el menaje del hogar de la capital gaditana. La fórmula gigante sueco + crisis económica hace temblar a cualquiera. Los comerciantes del ramo en Cádiz reconocen que la cercana presencia de esta multinacional repercutirá en sus negocios, pero se guardan en la manga el as de la especialización, de la atención personalizada y de la fidelidad de un tipo de cliente -básicamente por edad- al que no ven dando vueltas por un IKEA masificado.

"Aún es pronto". Ahí coinciden los consultados a la hora de analizar la posible repercusión de IKEA en sus establecimientos. También, curtidos ya en mil batallas y con múltiples heridas de guerra, apuestan por capear, una vez más, el temporal como se pueda. "Nos va a hacer daño, no cabe duda, y encima con la crisis económica, pero confiamos en nuestra mayor calidad del producto, en la atención personalizada al cliente. Habrá que ofrecer otras opciones y echar mano de la imaginación. Quejarnos no servirá de nada", señala Eva Díaz, encargada de Pestana Hogar en la avenida. "Llevamos 51 años abierto y esperamos seguir muchos más. Debemos hacernos fuertes como podamos", indica José Montesinos, de Mobarí, en la avenida Ana de Viya. Montesinos muestra un lado pesimista: "Influirá, para qué vamos a engañarnos. IKEA es un monstruo, con un tipo de mueble distinto y será complicado competir. El que diga que no influirá, se equivoca. El Corte Inglés ha influido, aunque algunos decían que el comercio tradicional estaba preparado e incluso hubo quien dijo que iba a poner una tienda enfrente, y ahora esos locales están vacíos, en alquiler. Y se tarda muchas veces más en llegar al centro de Cádiz que en llegar a Jerez".

Óscar Vega, de Galería Muiños, en los Callejones de Cardoso, está curado de espanto y no cree que vaya a ser competencia directa. "Pero va a jorobar", puntualiza. Vega se resigna: "La cosa está tan mal que hasta da lo mismo que venga o no IKEA. Obviamente, ayudar no va a ayudar, aunque creo que lo que ofrecen va encauzado a un público muy puntual".

Cambian las tornas. Los comerciantes no están tan preocupados, se hacen monárquicos y avisan de las imperfecciones de la República Independiente de tu Casa. Eva Díaz muestra el camino con gran seguridad en un rotundo vaticinio : "La provincia de Cádiz ha sido de las últimas en recibir a IKEA, pero ya teníamos IKEA a poco más de una hora, en Sevilla. Según me cuentan compañeros del sector de otras capitales, los primeros meses se deja notar el impacto. Pero cuatro meses después, IKEA ofrecerá lo mismo y ya no tendrá el mismo encanto. Y ya, luego, todo se normalizará".

En Duna, Mueble y Decoración, tienda situada en el Pasaje Pablo Ruiz Picasso, se hacen fuertes tras el mostrador defendiendo el territorio conquistado con el sufrimiento propio del pequeño comercio. "Cambiaremos los artículos que se parezcan y traeremos otros nuevos. Nosotros somos diferentes, de ahí que tengamos que potenciar nuestras características", asegura María Román. Sigue exponiendo su punto de vista sin temblarle la voz. "Confiamos en nuestros servicios, entre ellos el montaje de los muebles. Muchos creen que montar un mueble de IKEA es fácil, pero no todo el mundo es un manitas", argumenta.

María Román plantea una de las claves, a la que se suma José Montesinos. "No todo el mundo en Cádiz es un manitas". Y que lo diga. En Mobarí lo tienen claro. "Existe un tipo de público de 45 años para arriba que prefiere el comercio tradicional. Si al mueble de IKEA le añadimos el porte y el montaje, no es tan barato. Mi padre, por ejemplo, no se mete en una bulla en el IKEA con un lápiz y un metro. El público de Cádiz que quería ir a IKEA ya ha ido a Sevilla. Lo de Jerez no es tan novedoso", explica con meridiana claridad y contundencia.

Los comerciantes se debaten entre el temor y la esperanza, aunque parece que no ven el futuro tan negro como pudiera parecer con la llegada de IKEA. Confían en sí mismos. No les cabe otra. Esperar que pase pronto la crisis es un esforzadísimo ejercicio de fe.

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