Infravivienda en Cádiz: “¡A mis 79 años llevo ya más de 4 meses durmiendo en el sofá!”
Apuntalados en Puntales. Así sobreviven algunos de los vecinos de Explanada 1 y 3 y Dársena en unos antiguos pisos municipales y en otros que lo siguen siendo
“¡No quiero ni pensar en que le pasase algo a ninguno de los niños! ¡Me muero!”, clama una de las afectadas
Desalojadas en Cádiz tres vecinas de pisos de Procasa apuntalados
A sus 79 años, Rosario, Chari para sus familiares y vecinos, lleva más de cuatro meses durmiendo en el sofá de su modesta pero escamondadísima casa de dos dormitorios en un bajo del gaditano barrio de Puntales. En la misma que se crió cuando eran doce de familia: sus padres, ocho hermanos “y dos criaturas acogidas, de la calle, que vivieron con nosotros hasta que se hicieron hombres”. 71 años hace que vive en ella. “Mis padres fueron los primeros que entraron en el grupo”, recuerda.
Rosario lleva casi 150 días durmiendo en el sofá porque los dos dormitorios de este piso del antiguo Instituto Nacional de la Vivienda, que luego heredó la empresa municipal Procasa, están apuntalados desde el pasado mes de septiembre. Con cuatro puntales amarillos y dos tablones cada par de ellos, dos en la cabecera y dos a los pies, como un injusto e indignante dosel forjado en la absoluta precariedad. Y a Rosario le da miedo dormir allí. “Estoy temiendo que empiece a entrarme agua, porque si pasa, se me pondrá chorreando el techo de seguida y se me caerá encima ¡Estoy durmiendo en el sofá, con 79 años que tengo ya! Y cuando en verano y en Navidad vienen mis hijos a verme con mis nietos tenemos que irnos a otro sitio a dormir ¡No quiero ni pensar en que le pasase algo a ninguno de los niños! ¡Me muero!”.
Pero es que Rosario tampoco puede cocinar tranquila. En el techo de la cocina los técnicos le abrieron una cata como una carpeta de grande. Y allí sigue cerrada, tan solo con un trozo de cartón pegado con cinta de reparación. “He pedido que me lo dejen tapado, aunque sea así, porque sé que dentro de los falsos techos hay cucarachas y ratas”, confiesa sofocada.
"Cuando nos las vendieron era alcaldesa Teófila Martínez, arquitecta técnica de profesión"
Rosario es solo una de las siete vecinas, de las siete familias, de las fincas de Explanada 1 y 3 que malviven en estas lamentables condiciones que heredaron de la empresa municipal Procasa, cuando les compraron sus viviendas entre 2004 y 2006. “Era alcaldesa de Cádiz Teófila Martínez, de profesión, arquitecta técnica”, recuerda uno de sus vecinos, quien asegura que no les quedó otra opción. En la calle Dársena hay más personas afectadas.
“No hay derecho a esto, no hay derecho… Estos pisos son muy viejos, tienen 71 años, porque yo entré aquí con ocho, y nunca se les ha puesto una mano encima. Todo ha sido lavarles la cara por fuera. Y se acabó. No, no… Hay que tener un poquito de conciencia y arreglarlo todo, no digo que de golpe, pero, por lo menos, poco a poco. Hoy uno y mañana otro, sí que se puede. Porque desde que nos pusieron los puntales no han hecho nada más. Y ahora el Ayuntamiento dice que tienen prioridad los pisos que son municipales, porque como nosotros somos propietarios… Entonces, cuándo haya una desgracia, ¿qué? Y te contestan: Bueno, si hubiese una desgracia… ¡Eso no es así, no es así!... Porque todos somos humanos y nos podemos equivocar… ¡Que llevo durmiendo en el sofá desde octubre!”, lamenta Rosario.
El jueves 29 de enero [este reportaje se hizo el miércoles] a Rosario la desalojaron después del desprendimiento del techo de una cocina durante una cata. “Le ofrecieron dos semanas en una pensión y en principio dijo que prefería irse a casa de una hija que tiene en Palencia. Pero luego se arrepintió porque no quiere dejar su casa de toda la vida abandonada y de momento está en San Fernando”, contó a este periódico Ramón, su vecino de enfrente.
“En estos pisos hay muchos problemas de filtraciones de aguas y de bajantes, como poco, desde hace 30 años”, relata Paco, otro de los afectados. Llegó a su casa a los 13 años. Hoy tiene 81. “Es toda mi vida”, resume con dolor. “Cuando nuestras casas eran de Procasa venían y hacían algo, pero nada más. Porque nosotros íbamos al Patronato a presentar los partes de los daños: uno, otro, otro... yo no sé cuántos tendrán de esta vivienda, de la de Chari…”
"¿Qué hacemos sin nos desalojan? ¿Nos vamos a la plazoleta con una tienda de campaña?"
“La última vez que nos hemos visto con algún representante municipal ha sido con el alcalde. Y lo que nos dijo fue que se comprometía a evitar que hubiese ninguna desgracia, pero que si veía alguna vivienda en la que no se pudiese habitar, ¡a la calle!… ¿Qué hacemos entonces? ¿Nos vamos a la plazoleta con una caseta de campaña?”, se pregunta Paco.
Los vecinos, puerta con puerta, de Rosario llevan 22 meses con la salita apuntalada. “No es problema de nuestro techo, pero arriba nuestra, en el tercer piso, hay una columna que está mal, que tiene una grieta en la que, al parecer, cabe una mano. Y para que un posible derrumbe no haga un efecto dominó, nos han apuntalado”, cuenta Ramón. En ese piso de Procasa, al que se le hunde le suelo, como al de arriba, “viven cuatro niños pequeños”, asegura Luis, su pareja. “En nuestro dormitorio los puntales llevan dos meses, pero es por una pequeña grieta, por prevención”, añade Ramón.
“Los vecinos hemos hablado desde hace tiempo de arreglar esto, pero nos sale por un millón y pico de euros y en un edificio que tiene aluminosis, con un 65% de ellos mayores de 65 años, cobrando pensiones súper bajas. Si les quitas al mes 200 euros durante 15 años, la deuda ¿Qué va a ser? ¿Hereditariaa para los que vienen detrás?”, se pregunta Ramón, que vive allí desde hace 17 años con Luis, que habita en este piso desde 1971. “Lo estamos hablando con el Ayuntamiento, pero en el primer encontronazo que tuvimos con el concejal de Urbanismo nos dijo que lo único que había era, a lo mejor, dejarnos un piso, por si teníamos que salir los de los bajos, para que nos metiésemos en él un mes y medio, pero que estaba por ver. Y en los otros encuentros que hemos mantenido con el concejal y con el alcalde, por ahora a lo único que hemos llegado es al tema de la seguridad”, lamenta Ramón.
“Después han dicho que van a hablar con la Junta de Andalucía. Y gracias a la labor de la Asociación de Vecinos Fuerte de San Lorenzo del Barrio de Puntales, que preside Pilar García, vamos a tener una reunión con la delegada territorial de Vivienda. Eso, a medio plazo. Y a la hora de pagar, ¿cómo lo hacemos? Nos dijeron que mirarían a ver si encontraban una ayuda para personas con pocos ingresos, como los jubilados. Pero eso está por ver, sobre todo ahora que entramos en elecciones el año que viene…”, sospecha Ramón.
"Si cumples con la ley, la constructora no encuentra beneficio"
“El Ayuntamiento lo que dice es: ¿Cómo voy a dar dinero público a propietarios? Y yo lo entiendo perfectamente, pero es que las casas eran municipales y hay dos locales apuntalados, también municipales…”, añade este vecino. “A largo plazo, estaba la posibilidad de vender a una constructora para que hiciesen aquí viviendas nuevas. Pero la ley dice que no puede haber más de cuatro alturas y que por cada piso hay que entregar un aparcamiento. Si aquí construyes pisos y aparcamientos para 64 vecinos, la constructora no tiene para beneficiarse. Si os hago a vosotros las casas ¿Con qué me quedo yo? ¿Con cinco solo? Se nos planteó una reforma de la ley y la cesión de los terrenos a cambio de la entrega de una casa. Pero esto es muy a lo largo. Y nosotros no tenemos 10 o 20 años como el Cerro del Moro”.
“Mi casa es la que está peor”, dice Carmen, otra vecina, inquilina de Procasa. Hace ya un mes que la desalojaron y realojaron en un bajo del mismo bloque. Y menos mal que lo hicieron porque el techo del dormitorio de su hija parece a punto de caerse. Derribaron por seguridad el falso techo y se acabó desplomando. Solo se ven las bovedillas, por donde entra el agua. El de sus dos hijos también está apuntalado. “Como tengo problemas de pulmón, yo me tengo que ir a dormir a casa de mi madre, y así vamos aguantando el tirón”, dice Carmen. “Llevo cerca de un mes sin subir porque no quiero ni ver como está esto”, confiesa Ignacio. su pareja.
El cuarto de baño, que estaba recién reformado e impecable, también carece de techos. Lo han tapado con unos plásticos para evitar, sin mucho éxito, que entre el agua. “A nosotros nos vendieron las casas al modo asustaviejas. A mi suegra le dijeron, que ella no lo entendía: Es que si vosotros no compráis las casas, esto no pasa a vuestros hijos porque cuando se acabe el contrato, se acaba todos. Eso fue así. es la puñetera realidad. Y eso lo hizo el equipo de Teófila Martínez”, sentencia Ramón. “Y en el año en que compramos ya era obligatorio pasar una inspección técnica para poder vender una casa y ellos no sometieron los pisos a ninguna IT. ¿Que nos costaron 12.000 o 13.000 euros? Sí, pero aquí se han dejado los vecinos mucho dinero en arreglar las casas”.
"Esto es una locura"
Vanesa tiene tres hijas, de 20, 16 y 14 años, y está embarazada de ocho meses de un cuarto. Es inquilina de un piso de Procasa del que solo un día después de este reportaje será desalojada. “El estado de mi casa es tremendo. Y en junio cumplo 16 años aquí”. Hace tres meses que le pusieron puntales y el techo del cuarto de baño se lo acaban de romper. “A la cocina le tocará mañana, porque es que si no , me da algo. No creo que pueda seguir aquí porque estamos en unas condiciones de insalubridad total, porque se se me ven los bajantes y todo. Mis hijas están ahora mismo en casa de las amigas , pero mañana vienen. Esto es una locura”.
“Me han dicho que me van a facilitar un realojo provisional, pero es que llevamos así casi dos años. Y ahora es cuando se está viendo que peor todo”, asegura Vanesa. “Se supone que la trabajadora social me dará esta mañana una solución, porque el técnico ya ha comprobado que la viga está completamente rota. Excepto mi dormitorio, tengo casi toda la casa apuntalada. ¿Cómo vive una familia aquí’?”.
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