Fin de la medida en Cádiz: "Ayer se quejaban de la mascarilla, hoy todo el mundo la lleva puesta"
La ciudad se ha despertado este miércoles casi ignorando el decreto del Gobierno que pone fin a la obligatoriedad de llevar mascarilla en interiores excepto en unos pocos supuestos
20 de abril, ni es del 90, ni sabemos si en la Cabaña del Turmo a la que cantara Celtas Cortos, allá en Benasque (Huesca), se ha hecho, o no, caso omiso al decreto 286/2022 que pone fin a la obligatoriedad de llevar mascarilla salvo en tres supuestos concretos. Lo que sí podemos es dar fe de que este 20 de abril de 2022 en Cádiz, la ciudad más cantada del mundo, se parece demasiado al día anterior, y que al anterior, y que a todos los días que conforman la sucesión desatada el 11 de febrero cuando el Gobierno puso fin al uso de mascarillas en exteriores. Y este 20 de abril, como aquel 11 de febrero, cada uno ha hecho con la norma lo que buenamente ha querido. 20 de abril de 2022, en Cádiz no se lleva la mascarilla en los mismos lugares donde no se llevaba desde hace mes y medio, y se lleva mascarilla en los mismos sitios. Así somos. La vida sigue igual, por citar otra canción.
Y será porque nuestra extraña y maravillosa especie balancea entre su enorme capacidad de adaptación y su indefectible tendencia a la monotonía del animal de costumbres, este miércoles nos ha costado volver a sonreír con la boca en los lugares donde en estos dos últimos años lo hemos hecho con los ojos. "Ayer se quejaban de la mascarilla y hoy todo el mundo la lleva puesta", protestaba con la ternura que sólo puede imprimir la comprensión al reproche una encargada de una conocida cadena de supermercados en los alrededores del Mercado. Y es que, quizás, simplemente sólo seamos eso, el mismísimo espíritu de la contradicción hecho carne.
Nos hemos amoldado a expresar las emociones modulando nuestra voz, achinando o agrandando nuestros ojos, avivando las manos, hasta nos acostumbramos a querernos de lejos, pero cuánto,¡diosmidemialma!, hemos criticado a esa bendita mascarilla que tantas vidas ha salvado de este virus aniquilador y que, en cierta manera, nos devolvió el aire, nos devolvió la calle. Y a la calle que nos hemos ido este 20 de abril (del 90, se siente, deformación generacional) para ver que, irónicamente, nos cuesta ahora deshacernos de ella. Para ser testigos de cómo en bancos y supermercados, tiendas de ropa y bibliotecas, panaderías y hasta en el Mercado Central, el usuario sigue portando orgulloso su mascarilla en espacios cerrados. Por “precaución”, “por miedo”, “por que sí”... Por inercia.
Hasta por un raro sentido de la solidaridad con el de enfrente. Porque el de enfrente, el que está al otro lado del mostrador en muchos de estos establecimientos, lleva su mascarilla por mandato de la empresa o del jefe de turno. Hasta en espacios municipales (recordemos, un Ayuntamiento que ha estado liderado por la marca Podemos de la que José María González se ha ido despegando) obliga, al menos, a los empleados de la biblioteca Celestino Mutis, a llevar mascarilla y recomendar su uso al usuario; o ha dejado sin recomendación alguna a otros de sus equipamientos como el Pabellón del Casco Histórico donde su personal, atendiendo al BOE, dejaba pasar a los socios con y sin una mascarilla que, ante el silencio administrativo, ellos mismo llevaban. Por si acaso...
Por si acaso la llevan también algunas empleadas de la perfumería Primor, aunque sea de los pocos (escasísimos) comercios en Cádiz que han dado desde este miércoles libertad a sus empleados para cumplir con el Real Decreto. Y por si acaso también la llevan las clientas de muchas de las peluquerías del centro ciudad. "Total, no cuesta nada, ya me he acostumbrado". Por si acaso las llevan las cientos de personas que durante esta mañana han entrado en los Carrefour, en los Jamones, en los Día... En el de la Plaza, por cierto, una joven Erasmus polaca lucía sonrisa en un mar de bocas tapadas. En Polonia no la llevan desde hace unos meses y ella estaba "loca" por quitársela ya.
Ah que es una chica joven... Error... En la Universidad de Cádiz, donde se han ajustado estrictamente a la ley marcada por el Boletín Oficial del Estado, es decir, que no hay obligatoriedad para llevar la mascarilla ni para los alumnos ni para el personal, hoy tampoco ha sido la fiesta del destape. Sí, bastantes alumnos se han liberado de la medida sanitaria pero otros muchos seguían portándola. En Empresariales, en Filología, en Medicina. Sí, en Medicina también. Están los que sí la llevan y están los que no. Una realidad bien diferente a la vivida la mañana de miércoles en el resto de centros educativos donde se mantenía la obligatoriedad hasta que el consejero, a las 11.00 de la mañana en Villanueva de la Serena, no cayó en que el decreto dice lo que dice, vamos, que no es obligatorio llevar la mascarilla en el interior de los colegios e institutos. A esta hora (alrededor de las 15.00 del 20 de abril) ni profesores ni alumnos no habían recibido notificación alguna de la administración.
Los bares (sí, mejor bebamos) es harina de otro costal. "Señorita, si me permite lo digo claro, aquí y en todos los bares la gente entra ya sin mascarilla desde hace mes y medio". No le falta razón al camarero, mascarilla mediante, que en menos de seis meses se habrá visto en la tesitura de pedir el pasaporte Covid a ver llegar a la clientela a su libre albedrío.
Quizás, el cambio más notable, y más agradecido, se da en los gimnasios donde los clientes han abrazado con regocijo la norma desde este primer día de intentona de antigua normalidad. Pocas mascarillas, excepto en las caras de algunos monitores y recepcionistas, se han podido ver en los centros deportivos donde los rictus de euforia y sufrimiento ya se disfrutan al desnudo.
Desnudos... Puede que, al final, así nos sintamos sin la mascarilla asida a nuestras orejas. Así que cada uno se desvista a su tiempo. Que en estos dos años hemos caminado por el alambre, hemos ido de la claustrofobia al vértigo. ¿Qué de ajeno tienen el miedo y pudor y hasta la excitación que proporciona la libertad de la desnudez? Caminemos, cada cual como se sienta cómodo, pero aceptando ya que todo pasa y todo queda... Golpe a golpe y verso a verso. Que hoy hay ganas de cantar (yo sin mascarilla).
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