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Federico Fernández, exdelegado de Medio Ambiente: "La provincia goza de un adecuado equilibrio en planificación turística"
Fue director del Parque Natural Sierra de Grazalema y en la actualidad es profesor del Máster en Conservación y Gestión del Medio Natural de la UCA. Ha publicado el libro ‘Mi vida en la naturaleza’
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Federico Fernández (Rota, 1961) es licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Sevilla y tiene un Máster en Gestión de Áreas Litorales por la Universidad de Cádiz. Fue delegado territorial de Fomento y Vivienda (2017-2019); secretario general de Agricultura y Alimentación de la Junta de Andalucía (2015-2016); delegado territorial de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio (2015) y de Agricultura, Pesca y Medio Ambiente (2012-2015) en la provincia de Cádiz; gerente provincial de la Agencia Andaluza del Agua (2008-2012); jefe de la Demarcación de Costas Andalucía-Atlántico en Cádiz (2006-2008); jefe de servicio de Gestión del Medio Natural (1998-2006); jefe de departamento de Conservación de la Naturaleza (1997-1998) en la Delegación Provincial de Medio Ambiente, y director conservador del Parque Natural de la Sierra de Grazalema (1995-1997), donde también ejerció su profesión de biólogo entre 1988 y 1992.
En la actualidad es profesor del Máster Universitario en Conservación y Gestión del Medio Natural y del Máster en Gestión y Administración Pública de la Universidad de Cádiz y el año pasado publicó su primer libro ‘Mi vida en la naturaleza. Biología de la Conservación de la provincia de Cádiz’, de la editorial Q-Book.
Pregunta.–Tras una vida ligada al Medio Ambiente ha publicado ‘Mi vida en la naturaleza’. ¿De qué trata?
Respuesta.–El libro es un retrato de familia, de la familia que protagonizó la construcción de las políticas de conservación de espacios naturales y de la fauna y flora en una provincia que fue pionera en Andalucía y en España. A su vez, refleja los grandes logros conseguidos en materia de biología de la conservación, en la que Cádiz ha sido punta de lanza, especialmente en lo que respecta a la reintroducción de varias especies de aves en situación crítica.
P.–Usted fue jefe, durante varios años, de la Demarcación de Costas y delegado territorial de Medio Ambiente, ¿cuáles fueron los mayores retos a los que se enfrentó en ambos periodos?
R.–En la Demarcación de Costas fue una prioridad darle protagonismo al patrimonio marismeño y salinero de la Bahía de Cádiz, que estaba hasta entonces en un segundo plano en comparación con la construcción de paseos marítimos y espigones en las playas gaditanas. Se elaboró el Plan Bahía y así nacieron, entre otros, los proyectos del Sendero del Carrascón, la recuperación de la Salina de la Esperanza y la restauración del Castillo de Sancti Petri y los molinos de Zaporito y San José (hoy sede de un afamado restaurante con tres estrellas Michelin). En la actualidad, el gran reto sería proteger el parque y sus vueltas de afuera ante el cambio climático y la subida del mar, implicando al Ministerio y a la Junta, que están muy pasivos al respecto.
R.En la Delegación de Medio Ambiente, Agricultura y Ordenación del Territorio el reto principal fue establecer una coordinación eficaz en un maremagnum colosal de departamentos y competencias concurrentes, en especial en materia de desarrollo rural y espacios protegidos, así como en la protección de costas y urbanismo.
P.–También fue director conservador del Parque Natural Sierra de Grazalema, ¿en qué basó la mayor parte de su trabajo?
R.–En un parque, el rol principal de un director es facilitar una interlocución cercana y fluida con los agentes sociales (ganaderos, empresarios de turismo rural, cazadores, ecologistas...) y muy especialmente con los ayuntamientos. Mi etapa fue decisiva en la elaboración del primer Plan de Ordenación de los Recursos Naturales del parque (el primero que se redactó en Andalucía), que es la herramienta clave para tomar las decisiones que afectan al día a día de un espacio protegido. Entre las actuaciones de uso público, me siento muy orgulloso de haber propiciado la creación del Jardín de los Pinsapos en Zahara de la Sierra.
P.–Este parque natural fue el primero declarado como tal en Andalucía, ¿recuerda si hubo oposición por vecinos y agricultores de la zona o fue una noticia celebrada?
R.–La declaración del parque fue “pacífica” y de hecho este parque fue espejo para los siguientes espacios protegidos que se declararon en Andalucía. Fue decisiva la implicación del entonces alcalde de Grazalema, Antonio Mateos, y la actitud dialogante y flexible de la Agencia de Medio Ambiente y en particular del equipo del parque.
P.–¿Cómo se llevó a cabo la reintroducción de especies como el águila imperial o el águila pescadora en entornos naturales de la provincia?
R.–Los proyectos de reintroducción del águila imperial, el águila pescadora y el ibis se hicieron con el soporte científico de la Estación Biológica de Doñana, la Fundación MIGRES y el Zoológico de Jerez, con un fuerte apoyo financiero de la Junta de Andalucía y con una gran implicación de muchos propietarios. La reintroducción de estas tres especies no sólo las beneficia a ellas, también repercute positivamente en otras muchas que comparten sus territorios y, en general, en los territorios que la albergan. En este sentido, la comarca estrella ha sido la Janda, una zona muy desconocida para la ciudadanía y que requeriría mayor atención por su alto potencial naturalístico y turístico. En este ámbito, el gran reto sería la recuperación de la laguna de la Janda, antaño el humedal más grande de la península.
P.–¿Cuál diría que es la mayor riqueza medioambiental de la provincia de Cádiz?
R.–La mayor riqueza de la provincia de Cádiz radica en la diversidad de espacios naturales protegidos, que incluyen espacios de montaña, de campiña y de litoral muy variopintos, así como por ser uno de los principales pasos migratorios de aves en el mundo. De hecho, casi el cuarenta por ciento de la provincia de Cádiz está incluida en la RED NATURA 2000, uno de los porcentajes más altos de territorio protegido del estado español.
P.–¿Somos conscientes los gaditanos de la riqueza y variedad medioambiental de la provincia?
R.–Somos conscientes parcialmente de esta riqueza gracias a la existencia de una magnífica red de senderos, centros de visitantes y jardines botánicos, sobre todo en los espacios de montaña. Tenemos pendientes descubrir las campiñas de Jerez y de la Janda, que albergan bosques islas de gran valor ambiental.
P.–¿Cree que hemos logrado un la provincia un equilibrio entre explotación turística y conservación del Medio Ambiente y del frente costero?
R.–Diría que Cádiz goza de un adecuado equilibrio en la planificación turística, si bien habría que prestarle algo de atención a determinadas zonas del parque Sierra de Grazalema en las que en algunos momentos se producen situaciones de colapso de visitantes. En cambio, el Parque Natural Bahía de Cádiz, en plena zona metropolitana, tiene un alto potencial vinculado al turismo rural que no está siendo aprovechado, al igual que la Zona de Especial Conservación ‘Acebuchales de la Campiña Sur’ (Janda), que con sus 20.000 hectáreas es un espacio estratégico en la conexión del parque de Los Alcornocales y el litoral atlántico.
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