"Me encanta excitar a los fanáticos e intransigentes"
Con fama de no callarse nunca lo que piensa y de ser polémico, este periodista gaditano y ex concejal, acaba de dejar la presidencia de la Asociación de la Prensa
Fernando Santiago no deja indiferente a nadie. O es muy querido u odiado. Vive subido en una constante polémica y provocación pero a él le va la marcha.
—Usted es una persona muy activa y siempre ha estado metido en multitud de fregados. ¿Cree que se va a aburrir después de haber estado 12 años al frente de la Asociación de la Prensa de Cádiz?
—La verdad es que ahora no tengo nada en perspectiva. Esto era como los entrenadores, había que tener siempre las maletas hechas. Ahora no tengo preparado nada. Es la segunda vez que dejo una actividad muy intensa después de 12 años, primero cuando fui concejal y ahora como presidente de la APC. Por la mañana iré a mi trabajo y por la tarde me dedicaré a leer y hacer deporte.La verdad es que soy una persona inquieta y que siempre está pensando hacer cosas. Esa inquietud ahora no tengo con que darle salida.
—¿A esa inquietud se le puede llamar más bien compromiso?
—Este año cumplo 40 años que fundé el primer equipo de fútbol en Madrid. Con los chavales de mi barrio en Madrid creé el Unión Deportiva 73 de juveniles. Siempre he sido de fundar algo y también de representar a otros, bien fuera en el colegio, en la facultad, en la política o en mi profesión. La verdad es que veo cosas que se pueden hacer y me hierve la sangre. Cuando dejé la política,Antonio Hernández Rodicio, Carmen Morillo y yo creamos La Prensa en la Calle, que derivó en unas comidas y de ahí nació una candidatura a la Asociación de la Prensa. Dejé la política en 1999 y dos años después ya era presidente de la APC.
—¿Es usted la definición pura de un líder nato?
—Al final más bien terminas por ese compromiso desde las cosas más pequeñas hasta las más grandes envuelto en estos temas. Soy una persona a la que siempre le ha gustado hacer equipos y no un secante. Todos tienen que sentirse representados y cuando uno demuestra que no tiene intereses particulares, la gente acepta tus palabras y te hace un depósito de confianza.
—¿Por qué se siente tan a gusto con la polémica?
— Detesto aburrirme y aburrir. Un columnista o un bloguero no puede aburrir y por eso yo siempre procuro hacer un regate ya que que para no aburrir tienes que sorprender. Yo no tengo humor, ni tampoco talento.Admiro a gente como Pedro Ingelmo, Tamara García, a Pepe Landi en su blog o a Carmen Morillo por ese talento que tienen. Yo tengo que buscar la manera de sorprender y eso no me importa que lleve a la polémica. Muchas veces escribo algo y la gente se indigna. Yo veo que es otro que ha picado y me río. Ese es el momento en el que digo que he conseguido mi objetivo. Me gusta excitar a los fanáticos y a los intransigentes pero para ello también es imprescindible saber reírse de uno mismo. Este papel me resulta divertido y la verdad es que Cádiz es una ciudad muy fácil para provocar.
—¿Por qué?
—Todo se ha vuelto sota, caballo o rey. Es como tirar una piedra a un estanque, todo es muy previsible y en política también. Ya sabes lo que van a decir.
—Pero su figura no deja indiferente a nadie. Tiene tantos detractores como seguidores.
—Los detractores, los que me odian, me leen con más interés. Todo el que da opiniones controvertidas llega al final a ese punto. Como no me importa la polémica, prefiero ser una persona controvertida. Eso sí, el tiempo en el que he estado al frente de la APC he tenido cierta contención para que no repercuta en otros. A pesar de intentar diferenciar, ha habido otros que no lo han sabido hacer. Una vez escribí una columna contra la motorada y al otro día en una asamblea de la FAPE, miembros de la antigua directiva de la Asociación de la Prensa de Jerez me lo reprocharon y dejaron de venir a la reuniones de la andaluza porque yo la presidía. Esa era una opinión mía y no de la APC.
—¿Y no se lo ha pensado dos veces a la hora de escribir después de sufrir una agresión como de la que fue víctima?
—Después de aquello pasé unos días con agorafobia. Yo escribí artículos hablando del absentismo en Delphi y alguien hizo copias y los ex trabajadores y sus familias fueron a la sede de la asociación y ya allí hubo un primer tumulto. Después se firmó el protocolo para Delphi con el que no estaba de acuerdo y que el tiempo me ha venido a dar la razón. En las ciudades pequeñas hay miedo a que la gente diga las cosas como las siente. Yo no soy valiente, es más bien temeridad.
—¿Pero podía pensar que llegaría un día en el que le iban a pegar?
—Si algo me parece mal, lo escribo pero jamás pensé que la cosa iba a llegar a esos extremos. Por ejemplo se pusieron a insultarme en el Teatro de Las Cortes cuando se inauguró el Centro de Interpretación del Parlamentarismo. Cuando se fueron las autoridades, les dije a los jefes de policía que me iban a dar la del tigre y se empezaron a reír. Según salimos se vinieron corriendo para mí 15 o 20 con la suerte de que por allí pasó el coche oficial del entonces presidente de la Diputación, Paco González Cabaña, y me pude meter en él. En el blog me dijeron de todo y enviaron amenazas a mi casa. Mi familia llegó a estar asustada. El día de la agresión yo fui a comprar pasteles a Casa Hidalgo e iba camino de la APC cuando me abordó este hombre, del que yo había escrito a favor de la causa de su hija y donde al final recordaba que había sido uno de los que había estado en las puertas de la APC el día que fueron a buscarme. Me dijo que no volviera a escribir más de ello y me pegó. Me dejó sorprendido pero lo denuncié con la suerte de que las cámaras de Sfera lo habían grabado todo. Hombre, sigues con el tema de que algo puede pasar, pero no puedo dejar de escribir lo que opino y Delphi es un tema más.
—¿Ha dejado gente de hablarle por lo que ha escrito?
—Sí, pero me da un poco igual. El que lo ha hecho es porque no es mi amigo. Yo soy un poco siciliano para mis amigos. En 35 años de profesión puedo presumir de que nunca me han condenado por algo que haya escrito. ¿Que no les gusta lo que opino? Me da exactamente igual.
—Usted fue un visionario con el Bicentenario y Teófila Martínez se encarga de recordarlo. ¿Le debe a usted algo la ciudad por ello?
— Siempre me ha preocupado irme bien de los sitios y aquello surgió cuando ya me iba de la política y del Ayuntamiento. Había visto lo que había ocurrido en Barcelona y en Sevilla con el chorro de inversiones que había llegado con las Olimpiadas y la Expo y aquí teníamos el Bicentenario del momento cofundacional de España. A Teófila le pase una lista de ideas que tenía en la cabeza, como la celebración e una Cumbre Iberoamericana, que Cádiz fuera Patrimonio de la Humanidad y que fuera nombrada Capital Cultural Europea, entre otras,. No tengo más mérito que el haber empujado a los que tomaban las decisiones. Teófila es inteligente para esta cosas y vio el futuro que había en ello. Ella lo ha reconocido muchas veces en público y yo se lo agradezco.Después he podido estar en un lugar importante para trabajar por el Bicentenario como ha sido la Asociación de la Prensa.
—Usted es un declarado hombre de izquierdas, pero no le importa reconocer a Teófila cuando es necesario.
—Cuando uno deja la política activa carece de prejuicios sectarios. Tengo claro que Teófila será enjuiciada por la historia como una buena alcaldesa. Eso sí, yo con Teófila tuve peleas que ni con Carlos Díaz pero yo no lloraba nunca. A mí no me callaba nadie.
En el tema del Bicentenario he tenido muy buenas relaciones con personas como Pizarro, Menacho y Rafael Román, pero la única persona a la que le he ido a presentar algo y me ha dicho qué necesito ha sido Teófila.
—¿Esa trayectoria le ha servido después como presidente de la APC para que se le pusieran al teléfono a la primera políticos de todas las administraciones?
—La política me ha servido porque la gente sabía quién era. Yo fui un concejal muy ruidoso.
—- ¿Usted fue un concejal mediático?Salía un día sí y otro también en los medios y siempre tuvo muy buena relación con sus colegas de profesión los periodistas.
— Mi compañero de fatigas en política, JerónimoAndreu, me dijo una vez que yo nunca dejé de ser periodista siendo concejal. Esa tarea de edil me llevó muchas horas y a veces los periodistas me llamaban para conseguir papeles que el equipo de Gobierno no les daba. Mi idea cuando hacía una rueda de prensa era dar siempre una noticia. Ahora lo que veo es a gente dando opiniones. Yo convocaba la rueda de prensa para dar datos.
—¿Cree que ha bajado mucho el nivel de la política en general y, concretamente, a nivel local?
— En general lo que ha pasado en la política es que se ha convertido en una profesión más. Antes era más una vocación y sólo en algunos casos estaba retribuida. Ahora se puede vivir de la política como de cualquier otra cosa. Antiguamente había gente como Josefina Junquera, Hipólito García, Gregorio López, Romero Abreu y otros muchos que estaban sólo por el compromiso por la ciudad pero de estos van quedando menos. Hay mucha gente válida que no quiere entrar en la política por la mala consideración que hay de ella. Yo respeto a todos los que están pero desde el momento en el que se vio que se podía vivir de esto y se depende de la lealtad perruna, no se pone a los mejores sino a los más leales.Se exige antes la lealtad que la capacidad. Antes se buscaba lo mejor para los ciudadanos, después para el partido y por último para mí. Ahora esos términos se han invertido.
—¿Está el periodismo herido de muerte?
—Yo creo que no. Estoy en twitter y como todas las redes sociales eso es un patio de vecinos donde todo el mundo habla y comenta pero si quieres que te cuenten las cosas bien hacen falta periodistas. El profesional nada más que se debe a los lectores, a la verdad y a contar la verdad.Esos son los pilares del periodismo. Juan Carlos Aragón, por muchos seguidores que tenga, cuenta una cosa en una red social y sólo es Juan Carlos Aragón. Ahora si es el Diario detrás está una trayectoria de más de 140 años. Una cosa es el periodismo y otra el chafardeo. Al final tienes que fiarte de los profesionales.
—-Sin embargo, ha habido movimientos sociales como el 15-M que han visto a los periodistas y a los medios de comunicación casi como enemigos.
—Creo que se ha hecho mucho daño con la crónica rosa. Ahí comparten espacios algunos periodistas con famosetes. Aunque tienen formatos periodísticos no dejan de ser entretenimiento. Esa mezcla ha hecho mucho daño al periodismo.El País, por ejemplo,que debatió si meter fotografías en color, nunca se pensó que iba a tener secciones tan frívolas como ahora los sábados.
— El periodismo no está herido de muerte pero a las listas del paro van profesionales a montones en los últimos tiempos.
—Ese proceso comienza cuando los que mandan en las empresas periodísticas lo que se llaman “los hombres azules”.Partiendo de que las empresas tienen que ser rentables, antes tomaban más decisiones los periodistas y ahora cada vez son más los empresarios. Antes los contratos eran para toda la vida pero eso ha pasado a la historia. Mucha gente no tiene para vivir, los salarios han disminuido y han aumentado las jornadas de trabajo. En la APC hemos cerrado un bucle. Hace 100 años la entidad se crea para ayudar a pagar un entierro. Un siglo después lo último que he hecho en la Asociación es firmar los vales de comida para periodistas desempleados.Hemos retrocedido 104 años.Ahora bien, sigue siendo una profesión vocacional.
—¿Tiene la APC una imagen de marca consolidada?
—Estoy muy orgulloso de ello. La imagen que tiene la APC es de una entidad importante y significativa en Cádiz y en el movimiento asociativo de la prensa en España tiene peso y prestigio y eso ha sido gracias al esfuerzo de mucha gente para traer a personas importantes, congresos, etcétera. Ese es el principal logro. Cuando la cogimos ya tenía prestigio pero creo que lo hemos acentuado.
—¿Es usted un malaje?
—No bebo, no tomo ni café, no me gusta bailar, no sé cantar y no tengo gracia ninguna. El prototipo de lo que se dice que es el gaditano es lo contrario de lo que soy. Para colmo, aunque soy de Cádiz, no tengo ni acento de aquí. Odio mucho los tópicos. El tópico del gaditano gracioso lo detesto profundamente y aún más al sevillano gracioso y al andaluz de la alharaca y perifolla como decía Caballero Bonald. Todos esos estereotipos le han hecho mucho daño a Andalucía y a Cádiz. No obstante, tengo claro que la mayoría de Cádiz no es así, lo que pasa es que cuando viene una cámara de Telecinco a grabar a Cádiz lo que va buscando es al que cuenta chiste.
—La palabra ‘gadita’ no me gusta pero ¿cree que serlo es algo más que salir en Carnaval, cargar un paso y ponerse una camiseta amarilla cada 15 días?
—A mí tampoco me gusta. La tradición de Cádiz era ser gente culta, tolerante y cosmopolita.A lo largo de 3.000 años ha estado habitada. Blanco White venía de Sevilla a Cádiz porque esta ciudad era más abierta. Esa es la esencia histórica de la ciudad.El carnaval me parece muy interesante porque necesita de mucho ingenio y se renueva todos los años. En cambio a mí me aburre la Semana Santa y si lo digo, eso no va en menoscabo de ser gaditano. Me gusta su historia, sus calles, sus personas. Cádiz es una ciudad muy lectora y muy interesada por su historia. Eso me parece mucho más interesante. Para mí lo ‘gadita’ se encierra en las tres ‘c’: Cádiz C.F., Carnaval y capilleo. No soy cadista pero me alegro si gana. Me encantaría que el Cádiz fuera como el Borussia de Dortmund, tener la mejor Semana Santa y cosas así. Otra cosa distinta es que ataque a los catetos. Observo la ciudad y veo cosas que tienen bajo nivel.
—Ha dejado la política, la presidencia de la APC. ¿Dejará alguna vez su pasión por el Atlético de Madrid?
—Puedo volverme muchas cosas, hasta capilla, pero me moriré siendo del Atleti. Esto es algo que te imprime carácter. No sé si es la fatalidad pero uno siempre está preparado para lo peor. Yo he visto a mi hija llorar por el Atleti .Para mí es una religión sentimental y me encanta hablar del equipo con otros atléticos. Le tengo puesto un microchip a todos los atléticos que hay en Cádiz.
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