Un emprendedor con agallas
La historia de Pedro Cózar, un vendedor callejero de pescado que consiguió abrir una pescadería al lado de la esquina donde se pasó cuatro años
En una esquina labró el futuro que ha encontrado en otra. Pedro Cózar estuvo cuatro años vendiendo pescado en la confluencia de las calles Plata y Cervantes. Reconoce que de forma "ilegal", algo de lo que no está "orgulloso". Mas apunta que "sí me siento orgulloso del motivo, que no era otro que dar de comer a mis hijas y sacar adelante mi casa". Ahora, su paciencia y esfuerzo han tenido recompensa. Pedro se aventuró a abrir su propia pescadería y dejar atrás la incertidumbre de la venta ambulante, el miedo en el cuerpo a ser desalojado por la Policía Local y el riesgo de no tener estabilidad laboral. Muy cerca, en otra esquina, la de Vea Murguía con Cervantes, se quedó vacío un local que ocupaba una peluquería. Y vio la oportunidad de negocio, abriendo sus puertas el pasado mes de julio. Se llama, en homenaje a su origen y al color del género que vende, 'La esquina de plata'.
Trabajaba en la construcción. "La última obra en la que estuve fue la estructura de la tribuna del Carranza", recuerda. La faena se acabó y Pedro quedó en paro, con dos niñas a las que alimentar. No quiso verlas venir y cada mañana se acercaba al muelle a comprar pescado. En la esquina de Plata hizo su clientela. "Vender pescado en la calle siempre genera desconfianza, pero la vecindad fue muy solidaria", asegura. En esa esquina incluso obtuvo la ayuda de empleados del supermercado, que le facilitaban el agua para baldear y no dejar el molesto olor a pescado. Pedro actuó siempre con pulcritud y supo apartarse cuando la Policía Local hacía su aparición.
Se hizo respetar a pesar de su condición de vendedor ilegal. Tenía muy claro aquello de sembrar para recoger. Y la cosecha ha sido satisfactoria. Una señora que entra en la pescadería mientras conversamos con Pedro admite que "ya le compraba en la esquina y ahora, que tiene más género, con más vera". En Plata vendía "sota, caballo y rey". Nada que ver con la variedad que ofrece ahora en su establecimiento. La pescadería le ha venido al barrio como anillo al dedo. La más cercana se encuentra en la calle Beato Diego. La otra opción es la Plaza, que a la señora en cuestión le coge "lejos". Personas mayores que en días lluviosos o por problemas de movilidad no pueden ir hasta el Mercado se acercan a La esquina de Plata. "Tengo aquí varias sillas para que estas personas puedan descansar si esperan turno", señala Cózar. Tan agradecido está que en en el negocio puede leerse esta frase: "La pescadería que usted se merece". "Es por ellos. Aquí nos hemos ayudado entre todos", añade.
El otrora vendedor ambulante es un ejemplo de emprendedor. Ahora es autónomo, no sin pasar ciertas fatigas para abrir el negocio. Andalucía Emprende le posibilitó un Plan de Empleo para que le pudieran dar un préstamo en forma de microcrédito. "Pero de subvenciones, nada", matiza. Pedro Cózar se queja de la falta de ayudas a los que quieren abrir un negocio. "Los trámites son muy lentos. En el Ayuntamiento ponen muchas pegas, además de tasas e impuestos tuve que pagar una fianza por si dañaba la acera o la fachada. Aún no me la han devuelto", explica. Para las licencias de obra o apertura también tuvo que esperar lo suyo. "Llegué a decir en Urbanismo, con ironía, que en Cádiz debe haber una avalancha de emprendedores, porque de lo contrario no se explica que los trámites sean tan lentos. En una ciudad como Cádiz debería ser prioritario ayudar al emprendedor y facilitarles las cosas, pero no es así", comenta.
Con todo por pagar y con casi nada material que aportar, Cózar le echó imaginación a su aventura e intentó que el coste del montaje de la tienda fuese el mínimo. Compró los mostradores a una pescadería que había cerrado en Algeciras y de la peluquería que ocupaba antes su local aprovechó ciertos elementos.
No reniega de su reciente pasado. "Ahora que pago mis impuestos no voy a ser hipócrita y voy a protestar porque un chaval venda pescado en la calle. Hay que entender la necesidad de la gente. No es un problema de competencia desleal, el problema es del sistema. La solución no es multar, la solución es asesorar a los jóvenes para que puedan salir de la ilegalidad", argumenta. Expone la necesidad de "cambiar la mentalidad en Cádiz". Porque, valga más que nunca el símil, "no hay que dar pescado, hay que enseñar a pescarlo. Nos hemos acostumbrado a pedir y a que nos lo den todo hecho, a que nos lo paguen todo. Pero si se quiere, se puede. Yo lo he conseguido". Él sirve de ejemplo, pero aclara que "no soy un héroe, simplemente busqué otra alternativa".
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