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Agadi estaría dispuesta a acordar otra solución para las terrazas de Candelaria

  • La Asociación de personas con discapacidad reclama la semipeatonalización completa de la plaza, siguiendo el modelo del Paseo Marítimo

  • Crece el malestar entre los hosteleros, que se sienten maltratados por el Ayuntamiento

Una de las terrazas de Candelaria, en su nueva ubicación, al pie de la carretera.

Una de las terrazas de Candelaria, en su nueva ubicación, al pie de la carretera. / Jesús Marín

La reordenación de la plaza de Candelaria en aplicación de la nueva ordenanza de terrazas sigue generando malestar entre los hosteleros, que se sienten maltratados por el Ayuntamiento por el traslado de sus veladores a unos estrechos cercados al pie de la carretera. Como ya publicó este periódico, denuncian que se pone en peligro la seguridad de sus clientes y su salud, en tanto que resulta imposible mantener la distancia de seguridad a las que obligan las medidas de prevención frente al Covid-19. Con la agravante de que al menos dos veces al día se ven obligados a colocar y retirar seis pesadísimos postes de cemento de entre 15 o 20 kilos de peso.

De hecho, el propietario de uno de los restaurantes de la plaza, Sonámbulo, ha renunciado a montarla, y las de otros dos, Candelaria y Contraseña, se lo están planteando. En el caso del segundo (recientemente reconocido con un Bib Gourmand por la Guía Michelin), también porque además deben retirar los pesadísimos postes o levantar a los comensales cada vez que entra o sale el usuario de un garaje contiguo, que ya ha denunciado el caso.

Pero ¿qué es lo que motivó que el Ayuntamiento tomase tan drástica decisión? Sobre todo en una plaza en la que no parecía haber problema, en tanto que hasta uno de los colectivos defensores de la máxima accesibilidad, como la asociación de peatones La Zancada, llegó a calificar el caso de Candelaria como ejemplar en pleno proceso de participación previo a la ordenanza. “De manera general, este espacio público es también ejemplo de buen hacer: Mesas de dimensiones adecuadas, locales en los que la actividad es compartida entre espacio interior y terrazas. El resultado: una plaza en la que hay espacio para estar, en la que los niños y las niñas tienen espacio para jugar y los adultos podemos sentarnos en los bancos sin necesidad consumir”, decían en un informe en mayo de 2017. Cierto es que entonces eran sólo cuatro los establecimientos con terrazas y que hoy, con la baja el Sonámbulo, son cinco y se incorporará un sexto. Pero sólo con cinco mesas cada uno.

Cuando se presentó el proyecto de reordenación de la plaza, el concejal de Movilidad, Vía Pública y Urbanismo, Martín Vila, explicó que se hizo en respuesta a una demanda de Agadi, la Asociación Gaditana de Personas con Discapacidad Física, que defiende la accesibilidad universal para todos los ciudadanos, en especial para las personas con movilidad reducida, en cumplimiento de la normativa autonómica y estatal, en unas calles y plazas, algunas de ellas antes atestadas de obstáculos en forma de mesas, sillas y sombrillas.

¿Es, entonces, la actual reubicación la que pidió Agadi? Porque la nueva ordenanza fija unos parámetros y luego su aplicación está sujeta a interpretaciones que dan una horquilla de posibilidades. Más en las plazas consideradas como espacios singulares en el texto normativo. May García, vicepresidenta y responsable de accesibilidad de Agadi lo explica a este periódico:

“Como colectivo, intervenimos muy activamente en el proceso de participación abierto previo a la elaboración de la nueva ordenanza. Y todas las propuestas que hemos hecho son en función de esa ordenanza. Y en ella se recogen las condiciones de accesibilidad, que no son un invento, sino que están basadas en las normativas autonómica y estatal, que no sólo se refieren a las condiciones arquitectónicas que deben cumplir los edificios públicos. De ahí partimos”.

Cádiz, sobre todo el casco histórico, es en algunas partes muy estrecho y las terrazas se estaban comiendo los itinerarios peatonales –recuerda la portavoz de Agadi– Candelaria era una más de todos esos espacios, que cada vez estaban más ocupados. En un plano se puede decir por dónde se podría circular, pero cuando se ve in situ el dinamismo del tráfico peatonal se observan muchas más variables y obstáculos para las personas con movilidad reducida”.

“Entonces llegamos a la conclusión de que la plaza necesita de una remodelación arquitectónica. Pero Candelaria tiene su solera y su valor histórico y no se puede tocar ni la parte central de la plaza ni los bancos. Por eso lo ideal sería la semipeatonalización, como se ha hecho en el Paseo Marítimo, donde el paso vehicular es únicamente residencial y a cuentagotas –defiende May García– Y que todo el perímetro fuera de plataforma única, como lo es la parte que va de Cardenal Zapata a Sacramento. Porque los otros tres tramos son inviables para una persona con movilidad reducida. Siempre vamos a defender la plataforma única, porque se convive mejor y hay cierto equilibrio... También es cierto que con el tema de la pandemia hemos sido más flexibles con la exigencia de cumplimiento de la ordenanza...”

Lo ideal habría sido una remodelación integral y que todo hubiese quedado como ese tramo de plataforma única que ya existe, todo diáfano y con mayor seguridad –insiste– Pero la solución que se ha dado, que no es la ideal, es la de despejar los itinerarios del entorno del centro de la plaza, de manera que se mejora algo, aunque sigan existiendo los obstáculos”.

Lo ideal sería que Candelaria quedase como la plaza de San Juan de Dios –pone también como ejemplo– No está en nuestro ánimo perjudicar a nadie, pero vamos a seguir defendiendo la accesibilidad universal... Ahora bien, si hay otras soluciones mejores que conlleven la armonía entre todas las partes, perfecto, no nos cerramos a nada, si se puede reencauzar en beneficio para todos, adelante”, concluye la portavoz de Agadi.

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