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Siza, natural como un gato tomando el sol

La Bienal reivindica la escala humana y se rinde en el arranque de sus conferencias y debates a la humildad de uno de los grandes arquitectos contemporáneos

Pedro Ingelmo / Cádiz

12 de septiembre 2012 - 06:37

Una caída tonta y un brazo roto. Álvaro Siza no pudo acudir ayer al teatro Falla para comprobar cómo una nueva generación de arquitectos iberoamericanos se rinde a su concepto de construcción humana, a su diálogo con el entorno, a su sigiloso modo de entender los espacios. La Bienal, como pudo verse más tarde con la presentación de algunas de las obras más celebradas de los últimos años, se declaró heredera de este compulsivo fumador, un portugués universal que cuando construye en Berlín "soy berlinés, cuando construyo en Brasil soy brasileiro". Un cerrado aplauso matinal jaleó sus palabras, grabadas hace unos días en su estudio de Lisboa por el equipo del programa de radio Planeta Beta, como si estuviera presente. Es decir, Siza estuvo sin estar porque su amable rostro apareció en la gran pantalla, porque reflexionó sobre el tiempo, sobre lo visible y lo invisible, sobre el "problema" de la arquitectura y porque toda la jornada sirvió para reflexionar sobre el trabajo de una 'antiestrella' que, pese a ello, ha crecido en este firmamento de egos que rodea a la idea de construir.

El más aplicado de sus alumnos, Eduardo Soto de Moura, premio Pritzker como Siza, definió su filosofía a la hora de hallar en los lugares propuestos las respuestas, las soluciones, a los retos de crear espacios y vacíos: "La naturalidad de un gato tomando el sol". Cuando eso se logra en una obra -como es en el caso de Soto y de Siza-, cuando la obra se funde con el espacio, cuando nada chirría, es cuando se han traducido bien las respuestas que ha ofrecido el lugar a las preguntas que ha hecho el proyectista. Por tanto, pocos arquitectos son tan gatos soleados como Siza, como demostró en su exposición Juan Miguel Hernández León, prevista como prólogo de la lección inaugural del maestro portugués: "Siza intenta captar lo que un lugar es o deja de ser".

De hecho, en sus Ocho Puntos, el ideario en el que Siza plasmó en 1983 todo su pensamiento sobre su oficio, afirmaba "un proyecto comienza cuando visito un lugar". No existe, como hemos visto tantas veces, una idea preconcebida, no existe lo que Hernández León llama "estilo" que se impone por encima de cualquier otra circunstancia y todo se tiene que someter al "estilo" de la 'estrella' contratada por algún político sediento de perpetuidad. Lo que existe para Siza, insiste Hernández León, es el lugar, "la atmósfera, el desorden germinal".

Lo que prpone Hernández León, que participó con Siza en la remodelación del eje Recoletos-Paseo del Prado de Madrid que dirigió Siza, no es tan abstracto como parece. Todo proyecto es, en inicio, un conflicto. Existe un lugar, un vacío, que pide que "se haga visible lo invisible". Trabajar sobre ello origina un desorden inicial y "el orden es la aproximación de los opuestos".

Dice Siza que le dicen que "no tengo método, que llevo un barco al capricho de las olas que no siempre naufraga, pero no es cierto que vaya al capricho de las olas. Busco las ensenadas y allí, a refugio, puedo arriscar", que es un juego de palabras portugués entre arriesgar y bosquejar". Concluye: "Puede vérseme solo paseando por la cubierta del barco. Pero toda la tripulación y todos los aparejos están allí, el capitán es un fantasma. No me atrevo a poner la mano en el timón, mirando la estrella polar. Y no indico un camino claro. Los caminos no son claros."

Muy cerca de Matosinhos, al lado de Oporto, el lugar en el que nació Álvaro Siza en 1932, se encuentran las piscinas marinas de Leça da Palmeira. Es el ejemplo para mostrar las ensenadas de Siza. Son piscinas en las que rompe, a veces furioso, el Atlántico. Basta fijarse un poco para descubrir la complejidad de la obra, pero a simple vista están allí instaladas con la naturalidad del gato tomando el sol, como si siempre hubieran estado allí. "Es un recinto de domesticidad donde la fuerza del mar se atempera. Siza ha abierto un espacio", resume su exégeta, resume Hernández León.

Frente a la grandilocuencia de numerosas propuestas cercanas sobre centros de arte, centros de interpretación y pabellones y velódromos y torres fuera de escala que han poblado nuestras ciudades y han vaciado las arcas públicas con excentricidades, el centro gallego de arte contemporáneo de Santiago de Compostela se acomoda a un terreno abrupto, como había hecho antes en el barranco de 27 hectáreas en el que en 1977, como arquitecto oficial de la revoluciónd e abril, construyó un nuevo barrio a las afueras de Lisboa. En ambos casos, Siza, previamente a la construcción, ha hablado con la gente, ha preguntado por sus problemas y por sus necesidades. En la posterior entrevista que siguió a la conferencia de Hernández León, Siza mostraba una lógica aplastante al reflexionar sobre algo tan sencillo y que parece tan difícil en la arquitectura de las estrellas: "Yo construyo para la gente, no construyo para mí. Mi tarea es interpretar las particularidades del espacio, confrontar entre naturaleza y construcción".

Siza enciende con su clipper rojo otro camel en su estudio de Lisboa, bebe un poco de agua. En 2008 celebró su 78 cumpleaños en una de sus primeras obras, un coqueto restaurante ante el mar, el Boa Nova, también cerca de Matosinhos. Sólo hubo unos pocos invitados que, como discípulos, le preguntaron por el balance de su obra. En la entrevista Siza parece ensimismarse ante el humo del cigarrillo y descubrir en él la fugacidad: "Cuando enmpecé era el más joven. Ahora descubro de pronto que soy el más viejo de todos".

Maqroll el Gaviero, el inmortal personaje de Álvaro Mutis, dejó escrito en un urinario lo que a Hernández León le inspira Siza: "Soy el desordenado hacedor de las más escondidas rutas".

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