San Bartolomé, la Iglesia del mañana
En el seminario gaditano se forman este curso 17 futuros sacerdotes, en su mayoría jóvenes que pasan el día entre clases, oraciones y estudio · Así es el seminario de Cádiz
En medio de una de las calles más transitadas diariamente en el casco histórico se localiza un enorme edificio con un alto valor histórico y arquitectónico donde se gesta la Iglesia del mañana. Es el seminario de San Bartolomé, entre cuyas paredes, pasillos y salones se forman los futuros sacerdotes. Jóvenes de toda la diócesis que dentro de unos años están llamados a servir a parroquias y comunidades de toda la Bahía. La Iglesia diocesana ha celebrado este fin de semana el Día del Seminario; y con este motivo, Diario de Cádiz analiza cómo funciona esta institución y cuál es su situación actual.
En este curso que ya superó el ecuador, son 17 los jóvenes que se preparan para dirigir comunidades cristianas en el futuro. En septiembre eran 18, pero uno ha abandonado los estudios desde entonces. La cifra, según el rector del seminario, José Manuel Daza, se mantiene con respecto a los número habituales en estos tiempos. "Para que te hagas una idea, en los últimos quince años ha oscilado entre los 15 y los 25 seminaristas cada curso, con algunos altibajos en años concretos", comenta Daza, que considera que si estas cifras se mantienen en los próximos años, "estaría bien para atender las necesidades de la Iglesia" en Cádiz y su diócesis.
Estos 17 seminaristas que ocupan actualmente San Bartolomé tienen una actividad diaria bastante marcada en cuanto a horarios. A las siete y media de la mañana comienza su jornada, que transcurre entre libros, oraciones y clases hasta las once de la noche. Y es que una de las particularidades del edificio de la calle Compañía, a diferencia de otras diócesis, es que en su interior se cubren todas las necesidades de los seminaristas (alojamiento, formación académica y formación espiritual). Así, a grandes rasgos, el seminario como tal se encuentra en la tercera planta del edificio; la capilla en la segunda; casi todas las clases en la planta baja (salvo algunas que también hay en la primera) y lo que son servicios comunes (cocina, comedor, sala audiovisual...) en la primera.
Estos hábitos horarios cambian notablemente el fin de semana, pues cada seminarista tiene encomendado, al margen de sus estudios, una actividad pastoral concreta que suele buscar la proximidad del futuro sacerdote con la realidad social. Algunos acuden al hospital a acompañar a los enfermos, otros al centro Luz y Sal, al margen de participar y colaborar con las parroquias. "Es más de contacto social, para conocer la realidad que nos vamos a encontrar el día de mañana", señala Juan José Galvín, alumno de quinto curso.
La estancia de los seminaristas en San Bartolomé es de siete años. 84 meses de formación y de preparación para ser sacerdote. El primer año se concibe como una especie de introducción, para que el seminarista se sitúe y se adapte a la que va a ser su nueva vida. Y a partir del segundo año es cuando empieza la preparación académica estricta. En los dos primeros cursos es Filosofía lo que estudian los seminaristas para "sustentar el pensamiento, ordenar la mente para después afrontar la Teología", explica Juan José. Y a partir de ahí, llegan las asignaturas esenciales para la formación de un futuro sacerdote: Cristología, Misterio de Dios, Eclesiología, Antropología Teológica o una asignatura dedicada a cada libro de la Biblia, además de Moral, Historia o Derecho, suponen la base formativa que se imparte a diario en San Bartolomé. Todo ello, complementado con seminarios que se dan cada cuatrimestre (los de este curso giran en torno al Vaticano II y a la Historia de la Liturgia).
Al margen de esta formación académica, o paralelamente a ella, hay también un proceso de formación espiritual, que dirige más directamente el director espiritual del seminario con cada uno de los jóvenes y que conlleva también a unas clases (los miércoles por la tarde) en la que se abordan todo tipo de temas. "Hablamos de todo, de la crisis, de la pederastia... Aquí no se evita ningún tipo y nos sirve para ver qué enfoque debemos dar, cómo tenemos que comportarnos ante estas situaciones", explican los propios seminaristas.
Para llevar todo este proceso formativo, el seminario como institución tiene un organigrama de trabajo que preside el rector del mismo. En este sentido, José Manuel Daza explica que hay que separa el seminario como tal (seminaristas y formadores) con el centro de estudios. Él se encarga de dirigir tanto lo uno como lo otro. "Por un lado, me toca organizar la casa: cocina, limpieza, vigilar que se cumplan los horarios establecidos... Esa es mi ocupación más administrativa. Pero la más importante es la de formador: dialogar con ellos, acompañarlos, estar con ellos... Todo lo que supone el aspecto formativo del seminarista. Aquí se procura la formación integral del futuro sacerdote: académica, humana, espiritual y pastoral".
Junto a Daza, se encargan también de organizar la actividad del seminario un jefe de estudios, una secretaria, los profesores de cada asignatura y el claustro, como en cualquier centro docente. Y al margen, hay también un director espiritual y un psicólogo, "que es también una figura muy importante de acompañamiento a los seminaristas, pero es una ayuda externa", señala el rector.
Así es como se funciona, como se vive y cómo se estudia San Bartolomé. Un edificio "precioso pero muy viejo" -comenta Daza- donde día a día se forma la Iglesia del mañana.
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